Nanomedicina, ¿todos listos?

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Por Juan José Domenech

Quienes hayamos nacido a mediados del siglo pasado, estamos siendo testigos de tremendos avances de los que a veces ni siquiera alcanzamos a comprender su dimensión. Simplemente nos beneficiamos de ellos. Uno de estos avances es la nanotecnología que hoy ya se aplica en muchísimos campos, entre ellos, la medicina.

Ésta ha resultado ser eficiente en la detección de cáncer o en el tratamiento específico de ciertos padecimientos al permitir la transportación de fármacos a órganos blanco y la liberación prolongada de los mismos. Pero pensemos un momento: un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro. Concepto difícil de imaginar. Sin embargo, es una realidad.

La idea de esta nota no es profundizar en los horizontes que se abren a partir del veloz desarrollo de la nanotecnología aplicada a la salud, suficiente será con decir que desde los liposomas, micelas, nanotubos, puntos cuánticos hasta la futura nanotecnología molecular y los nanobots, las aplicaciones en medicina son infinitas; por el momento se vislumbran el diagnóstico, el tratatamiento del cáncer, de enfermedades neurodegenerativas, la trasportación de fármacos, la regeneración nerviosa y la cerebral, entre otras.

La idea, nada más, es que visualicemos cómo será el futuro. Probablemente los estudiantes de área de hoy –que ya están empezando estudiar nanomedicina–, en su edad madura receten tratamientos basados en esta especialidad. ¿Se imaginan una receta de ese futuro? “Le voy a pedir que tome Nanofilex cada 72 horas por dos semanas y Nantobotcilina una vez al mes por tres meses. Y no se preocupe, los nanobots vienen en cápsulas”. De ahí, el paciente iría a una farmacia y en la sección de nanomedicamentos encontrará lo recetado o, tal vez, para ese entonces haya nanofarmacias especializadas, o todavía más probable, le llegará un dron de entrega a domicilio sin siquiera haber tenido que llamar para solicitarlo. Con el simple hecho de que el doctor haya escrito la receta en su dispositivo móvil será suficiente.

Lo más interesante de todo este tema es que hemos aprendido que para combatir ciertos males provocados por seres microscópicos una posible solución sea enfrentarlos no con enormes aparatos de tecnología avanzada, largos y doloros tratamientos o grandes dosis de fármacos, sino “simplemente” con recursos de su mismo tamaño.

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