Superheroínas

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José Felipe Coria

HACE UN AÑO, AL RECIBIR SU PREMIO DE LA ACADEMIA, LA ACTRIZ PATRICIA ARQUETTE PUSO EL DEDO EN LA LLAGA EN CUANTO COMENZÓ SU DISCURSO RECLAMANDO IGUALDAD SALARIAL PARA LAS MUJERES EN LA SUPUESTAMENTE LIBERAL INDUSTRIA DEL ESPECTÁCULO.

 

El tema no es menor considerando que Hollywood mantiene altos presupuestos para sus films y muy bien podría establecer tabuladores salariales más justos. Hasta la fecha, un actor de la lista A puede obtener cuando menos diez millones de dólares por film, en caso de ser protagonista del mismo, mientras que una actriz, dependiendo de su status en taquilla aunado a su juventud, puede lograr cinco millones de dólares. Una disminución del cincuenta por ciento y con condiciones que no se le exigen a sus contrapartes masculinos.

Patricia Arquette, que actualmente se desempeña como estelar en la serie televisiva CSI cyber, representa a un grueso de la población hollywoodense que a pesar de los buenos resultados de sus films en taquilla, distan mucho de recibir una remuneración mejor con condiciones idénticas de trabajo.

El tema da para mucho porque existe una ambigüedad en el estado de las cosas, puesto que en un nivel no ha cambiado una situación históricamente insostenible y en otro sí, aún sin resultados muy tangibles, pero al menos simbólicamente por demás significativos.

Todavía hace algunos años, entrado el siglo XXI, se pensaba que las películas protagonizadas por mujeres carecían de impacto en taquilla. Algo no del todo cierto pero sí con algunos elementos llamativos, sobre todo cuando se trató de historias pensadas para superheroínas. Fue el caso de Elektra, protagonizada por Jennifer Garner y de Catwoman, protagonizada por Halle Berry. El deplorable resultado en pantalla de ambas le fue achacado a sus actrices estelares, cometiéndose una gran injusticia en esta evaluación. Ya antes, personajes femeninos similares habían obtenido enorme éxito, como en la saga Alien donde ha sido constante la presencia de Sigourney Weaver, actriz emblemática que ha encarnado con enorme solvencia actoral a un personaje duro y difícil.

Pero, de un tiempo a la fecha, es la televisión la que ha abierto un poco más los parámetros hacia personajes femeninos. Ahora son más complejos y, como siempre, la mejor puerta de entrada han sido las superheroínas.

El conocido universo Marvel presentó recientemente dos series de televisión basadas en sendos personajes femeninos, Agente Carter y Jessica Jones, protagonizadas por Hayley Atwell y Krysten Ritter, respectivamente, donde hay curiosos apuntes sobre la condición femenina en los tiempos actuales. Aunque la primera de estas series se ambienta en los años 1940-1950, algunos comentarios ácidos diseminados en cada episodio, dan cuenta de una situación un tanto significativa poniendo el dedo en la llaga sobre cómo ha sido de lenta la evolución de las mujeres en ámbitos laborales donde antes ni siquiera se les consideraba, como el trabajo de campo en una agencia de inteligencia militar, por ejemplo.

Estos pequeños apuntes rememoran cómo las mujeres desde inicios de la sociedad industrial fueron en su mayoría menospreciadas para ciertos tipos de trabajo aunque, para otros, no. En especial los más riesgosos. Los riesgos a inicios de la era industrial apenas fueron en su momento considerados, porque existía un menosprecio por la situación laboral de las mujeres. Se asumía la necesidad de contar con su mano de obra en forma tal que no puede verse más que como simple esclavitud. De ahí que se les considerara un peligro porque al tener un salario podrían obtener una independencia similar a las de los hombres. Lo que parecía un reto impensable y esta circunstancia llevó a que se les castigara con bajos emolumentos y condiciones casi infrahumanas al soportar, en ocasiones, jornadas laborales de hasta doce o dieciséis horas al día.

El lento devenir de las mujeres en el ámbito laboral, muchas veces motivado por ciertas necesidades sociales, tuvo en el cine un espacio de cierta libertad desde sus orígenes, demostrando que las mujeres podían encabezar los repartos y, de hecho, ser las principales protagonistas al sin duda haber fundado el star system.

 

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Pero esto se fue olvidando hasta tiempos recientes donde el auge de los superhéroes ha motivado que existan sus contrapartes, tanto en ese nivel como en otros donde la televisión ha dado visos de una mayor apertura, tal es el caso de series exitosas como Blindspot y Quantico, la segunda protagonizada por una actriz de origen indio, Priyanka Chopra, que obtuvo sus tablas actorales en Bollywood. Aunque, en estos dos programas, la trama nada tiene que ver con estereotipos sobre las superheroínas, sino con trabajos de riesgo.

Así que al menos a nivel de imagen, el tema de las mujeres ha sufrido un cambio sustancial. Por supuesto que puede verse esto como algo meramente cosmético ya que muy bien los salarios de las protagonistas de estas historias pueden estar completamente castigados y ser inferiores a los de sus compañeros de trabajo. En consecuencia, sólo serían pura imagen y cero sustancia.

El asunto por supuesto que posee dos vertientes: la imagen que los programas están dando sobre las mujeres, y la realidad de si están siendo recompensadas o no por su desempeño laboral. La igualdad de circunstancias parece un tanto ajena a lo que sucede en la realidad. Así, si una actriz, que obtuvo un Óscar por su destacada labor encabezando un reparto y ayudando a la consolidación de una cinta, es lógico que si su salario estuvo por debajo de las expectativas, obtenga un bono extra al triunfo de la obra. Circunstancia que parece anclada en buenos deseos que nunca se cumplen.

A nivel de imagen, tal parece que la situación puede considerarse como de vanguardia, con cada vez más cintas o series de televisión protagonizadas por mujeres haciendo papeles llamativos; personajes que en más de un sentido replantean la necesidad de poner al día condiciones laborales que ahora afectan no sólo a las celebridades y a las personalidades que crean imágenes icónicas. No, no sólo a ellas. También en otros ámbitos sucede lo mismo y como que va siendo hora de que la justicia deje de ser sólo una motivación dramática. Las mujeres deberían obtener la igualdad salarial, pues, sin necesidad de ser superheroínas.

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