La antigua Grecia (1a. parte)

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Por el C.D. C.M.F. Gilberto Alfonso Pérez Romero

Se afirma con toda verdad, que la cuna de la civilización es Grecia. Esta cultura clásica tiene su origen en el desplazamiento de los aqueos, considerados los primeros habitantes de Grecia.

De acuerdo con el “Corpus Hipocrático”, el método hipocrático contrasta con este procedimiento de practicar la medicina. Las primeras escuelas médicas de las que se tiene noción, en la historia de la odontología, nacieron en el mismo siglo VI a.C. y llegaron a ser famosas las de Cirene, Rodas y Cos. En el periodo helenístico destacó, entre todas las demás, la de Alejandría. En ellas la enseñanza era libre y remunerada, y se establecían lazos muy estrechos entre discípulos y alumnos; una muestra de ello quedó reflejada en el juramento hipocrático.

Hipócrates, es considerado el padre de la medicina. De él se sabe muy poco. Nació en Cos alrededor del año 460 a. C. y murió entre 377 y 359 a. C. Recopiló de manera ordenada todos los conocimientos de la medicina que había adquirido y que generalmente provenían de la cultura egipcia. Su principal obra, el libro de Los Pronósticos, está relacionada con las enfermedades epidémicas de la época. En ellos describió la respuesta más generalizada de un organismo ante cualquier agresión, refiriéndose al tumor, calor, rubor y dolor así como a los preceptos éticos con que debe comportarse un médico.

Su principio máximo fue: “Apoyar siempre la acción curativa de la naturaleza, sin obstaculizarla jamás”. Llevaba a sus pacientes a un estado de inconsciencia al oprimirles las arterias carótidas. Para explicar los estados de salud y enfermedad, este gran filósofo postuló que existían cuatro fluidos vitales en el cuerpo humano: sangre, bilis negra, bilis amarilla y flema. Igualmente habló de la existencia de cuatro estados elementales: frío, calor, sequedad y humedad y que la salud dependía del equilibrio entre los humores y cualidades. El desequilibrio de este balance natural conduciría a la enfermedad.

Entre los numerosos escritos de Hipócrates se encuentran diversas referencias a los dientes, su formación, erupción y padecimientos de la boca, así como su tratamiento. Él conocía la forma del desarrollo dental, y sabía que existían dientes de leche y definitivos, los cuales aparecen una vez que se caen los primeros alrededor de los siete años de edad. Su obra referente a la dentición está escrita en forma de breves sentencias populares acerca de la erupción. En su libro, Sobre las Afecciones dice textualmente: “en casos de dolor de muelas, si la muela está deteriorada y suelta, pero sigue doliendo, es necesario cauterizarla”. Según él, la masticación también ayuda, ya que el dolor se origina por el mucus que aparece debajo de las raíces dentales. Afirma que los dientes se corroen parcialmente por éste y debido a la comida, cuando son de naturaleza débil y se encuentran mal sujetos a la boca.

También consideraba que los problemas dentales provenían de una predisposición natural o debilidad inherente. La extracción dental se contemplaba solamente cuando un molar se encontraba flojo, puesto que dicha operación era considerada de extrema peligrosidad. Respecto a los fórceps utilizados para la extracción dental afirmaba que cualquiera podía usarlos ya que es evidente su forma de uso.

La historia de la odontología ayuda a conocer el importante papel de quienes auxilian a un ser humano enfermo, recordando figuras eminentes de diferentes culturas que han aportado su esfuerzo, conocimientos e inteligencia para desarrollar esta ciencia.

En esta época los avances más importantes en odontología se basan en buscar las causas de las enfermedades mediante el razonamiento. Los grandes filósofos de la Grecia antigua eran quienes poseían estos conocimientos y los compartían con sus alumnos. Entre ellos destacan: Hipócrates, Aristóteles y Galeno.

Quien practicaba la medicina general era quien realizaba toda la práctica dental. No existía una división por especialidades; lo mismo escribían sobre aspectos médicos, de esterilización, quirúrgicos o dentales.

La práctica de la higiene bucodental tardó mucho tiempo en implantarse en Grecia. Sin embargo, los documentos de los cuales disponemos exponen el amplio conocimiento que poseían en todos los ámbitos dentales, incluyendo las fracturas.

El pueblo griego desarrolló una nueva forma de pensar y vivir conocida como el “milagro griego”. El sabio se va a convertir en poseedor del conocimiento racional, dejando de ser un mago o sacerdote mediador del poder sobrenatural.

Hipócrates es considerado el primer médico que rechazó las supersticiones, leyendas y creencias populares que señalaban como causantes de las enfermedades a las fuerzas sobrenaturales o divinas. Él es el padre del juramento hipocrático cuyo contenido es de carácter ético, para orientar la práctica de su oficio; es también el juramento que se hace a partir de la responsabilidad del ser humano y conciencia de ella.

En esta época los avances más importantes en odontología y medicina general se basan en buscar las causas de las enfermedades mediante el razonamiento y se escriben importantes protocolos para los profesionales de la salud. Hipócrates deja un amplio legado de anotaciones y escritos. A modo de ejemplo, en la especialidad de cirugía, cómo debe actuar el cirujano ante una operación: “la cirugía trata del paciente, el cirujano, los ayudantes y los instrumentos, el tipo y orientación de la iluminación, la colocación idónea del paciente y los instrumentos, la hora, el método y el lugar. El cirujano debe sentarse en un lugar bien iluminado y confortable, para él y para el paciente. Las uñas deben cortarse ralas. El cirujano debe aprender a manejar sus dedos mediante la práctica continua, siendo de especial importancia en índice y el pulgar. Han de moverse bien, con elegancia, de prisa, con agilidad, limpieza y al momento”.

En odontología, juntamente con Aristóteles por citar un ejemplo, escribió sobre ungüentos y procedimientos de esterilización usando un alambre caliente para tratar las enfermedades de los dientes y de los tejidos orales. También dejó escritos sobre la extracción dental y el uso de alambres para estabilizar fracturas maxilares y soportar dientes ausentes.

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