El bikini cumple 70 años

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A medida que pasa el tiempo, se vuelve más sexy.

Chicas posando en California, 1956
Chicas posando en California, 1956

Ya pasaron setenta años entre aquellos diseños cerrados hasta el cuello y las pequeñas piezas confeccionadas con menos de un metro de tela que vemos en los escaparates de las tiendas. Sin embargo, el bikini sigue siendo el traje de baño preferido de una inmensa mayoría de mujeres y, superando prejuicios, supo imponerse en playas, balnearios y albercas de todo el mundo.

Elemento que nunca pasará de moda.
Elemento que nunca pasará de moda.

Hoy, en pleno siglo XXI, ocupa su reinado ignorando las reglas de la edad, estatus social y forma del cuerpo. En cualquiera de sus versiones (monokini, trikini, tanga, etcétera), flacas y rellenitas, adolescentes y abuelas, amas de casa, artistas y hasta las figuras políticas desafían el ideal curvilíneo de la época exhibiendo esta prenda, todo un símbolo de la emancipación femenina.

Así se veían las playas de California en 1954.
Así se veían las playas de California en 1954.

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Tal vez precisamente a ello se deba la vigencia del bikini en el mercado: a esa poderosa capacidad de convertir a cualquier mujer en objeto de deseo. Grandes divas dieron cuenta de ese fenómeno cuando se vieron sus figuras magnificadas en este traje de baño. Los archivos registran imágenes de antología, como la de una jovencísima Brigitte Bardot durante el Festival de Cannes de 1953, tendida en la arena con un modelito con flores, si bien no logró imponerlo sino tres años más tarde, al aparecer en bikini en la película Y Dios creó a la mujer. En 1962, Ursula Andress hizo su aporte saliendo del mar con un bañador blanco y un cuchillo colgado del cinturón, escena antológica del filme de James Bond El satánico Dr. No. Jayne Mansfield ayudó a popularizarlo en clave animal print, y el tiempo fue sumando inspiradoras. Hoy basta una buena selfie en dos piezas para que cualquier chica se vuelva un sex symbol en las redes sociales.

Es así que la aparición de esta prenda desafió las reglas de una sociedad marcada por el pecado, el tabú y la prohibición, que estigmatizaba la anatomía femenina y la catalogaba de indecente y provocadora. Esto generó un fuerte rechazo y resistencia, así como fuertes críticas hasta de las mismas publicaciones de moda de la época. Un ejemplo fue la revista Modern Girl, que publicó en una de sus ediciones de 1957: “Resulta difícil e innecesario malgastar palabras sobre un tal llamado bikini, ya que desde todas las perspectivas es inconcebible que una muchacha honrada y decente pueda ponerse una cosa así.”

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Todo empezó

El origen del concepto “dos piezas” se remonta a la Antigua Roma. Modelos de este tipo se usaban en los baños termales, y ya en los mosaicos hallados en la villa siciliana de Piazza Armerina hay imágenes de mujeres jugando a la pelota con un calzón drapeado y, arriba, una banda tipo sostén. Pero tal como lo conocemos sale a la luz el 5 de julio de 1946. En una piscina de París, el ingeniero francés Louis Réard, heredero de un emporio de lencería, presentó un diseño para el agua que consistía en dos triangulitos sobre el busto y otros dos invertidos debajo de la cintura. Se había inspirado mirando a las bañistas de SaintTropez, que enrollaban su ropa larga para conseguir un mejor bronceado en las piernas.

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Micheline Bernardini.

Acababa de terminar la Segunda Guerra Mundial, y Estados Unidos realizaba pruebas nucleares en las Islas Marshall, en pleno Pacífico. Es en ese contexto que aquel bañador se convertiría en “un bombazo, como el del atolón Bikini”, dijo la bailarina Micheline Bernardini, la única que aceptó ponérselo.

Brigitte Bardot.
Brigitte Bardot.

Efectivamente, su irrupción en el mundo de la moda fue un acontecimiento: por primera vez quedaba el ombligo a la vista. Sin embargo, el modelo no le sentaba bien a todas y hubo que esperar algunos años hasta verlo multiplicado.

Lo peculiar e interesante es que a través de un elemento tan pequeño se puedan leer los cambios en la construcción del cuerpo femenino a lo largo del siglo XX: a medida que las mujeres iban conquistando espacios, la prenda se iba achicando.

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En 1930, Coco Chanel lanza en su colección un pantalón con tirantes y abajo un corpiño con el torso al aire. En la década de los cuarenta y hasta mediados de los cincuenta, Hollywood alienta siluetas sinuosas con bragas ajustadas en la cintura, corpiños con plisados, y más tarde en punta y llenos de costuras circulares para moldear el busto.

 

Al inicio de los años sesenta surge un cuerpo más adolescente y despojado de curvas representado por la modelo inglesa Twiggy. La prenda se vuelve más audaz y pequeña. Los setenta traen un bikini de tiro bajo que alarga el torso, pero el gran punto de inflexión llega en 1974 con la aparición de la tanga en las playas de Brasil, diseñada por el italiano Carlo Ficcardi y comercializada por el modisto Rudi Gernreich, quien luego inventó el monokini y el trikini (mitad bikini, mitad entera).

Modernización de los primeros bikinis.
Modernización de los primeros bikinis.

En su libro El Cuerpo Diseñado, Andrea Saltzman, explica que los grandes cambios en la moda se gestan durante las entreguerras. Así, tras la Primera Guerra Mundial, la ropa deja de marcar el cuerpo, es suelta y gana movimiento. En los cincuenta, luego de que se hubieran desempeñado en puestos masculinos por la ausencia de los hombres que combatían en los frentes de la Segunda Guerra, las mujeres vuelven al hogar ya no sólo como madres sino con la capacidad de seducción traducida en una apariencia curvilínea, acentuando cintura, caderas y busto, muy Marilyn Monroe. En los sesenta se revelan los ideales de juventud enfatizando la dinámica por medio de un cuerpo más flexible. Las producciones de moda demuestran la irrupción del plástico y la fantasía futurista del hombre a la Luna. El bikini toma la dimensión de lo masivo en los setenta y, en los ochenta, el cuerpo femenino se vuelve atlético. El foco ya no es la cadera, sino unos glúteos trabajados en el gimnasio. Esa forma saludable se fue tornando, hacia fin de siglo, cada vez más delgada, lindando con la androginia.

 

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El bañador de Marilyn ya no era de lana como los del siglo XIX.

 

Y así, a punto de cumplir los 70 años, todo indica que habrá bikini para rato. Según datos de una encuesta realizada por el portal Miss Travel, entre más de 43,000 hombres estadounidenses, 80 % detesta los modelos de bikini tipo faja. Es decir, mientras más pequeñas, mejor.

En este contexto, podría pensarse que hay que seguir los dictados que promueven la industria, las blogueras y los medios especializados, pero afortunadamente, todavía prevalece el sentimiento de libertad que le dio significado a la prenda. Enhorabuena.

Marilyn Monroe.
Marilyn Monroe.
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