Somos seres de agua. Día mundial del agua

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Rolando Baca Martínez

DESDE EL 22 DE MARZO SE CELEBRA LA FECHA INSTITUIDA POR LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA RECORDAR A LOS HABITANTES DE LA TIERRA LA IMPORTANCIA DE SU EXISTENCIA Y CUIDADO.

Vivimos en un mundo de agua. Nuestro cuerpo está compuesto de ese líquido en la misma proporción que el planeta está cubierto en su superficie por ese elemento. Sin el agua, la vida jamás hubiera sido posible en la Tierra. Por tanto, somos seres de agua. Unos más que otros, porque hay animales cuyo cuerpo en 99 % de su cuerpo es agua.

Una gota de agua tiene el poder suficiente para hacer un hueco en una roca y miles de ellas corriendo al mismo tiempo pueden hacerse camino y cavar en la tierra esculpiendo formaciones geológicas tan impresionantes como el Gran Cañón. El agua es básica para la vida pero también puede traer la muerte. La falta de ella da lugar a la sequía pero su exceso provoca una inundación. Una gota de menos y el cuerpo sufre sed; una gota de más y se puede morir ahogado.

Su presencia es tan necesaria para el desarrollo humano que se sostiene la hipótesis de que todas las grandes civilizaciones han estado ligadas a algún gran cuerpo de agua dulce, sea río o lago. Como ejemplos tenemos a los egipcios y su relación con el Nilo, los aztecas con el lago de Texcoco o los parisinos con el Sena, los londinenses con el Támesis o los neoyorquinos con el Hudson.

Manantial“Quien controla el agua, controla la vida”, señala una vieja sentencia, aunque una variante dice: “Quien controla el agua, controla la guerra”, porque hay muchas voces que aseguran que los conflictos bélicos del futuro serán por la posesión de los recursos hidrológicos, y es que de los 1,360 millones de km3 que constituyen la totalidad del agua en nuestro planeta, 96.5 % se encuentra en los océanos (cubriendo 71 % de la superficie de la Tierra) y por tanto es salada, mientras que sólo el 3.5 % es potable, hallándose distribuida en ríos, lagos, lagunas, manantiales, pozos, nieve, glaciares, casquetes polares, icebergs e incluso nubes, granizo, niebla, brisa y rocío, sin contar la que contienen en su interior todos y cada uno de los seres vivos, ya sean animales (algunos de los cuales están constituidos casi en 100 % por agua, como las medusas que oscilan entre 94 y 98 %) o vegetales. Del poco más de 3 % del agua dulce del planeta, 2 % se encuentra en estado sólido (en polos y glaciares) y sólo un 1 % es líquida. De esa cifra, sólo un 0.7 % es accesible al consumo humano. Si seguimos con el reparto, notaremos que de esa ínfima cantidad, un 70 % se destina a la agricultura, hasta un 20 % lo consume la industria y el restante 10 % corresponde al consumo doméstico.

Las autoridades internacionales han advertido que para el año 2030 es posible que uno de cada cinco países enfrente problemas derivados de la escasez de agua, propiciados en mucho por la inercia de prácticas agrícolas del pasado, por lo que urgen a las naciones del tercer mundo a modernizar sus sistemas de riego y adoptar técnicas de cultivo pensadas en el aprovechamiento racional de los recursos.

 

¿Y qué es el agua?

Su fórmula química es H2O, que nos dice que se trata de un compuesto formado por dos partículas de hidrógeno por una de oxígeno, enlazadas entre sí de forma covalente. Es una mezcla tan versátil, que se nos presenta en tres estados físicos: como líquido (el más conocido), gas (vapor, siendo el más abundante en el universo) y sólido (cuando le llamamos hielo). Con base en estos tres estados, se han determinado varias escalas de temperatura; por ejemplo, en la de Celsius, los cien grados en los que se desenvueve la vida terrestre y humana están definidos por el rango en que el agua permanece en estado líquido, ya que los cero grados —punto de partida de la escala— marcan el momento en que el agua se congela y, en el otro extremo, los 100 grados refieren el instante de ebullición del agua, que es cuando se vaporiza, es decir, pasa al estado gaseoso.

Y quién no recuerda las tres propiedades del agua pura, por lo menos en la forma en que se enseñaba en las escuelas: incolora, inolora e insípida, claro que la vida nos ha demostrado que tales características teóricas en los hechos quedaban casi siempre canceladas y el agua podía presentar, dependiendo de su origen, algún grado de sabor u olor, y no siempre ser tan transparente como se quisiera, pues ello depende de las sustancias y minerales que tenga en suspensión.

 

El agua no es exclusiva de la Tierra pues también existe fuera de nuestro planeta, aunque ciertamente su forma líquida es una rareza en el universo

 

Hasta el año de 1781 se pensó que se trataba de un elemento y no de un compuesto como hoy sabemos, ya que en ese año el químico inglés Henry Cavendish, al descubrir el hidrógeno (que él identificó con el flogisto propuesto un siglo atrás por el alquimista Johann Becher), pudo discernir la composición química del agua, haciendo caer con ello siglos de creencias al respecto, una vez que Gay-Lussac y Humboldt pudieron comprobar sus hipótesis a principios del siglo XIX.

Se cree que el agua es exclusiva de la Tierra pero lo cierto es que los componentes de su fórmula son tan abundantes en el universo, que el agua también existe fuera de nuestro planeta, aunque ciertamente su forma líquida es una rareza en los mundos hasta ahora estudiados, pues depende de un rango de temperatura y fuerza gravitacional similares a los terrestres. Todo lo contrario sucede con sus estados gaseoso y sólido, que han sido detectados en varios cuerpos celestes, comenzando con la Luna, en la que se cree hay yacimientos de hielo, o en Europa, uno de los satélites de Júpiter, que muestra casquetes de hielo cubriendo su superficie y bajo la cual los científicos creen que pudiera haber agua en estado líquido, por el tamaño similar de esa luna con nuestro planeta. Otro tanto sucede con Plutón, que también se halla cubierto por una capa de hielo. En cambio en Encélado, una de las lunas de Saturno, se encontró que está envuelta en una atmósfera compuesta de hasta 91 % de vapor de agua. También en Marte se han percibido lo que podrían ser depósitos de hielo y el año pasado causó gran revuelo el hallazgo de indicios que fueron relacionados con la presencia de lo que parecen ser escurrimientos de agua líquida sobre su superficie, la que parece evaporarse durante algún momento del día y volverse a condensar durante la noche. Ello lleva a replantearse el funcionamiento del ciclo del agua en condiciones distintas a las terrestres.

HieloAsimismo, el hielo es componente de muchos cometas que forman su cauda por la evaporación de su agua al acercarse a estrellas como el Sol. El vapor de agua es otra de las formas en que ese elemento ha sido encontrado fuera de nuestro planeta.

Contrario a lo que se cree, la mayor reserva de agua en el universo no la constituye la de los océanos terrestres, sino la que se encuentra en forma de vapor flotando alrededor del quasar APM 08279+5255. Descubierta en 2011, los astrónomos calculan que esa nube estelar contiene unas 140 billones de veces la cantidad de agua que hay en la tierra.

 

El ciclo del agua

“La gota de agua que da la nube / como regalo para la flor / en vapor se desvanece / hasta que levanta el sol; / y nuevamente al cielo sube / hasta la nube que la soltó. / La gotita sube y baja / baja y sube / al compás de esta canción”.

Con esta genialidad, el entrañable compositor veracruzano Francisco Gabilondo Soler, mejor conocido por su seudónimo de Cri-Crí, notable músico y fabulista que dedicó la mayor parte de sus creaciones a los niños, describió en una de sus piezas y con toda exactitud, el ciclo hidrológico, que es continuo y eterno: el agua que ahora pasa o tenemos en nuestros cuerpos, ha estado circulando por todo el planeta desde el inicio de los tiempos.

Este ciclo, definido en tres etapas y partiendo de tener el agua en estado líquido, comienza cuando se registra un fenómeno de evapotranspiración, mediante el cual la acción del sol calienta el agua hasta evaporarla y convertirla en humedad que asciende a niveles superiores de la atmósfera en los que se encuentra con capas de temperatura fría que la hacen condensarse, primero, en forma de vapor, formando nubes que, al descender más la temperatura, llevan a su precipitación al retornar a su estado líquido, fenómeno que conocemos como lluvia y mediante el cual el agua de los océanos puede circular hacia el interior de las tierras emergidas, ya desprovista de su sal característica. Esta agua, ahora dulce, corre por los continentes y regresa siempre al mar, en un movimiento que se denomina escorrentía.

Se calcula que los vientos del planeta mueven hasta 45 mil km3 de vapor de agua proveniente de los océanos en forma de nubes cada año, que sumados a otros 74 mil km3 aportados por la evaporación de cuerpos de agua e incluso de la transpiración de los seres vivos, dan por resultado que todo esa agua en forma gaseosa, al llegar a condensarse como lluvia, resulte en hasta 119 mil km3 anuales de agua que caen del cielo a la Tierra, especialmente en años de fuertes huracanes y precipitaciones intensas, auque también incluye la que desciende en forma de granizo, nieve, niebla o rocío.

 

Un día para celebrar el agua

En su sesión del día 22 de diciembre de 1993, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas acordó destinar un día para recordarle al mundo la importancia del vital líquido para su sostenimiento y continuidad. Ese día, el organismo internacional adoptó la resolución A/RES/47/193, en conformidad con las recomendaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo contenidas en el Capítulo 18 (sobre los recursos de agua dulce) de la Agenda 21 de Desarrollo Sustentable. Una vez suscrito el documento, se invitó a los países miembros a consagrar este día en sus territorios, ajustarlo a cada contexto regional y fomentar entre sus ciudadanos la conciencia pública sobre este recurso natural imprescindible para la vida. Para este objetivo, cada estado puede echar mano de cuanto medio tenga a su alcance, ya sea organizando conferencias, mesas redondas, seminarios o exposiciones. La iniciativa había sido propuesta un año antes en Río de Janeiro, Brasil, durante la citada conferencia celebrada del 3 al 14 de junio de 1992.

Desde entonces, el acto principal de la conmemoración y recordatorio de la importancia del agua es la realización de un simposio en el que cada año se aborda un enfoque distinto pero siempre relacionado con el asunto central.

agua1En 2015, el tema a tratar en torno al medio hidrológico fue “Agua y desarrollo sostenible”, y el exhorto hecho por la ONU en un comunicado fue el siguiente: “La humanidad necesita agua. Una gota de agua es flexible. Una gota de agua es poderosa. Una gota de agua es más necesaria que nunca. El agua es un elemento esencial del desarrollo sostenible. Los recursos hídricos, y la gama de servicios que prestan, juegan un papel clave en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental. El agua propicia el bienestar de la población y el crecimiento inclusivo, y tiene un impacto positivo en la vida de miles de millones de personas, al incidir en cuestiones que afectan a la seguridad alimentaria y energética, la salud humana y al medio ambiente”.

Ban Ki Moon, secretario general de la ONU, en su mensaje dirigido el año pasado al celebrar este importante día, dijo: “Para eliminar los múltiples problemas relacionados con el agua, debemos trabajar con un espíritu de cooperación urgente, con mente abierta a las nuevas ideas y la innovación, y dispuestos a compartir las soluciones que todos necesitamos para un futuro sostenible”.

Para este 2016, el tema a tratar relacionado con el vital líquido será “Agua y trabajos”, es decir, la forma en que se relaciona ésta con las actividades laborales humanas (especialmente con aquellas que tienen relación directa con su manejo) y, por ende, la forma en que ésta incide en la economía.

Para 2017 se planea que las mesas redondas aborden el tema del derrochamiento hidrológico y para el año siguiente, soluciones naturales para el manejo y consumo del agua.

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