Sigmund Freud (1856-2016), la polémica continua

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Este mes se cumplen 160 años del nacimiento de Sigmund Freud, y las nuevas biografías y debates alrededor del padre del psicoanálisis habrán cumplido una vez más con la misión de provocar un cúmulo de opiniones e ideas que, desde hace al menos 20 años, fueron intensificándose por diferentes factores. Por un lado, podría mencionarse la aparición de terapias hechas a la medida de una nueva demanda social, con un poco de conductismo y otro de pragmatismo, y que sugieren que el clásico tratamiento analítico de la escuela freudiana consume más tiempo y esfuerzo del que las personas estaban dispuestas a dar. Por otro lado, también se hacen presentes las “terapias alternativas”, que desde los años sesenta pretendieron estudiar el origen de los conflictos personales a través de métodos en los que lo arcaico, lo folclórico y lo pseudocientífico se combinaban en lo que se dio a conocer por entonces como new age.

Pero más allá de las circunstancias externas, cualquiera que haya tenido una breve experiencia en el diván está al tanto del “cisma” aún patente entre analistas freudianos y lacanianos, una de las divisiones más importantes alrededor del método y la teoría psicoanalítica tal como se concibió durante el siglo pasado. En tal caso, ¿cómo considerar hoy el conocimiento y la práctica fundada en 1900 por Sigmund Freud? Según una de sus más escrupulosas partidarias, la historiadora francesa Élisabeth Roudinesco, lo positivo aún prevalece sobre lo negativo, o al menos ésa es la conclusión general de su Freud en su tiempo y en el nuestro, la más reciente biografía sobre Herr Professor.

 

Las fuerzas impulsoras del arte son aquellos mismos conflictos que conducen a otros individuos a la neurosis

 

Por otra parte, entre quienes lo cuestionan de manera más reciente –animándose incluso a un par de auténticos golpes bajos–, el más audaz es el francés Michel Onfray en El crepúsculo de un ídolo. La fabulación freudiana. Para este filósofo, no sólo todas las afirmaciones y los descubrimientos psicoanalíticos elaborados y escritos por Freud son falsos e indemostrables, sino que “toda represión del análisis señala sin lugar a dudas a un neurótico cuyas palabras, debido a ello, son inválidas”. A partir de ahí, para Onfray, el psicoanálisis ni siquiera es una invención genuina, sino algo existente en la Grecia clásica, aunque “la historiografía dominante, y Freud el primero, silencian el caso de Antifonte de Atenas, que da la impresión de haber sido el inventor del psicoanálisis en el sentido contemporáneo del término”.

Freud1Sin embargo, el tiempo transcurre y el psicoanálisis sigue vigente, con pruebas a la vista. Nadie cuestiona la importancia de hablar abiertamente de los problemas, de “dialogar y escuchar como pilar para la convivencia” humana, que sigue teniendo una relevancia fundamental. El propio Freud lo explicaba tomando como ejemplo las inquietudes de quienes, a pesar de las dudas, se prestaban a su tratamiento revolucionario. “Repetidas veces he tenido que escuchar de mis enfermos, tras prometerles yo curación o alivio mediante una cura catártica, esta objeción: ‘Usted mismo lo dice; es probable que mi sufrimiento se entrame con las condiciones y peripecias de mi vida; usted nada puede cambiar en ellas, y entonces, ¿de qué modo pretende socorrerme?’ A ello he podido responder: ‘No dudo de que al destino le resultaría por fuerza más fácil que a mí librarlo de su padecer. Pero usted se convencerá de que es grande la ganancia si conseguimos mudar su miseria histérica en infortunio ordinario. Con una vida anímica restablecida usted podrá defenderse mejor de este último’”.

 

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