Smog: la niebla mortal

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Los delirantes niveles de contaminación que se vivieron a fines de 2015 en China, principalmente en la ciudad de Beijing, llevaron a que las autoridades de ese país emitieran una alerta roja que, en términos del Índice de Calidad del Aire, significa que respirar ese esmog era por completo insalubre: la exposición constante en ese ambiente puede agravar males cardiacos o pulmonares y afecta las funciones respiratorias de la población. Es, en consecuencia, letal.

Esto que fue una señal de alerta mundial, provocó diversas reacciones como que un restaurante de la ciudad de Zhangjiagang cobrara 15 centavos de dólar como “tarifa de aire limpio” y que una empresa canadiense vendiera aire embotellado a 24 y 28 dólares el envase. Esto que parece chiste, se está convirtiendo en realidad ya que los servicios meteorológicos chinos, ante la escasa visibilidad inferior a un kilómetro, detectaron más de 500 microgramos de partículas PM 2.5 por metro cúbico, que son las más nocivas para la salud, al decir de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que establece que la máxima recomendada es ¡de 25 microgramos!

Entre las medidas que tomó el gobierno chino estuvo poner en funcionamiento unos camiones que cargaban unos tanques que producen niebla e instalar esos tanques, que poseen un cañón, en diversas partes de Beijing para combatir la contaminación.

El principio de estos cañones de niebla es bastante sencillo y ya se usa en diversas industrias chinas. Consiste en nebulizar agua y arrojarla a la atmósfera. Las gotas de agua generadas, que son diminutas, se adhieren a las partículas contaminantes y las hacen lo suficientemente grandes como para evitar que una persona las respire y le produzcan algún daño en los pulmones.

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El asunto fundamental de estos cañones, ya portátiles o fijos, es que se pensaron para nubes densas y pueden atrapar partículas de 10 micrones (PM10). Resultan, sin embargo, ineficaces ante las PM 2.5, que son las que atacan los pulmones. Otro problema es que usar cada unidad cuesta unos 93 mil dólares, costo que hace prohibitivo su uso generalizado y constante. Sus virtudes paliativas pues, son muy limitadas.

Las dificultades en torno al combate contra la contaminación, en China al menos, ha provocado la búsqueda de nuevas tecnologías que permitan preverla y disminuirla. Las acciones en torno a la alerta roja consistieron principalmente en suspender muchas actividades, desde las escolares hasta industriales y laborales, lo que genera una afectación a la economía y a la sociedad en su conjunto. Además, en el año 2022 China hará los Juegos Olímpicos de Invierno y se están considerando las diversas dificultades que enfrentarían los atletas, desde la ausencia de nieve (puesto que se realizarán cerca del desierto del Gobi en Zhangjiakou) hasta cómo enfrentar niveles de contaminación tan nocivos.

De principio, en la Oficina del Medioambiente de Pekín, se está pensando en hacer más potente un supercomputador que prevé los niveles de contaminación y así tomar medidas preventivas. Este supercomputador se desarrolla con un programa hecho por IBM y en la actualidad tiene una eficacia de 75 por ciento para previsiones que abarcan diez días. Para 2022 se espera que la información que arroje este supercomputador pueda focalizarse en actividades concretas para momentos específicos y evitar un daño a la economía (suspendiendo actividades, cerrando fábricas y retirando de circulación la mitad del parque vehicular por días), lo que impacta en las finanzas de un país que empieza a dar muestras de fragilidad ante los daños colaterales que produce la contaminación.

El Protocolo de Kioto, adoptado en 1997 y que entró en vigor en 2005, establecía reducir los gases que producen un efecto invernadero: dióxido de carbono, gas metano, óxido nitroso, hexafluoruro de azufre, además de hidrofluorocarbonos y perfluorocarbonos, que son de uso industrial. El primero, que se encuentra en la naturaleza y es vital para la vida humana, aumentó considerablemente su concentración en la atmósfera desde que se convirtió en combustible a mediados del siglo XIX, causando la acidificación de los mares donde se transforma en ácido carbónico. El segundo, con el que se produce biogás y que constituye hasta 97 por ciento del gas natural, tiene la desventaja de ser un potencial promotor del calentamiento global al calentar la Tierra 23 veces más que el dióxido de carbono en tan sólo un siglo, aunque comparado con los niveles de éste en la atmósfera, contribuye en menor medida al efecto invernadero. El tercero, que estuvo durante años en las fórmulas de los aerosoles, provoca también calentamiento. El cuarto, cinco veces más pesado que el aire, posee un efecto invernadero enorme al no ascender a las capas altas de la atmósfera; también al hecho de que tiene alta vida útil, de más de tres mil años, por lo que su contribución al calentamiento global es alta. Los dos últimos, que pueden estar activos hasta 50 mil años, son asimismo un problema dado su uso industrial, que el Protocolo de Kioto abordó para regularlos.

Aunque la contaminación ha estado presente desde tiempos que parecerían increíbles y no exclusivos de la Revolución Industrial. Por ejemplo, existen registros de que Eduardo I de Inglaterra, ya en el año de 1272, emitió una proclama para impedir la quema de carbón en Londres pues la contaminación era en esos tiempos un problema. Precisamente fue Londres la ciudad donde muchos años después se acuñó el término smog, combinación de smoke, humo, y de fog, niebla.

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Ese esmog provocó una catástrofe en el Londres de 1952, cuando una baja de temperatura, superior a las sucedidas en años previos, llevó a la quema de carbón, utilizado como calefacción, generando enorme contaminación, la que nunca pudo dispersarse hacia la atmósfera: una densa capa de aire frío la atrapó en la ciudad.

El episodio también conocido como la Gran Niebla o Niebla Asesina, no sólo dejó la imagen de un Londres sobresaturado de esmog. Se cobró bastantes vidas. En los primeros días de diciembre murieron cerca de cuatro mil personas, entre ancianos, bebés, niños y gente con problemas respiratorios. Esta cifra se incrementó con el paso de los días. Alcanzó los doce mil decesos.

El carbono entonces utilizado, debido a su baja calidad y su alto contenido de azufre, provocó una inversión térmica porque una masa de aire caliente se posó sobre otra de aire frío evitando la dispersión de los elementos en la atmósfera y provocando que se diseminaran por la ciudad, creando esas imágenes características de Londres, enormemente popularizadas por las novelas, la pintura y el cine, donde la niebla en realidad ha sido siempre perjudicial esmog.

La consecuencia fue que cuatro años después de esta niebla, las autoridades británicas prohibieron el uso de carbón como calefacción al firmar la ahora conocida, y pionera, Ley de aire limpio.

Esta Ley de aire limpio (o Clean Air Act) pasó a ser una necesidad para muchos gobiernos a partir de 1970, cuando episodios similares comenzaron a proliferar en diversos países, como Canadá y Nueva Zelanda. Estas leyes fueron también pioneras en lograr una conciencia global en torno a la contaminación y abrieron la puerta a iniciativas como el mencionado Protocolo de Kioto. A su vez, éste dio cabida a, por ejemplo, el Protocolo de Montreal, donde se estableció un tratado de cooperación internacional para suprimir gradualmente en el mundo el uso de sustancias tipo CFC, que atentan contra la capa de ozono; o la Convención de Estocolmo, que establece límites para la producción de contaminantes orgánicos persistentes, o sea, aquellos que se han creado químicamente como pesticidas y herbicidas, que no sufren degradación en el medio ambiente y que pueden acumularse en el mismo.

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También varios países han firmado los Convenios LRTAP y OSPAR. La suma de iniciativas dan fe sobre un mundo en alerta desde hace muchos años, que, al parecer, no ha seguido responsablemente los protocolos establecidos, pero que fomenta que situaciones como las de China sucedan. De seguir así, las normas ambientales asentadas en convenios y leyes ya no podrán mantenerse al entrar en abierta contradicción con lo que sucede cotidianamente. Será, en consecuencia, más común que se vean eventos ridículos, como comprar botellas de aire importado o pagar impuestos por aire en espacios cerrados, pero que al menos significan tener un breve respiro, literal, antes de continuar recorriendo calles donde la visibilidad será nula y la muerte cosa segura como consecuencia de tan sólo respirar.

 

 

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