Pan Paniscus: El ancestro

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Por J. Curtis Estes

El nueve de septiembre de 2011, el dramaturgo Laurent Baffie estrenó en el Théâtre du Palais-Royal, su obra Los bonobos, comedia de carácter ligero que aborda las relaciones humanas desde una perspectiva que exige empatía y solidaridad hacia tres personajes que, con una discapacidad diferente (uno es ciego, otro mudo y el último sordo), cansados de recurrir a prostitutas, deben diseñar una estratagema para conquistar a tres chicas diferentes sin que ellas se den cuenta de sus limitaciones. El tema, en esencia, es un poco más profundo de lo que la comedia sugiere, ya que puede verse como representación simbólica del comportamiento humano comparado con el animal. En este caso, con los simpáticos primates que se han vuelto toda una sensación desde que los estudios sobre su existencia se han ido concentrado en sus rasgos particulares: probablemente son los antecedentes directos del hombre. O, cuando menos, uno de sus más cercanos antepasados, que acaso subrayan con sus actitudes las peculiaridades de la conducta humana más característica: la que se refiere al sexo.

Los bonobos son primates que han ganado preponderancia porque a lo largo de los últimos años –muy probablemente impulsados por el éxito que tuvo la obra de teatro en los diversos montajes que se han hecho a lo largo del mundo, y también por otro hecho fortuito– se ha puesto especial énfasis en esta especie en peligro de extinción.

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El hecho fortuito ocurrió el 17 de octubre de 2015: el presidente francés, François Hollande, reinauguró el Musée de l’Homme; concluyó así, como se verá, interesante periplo en la historia del enigmático pan paniscus, conocido como bonobo y en su momento clasificado como chimpancé pigmeo o chimpancé enano. Ahora se sabe que se diferencia sustancialmente de la especie común (el conocido pan troglodytes).

Las características del bonobo fueron en su momento estudiadas con minuciosidad, pero el tema principal de sus peculiaridades se redescubrió al revisar unos viejos y maltratados filmes, que mostraban detalles significativos de su comportamiento, los cuales se habían confundido con los de los chimpancés pigmeos. Las cintas estaban abandonadas en los sótanos del viejo Palais de Chaillot ( sede del museo) y tras su rescate sirvieron para revisar la historia del pan paniscus.

En 1954, el zoólogo austriaco Eduard Paul Tratz (1888-1977), junto con el biólogo alemán Heinz Heck (1894-1982), realizó un trabajo de campo en el que compararon chimpancés con bonobos. Esto lo hicieron en el Tierpark Hellabrunn de Munich, es decir en un espacio confinado: el zoológico. Sus resultados, que fueron puntualmente publicados, quedaron de inmediato desacreditados dado que los animales estaban en cautiverio. Además Tratz, antes miembro del Partido Nazi y activo promotor del racismo científico, o Rassenkunde, carecía de credibilidad, a pesar de haber sido confinado a dos años de prisión por sus actividades e ideología, y de haber logrado regresar en 1949 a dirigir la Haus der Natur en Austria, museo que él mismo fundó en 1924.

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Los estudios de Tratz y Heck establecieron diferencias sustanciales entre los chimpancés y los bonobos, destacando su actitud más pasiva, su uso un poco más articulado de las cuerdas vocales, su estatura más compacta y que las hembras tuvieran pechos abultados, no tanto como las mujeres, pero tampoco como las chimpancés tradicionales.

Lo fundamental en la investigación estuvo en descubrir que los bonobos tienen preferencia por mantener relaciones cara a cara, y su vida sexual no está constreñida a un periodo específico del año sino que se activa en cualquier momento, lo cual sugiere que no lo practican sólo para reproducirse, sino también como actividad recreativa.

Este estudio, recuperado mucho tiempo después, permitió profundizar en el aspecto sexual del bonobo de forma más seria, con investigaciones en la zona que habita en el Congo, llevadas a cabo por primatólogos especialistas como el holandés Frans de Waal (n. en 1948). Estos trabajos establecen que la especie es capaz de mostrar altruismo, bondad, compasión, empatía, paciencia y mucha sensibilidad. Asimismo, que sus actividades sexuales tienen rasgos que pueden definirse como lazos sociales y afectivos, así como forma de solucionar conflictos y lograr reconciliaciones posconflicto.

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Esto llevó a que, por ejemplo, la terapeuta sexual, Susan Block, escribiera un libro, The Bonobo Way: the Evolution of Peace Through Pleasure (2014), donde habla de la ética y filosofía del hedonismo basándose justamente en los descubrimientos sobre estos chimpancés que utilizan al sexo como camino para vivir en paz y cimentar en consecuencia una sociedad más armónica. El chimpancé común, según revelan varios estudios, es de por sí agresivo, mantiene relaciones sexuales exclusivamente para reproducirse y, curiosamente, ha vivido cerca de los bonobos a veces en lugares muy próximos y, en ocasiones, separados por un río. El bonobo, en cambio, evita los conflictos, no invade territorios que supone habitados por otras especies y prefiere la tranquilidad de un hábitat que puede considerarse casi exclusivo de su especie. Se podría decir que su filosofía vital es “haz el amor, no la guerra”.

 

0.4 %varía el genoma de bonobos y chimpances. quizá la diferencia en su actividad social

 

Los antecedentes de la existencia del bonobo se remontan a 1928, cuando el anatomista Harold Coolidge presentó un cráneo en el museo de Tervuren. Las características del cráneo, que rebasaban a las de su similar chimpancé, dieron lugar a las primeras especulaciones sobre una nueva especie de primate. Esto lo confirmó el zoólogo alemán Ernst Schwarz (1889-1962) en 1928, cuando estableció que en efecto, ese supuesto chimpancé pigmeo era, en realidad, un bonobo. El nombre se tomó del antiguo dialecto bantú, ya que los naturales del Congo los identificaban así. Bonobo significa ancestro.

Los estudios de Schwarz sostienen que éstos caminan más tiempo erguidos que cualquier otro simio y su igualitaria sociedad se erige sobre el matriarcado. Años después se instauró el nombre científico como pan paniscus, aunque hay controversia sobre esto y varios científicos defendieron, entre ellos Morris Goodman (1925-2010), que los bonobos deberían clasificarse como homo paniscus al estar más emparentados con el hombre –porque comparte 98 % de su ADN con él– que con los gorilas.

25491507_xl-wSin embargo, el bonobo no destacó hasta que no se descubrieron los mencionados filmes entre los desordenados restos del Museo del Hombre en París durante su renovación. Al parecer, en ellos se ve más de cerca al bonobo haciendo cosas sorprendentes, como identificarse a sí mismo en un espejo, comunicarse por medio de sonidos y expresiones faciales o gestos muy similares a los humanos (como señalar con el dedo y pedir que alguien se acerque). No se trata, sin embargo, de un único estudio: investigadores como el bioético Peter Singer (n. en 1946) descubrieron que las habilidades cognitivas de estos animales son muy superiores y casi humanas.

Algunos han aprendido cerca de 500 palabras en una serie de lexigramas especiales con los que se han podido comunicar con seres humanos, un poco en la tónica que estableció el novelista Michael Crichton en su novela Congo (aunque aquí la protagonista es una gorila la que aprende a comunicarse utilizando un teclado).

Respecto a sus características, tiene una cabeza menor y más armónica, parecida a la humana, con frente ancha y orejas pequeñas. Sus piernas son largas. Las diferencias físicas entre un bonobo y otro les permite una interacción social basada en el reconocimiento. Puede, en más de un sentido, decirse que poseen una noción de “amistad” justamente por esto. Sus capacidades de empatía son superiores a las de otros grupos de primates.

El tema, pues, ya estaba siendo discutido por los estudiosos, pero los filmes redescubiertos y restaurados que muestran las actividades de los bonobos en cautiverio y que apuntan a que fueron parte de la investigación realizada en el zoológico de Múnich, fue sin duda todo un descubrimiento porque en un breve lapso quedó compilado todo lo que se sabe hasta el momento sobre estos primates y su sorprendente parecido con los seres humanos.

11802185_xxlPor supuesto, también fue más importante aun para subrayar la necesidad de preservar a los cerca de diez mil bonobos que viven al sur del Río Congo, ya que son una especie en peligro de extinción, precisamente en un país afectado por cruentos conflictos civiles y militares que han llevado a la pérdida de su hábitat natural y a la depredación de su especie, hecha por el hombre mismo, quien lo utiliza como alimento en las terribles circunstancias de un conflicto bélico. ¿Sería esto una forma de canibalismo?

Lo fundamental es que, en pleno siglo XXI, la reaparición del pan paniscus es un ejemplo de cómo la naturaleza sigue dando sorpresas que invitan a la revisión y reflexión, tanto de los comportamientos animales como de los humanos, convertidos a veces en obras de teatro satíricas aunque reveladoras del complejo paso de la vida por el planeta.

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