La arrobadora historia de la @

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Por Rolando Baca Martínez

EL PASADO 5 DE MARZO SE REGISTRÓ EL DECESO DE RAYMOND TOMLINSON (1941-2016), EL ESTADOUNIDENSE AL QUE SE LE ATRIBUYE HABER HECHO DEL SÍMBOLO DE LA ARROBA, EL EMBLEMA DE LA ERA CIBERNÉTICA.

Hasta la segunda mitad del siglo XX, la arroba (@) era un signo prácticamente sin ninguna utilidad en los teclados de máquinas de escribir y computadoras. En desuso desde tiempos medievales, conservaba su presencia por razones mercantiles. Hoy, sin embargo, gracias a Ray Tomlinson, ingeniero considerado el padre del correo electrónico, el signo goza de una presencia casi omnipresente en cualquier rincón del planeta. Pese a ello, hasta hace pocos años, las enciclopedias carecían de una entrada que relacionara a la @ con el uso que se le daba en la informática.

Antes de la era cibernética, se utilizaba informalmente en el idioma inglés como referente de valor de cambio en expresiones mercantiles del tipo: 7 @ 25, equivalente a nuestro signo X (“por”) o en ocasiones al de C/U (“cada uno”), dependiendo del contexto. De ahí que uno de sus nombres sea el de “a comercial”.

2 TomlinsonFue a Ray Tomlinson a quien se le ocurrió hacer uso de ese signo hasta entonces sin mucho sentido en el catálogo de posibilidades semánticas del teclado. Mientras se encontraba trabajando junto a Vinton Cerf en una forma de crear comunicación entre computadoras, en 1972 recibió el encargo de crear un sistema de correo electrónico y buscó un signo para separar, en el comando del programa de computadora, el nombre del usuario respecto del servidor en el cual se entregaría su mensaje, quedando conforme el siguiente ejemplo: usuario@servidor.

 

Para dar con el símbolo que necesitaba, buscó entre la paleta de signos disponibles en su Teletipo Modelo 33 uno que no se prestara para generar algún tipo de confusión, eligiendo el de la arroba que para entonces en inglés se utilizaba tanto como abreviatura de at como en simbología matemática con el significado de therefore (“así” o “por lo tanto”). Pese a que parecía un símbolo que por su aparente desuso no habría de producir complicaciones ni técnicas o semánticas, lo cierto es que generó la protesta de algunos de sus contemporáneos primeros programadores, ya que en ciertos ámbitos se le había ligado con la orden o comando para eliminar líneas completas de texto (convirtiéndose para ellos en la “a” de “asesinatextos”). No obstante, el uso elegido por Tomlinson sería el que terminó por imponerse, dadas sus virtudes evidentes.

Para este ingeniero, pionero de la programación informática, el símbolo, al contener lo que parece una letra “a” resultó útil como abreviatura de la expresión “at” (en), por lo que la dirección de correo electrónico o e-mail “username@server” debía leerse “fulano en el servidor tal”. Si bien hasta el día de hoy y pese a su omnipresencia y ubicuidad, la @ carece de un nombre en la lengua inglesa, popularmente se le conoce como “at sign”, a raíz de su uso en las comunicaciones cibernéticas, aunque algunos afirman que ya tenía esa equivalencia semántica en el mundo anglosajón desde la era medieval, pues se asegura que en textos antiguos ya se pueden encontrar arrobas como abreviaturas de la indicación “at”, que a su vez era transcripción directa de su empleo en el latín culto o escrito como abreviatura de la expresión “ad” y con significado, según el contexto, de “a, hacia, junto a, en casa de, para, ante, en vista de, según”.

Su ya citado uso comercial haría que se incluyera la arroba en los teclados de las primeras máquinas de escribir, especialmente en las destinadas para el norte de Europa, donde era de uso práctico en operaciones mercantiles de la región escandinava, de ahí que el signo siguiera presente en los teclados de las primeras computadoras en el momento en que Tomlinson lo necesitó.

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Etimología

Si bien se desconoce el origen exacto del signo de la arroba, existe el consenso de que podría provenir del griego al ser una abreviatura de la palabra ánfora que, como sabemos, es una forma especial de vasija, jarra o contenedor de cerámica muy utilizado en la Grecia clásica. Las ánforas, que se producían en un tamaño similar, se convirtieron por sus características intrínsecas en una medida constante de peso o volumen, según se requiriera. Así, en el mundo grecolatino, los comerciantes al tasar su mercancía hablaban de “un ánfora de trigo” o “un ánfora de vino”, y al hacer la transcripción en sus registros contables, simplemente las identificaban con la abreviatura @, tomada a partir de la letra alfa inicial. Cabe señalar que como palabra, ánfora designaba la característica más reconocible de estas jarras: su doble asa u “oreja” puesta a ambos extremos del recipiente, pues en griego la palabra viene de amphos (significa “dos” o “ambos”, como en los términos “anfibio” y “anfiteatro”) y phoreus (portador o acarreador). Incluso se indica que la extensión o “cola” de la “A” podría ser una representación o alusión gráfica de las distintivas asideras del utensilio.

Al parecer, el símbolo de la @ se empleó a lo largo de la Edad Media y el Renacimiento indistintamente como abreviatura de cualquier palabra o expresión que comenzara con “A” y que fuera lo bastante conocida como para ser obviada. Según el investigador Berthold Louis Ullman, el símbolo que hoy conocemos podría haberse originado en realidad hacia el siglo VI o VII de nuestra era, como una forma de contraer las letras “a” y “d” en una sola, aunque se cree que sólo como anotación informal o abreviatura de trabajo de los amanuenses del medievo.

 

Uso cambiante

En el mundo hispano se sabe de su existencia, pues por lo menos desde el Renacimiento se le empleaba como sinónimo de medida para el vino pero acá con el nombre de arroba, palabra que llegaba a la región del Mediterráneo a través de los árabes, en cuya lengua el término arrub significaba “cuarta parte” o “mitad de mitad”, y que equivalía a 11.5 kilogramos en peso de sólidos o a 15 litros cuando se trataba de líquidos. No se sabe si conservaba alguna relación con la medida del ánfora grecolatina, pero la medida árabe hacía referencia al quintal, equivalente a su vez a unos 46 kg actuales. Cabe señalar que, como palabra, “arrobo” se conoce desde el año 1088, mientras que de su forma femenina, “arroba”, hay referencias escritas desde el año 1219. No así el caso del signo @ asociado con la unidad de medida —que también se utiliza en el francés—, ya que de éste se encontró sólo hasta una carta de Francesco Lapi Toscana, comerciante de Sevilla, en el que se relaciona el contenido de un cargamento enviado desde Perú por el conquistador Francisco Pizarro, para ser entregado en Roma a un tal Filipo Strozzi. En específico, en una de sus líneas, el documento fechado en 1536, establece el precio de una arroba de vino, utilizando el signo mencionado.

En tanto, en textos jurídicos alemanes del siglo XVIII, una forma de arroba invertida (a fin de dar la apariencia de una C) se utilizó como abreviatura de “contra” en los juicios y querellas entre particulares.

 

El primero mensaje de correo electrónico enviado entre dos computadoras consistió en las letras QWERTYUIOP, primera línea del teclado

 

De hecho, durante varios siglos y como ya se ha mencionado, en toda Europa se utilizó como abreviatura de cualquier palabra que en latín comenzara con “A”. Simultáneamente, en libros antiguos de alquimia y medicina, así como en recetarios de cocina, la @ se empleaba como símbolo de “ana”, es decir, la indicación para igualar cantidades de ingredientes en preparaciones, seguramente también salida del amphos griego.

Actualmente, en el código ASCII, a la arroba le corresponde ser el signo número 64 en el sistema estadounidense de 7 bits para el intercambio de datos, según lo acordado a final de la década de los sesenta en la convención del Instituto Americano de Estándares Nacionales. En la lista de códigos, aparecía inmediatamente antes de la letra A mayúscula, aunque no siempre fue así, ya que en normativas anteriores, como la del francés Emile Baudot, del siglo XIX, no estaba considerada. Sin embargo, se refiere que por esos días a la arroba se le intentó dar un uso lingüístico, al darle el valor fonético de la “a grave” o “à francesa”.

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Con el cambio de milenio y además del cibernético, en la lengua española un nuevo uso comenzó a darse a la ancestral arroba ya que, por su forma, parece incluir la “A” y la “O” en un mismo trazo, lo que la hizo propicia para representar tanto palabras femeninas, frecuentemente terminadas con “A”, como masculinas. Si bien este uso ha demostrado cierta practicidad, sigue siendo mal visto y desaconsejado por los académicos de la lengua, quienes deploran se haga hincapié en cualquier distinción de género.

Por otro lado, en nuestro país, informalmente ha comenzado a usarse el verbo “arrobar” no para referirse a la capacidad de embelesar, sino para un fin más profano: el hacer mención de una persona a través de una red social de internet —en este caso, Twitter— anteponiendo, el signo @ a su nombre para que se entere de lo que se dice de él. Es posible que, conforme pase el tiempo, nuevos e insospechados usos se encuentren para el simpático signo de la “A envolvente” o de la “A latigueante”.

 

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