Historia de la Odontología. La antigua Grecia (2a. parte)

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Por el C.D. C.M.F. Gilberto Alfonso Pérez Romero

Grecia es considerada la península europea y mediterránea más oriental extendida al sureste de los Balcanes. Se encuentra separada de Asia por el Mar Egeo. Como todos los pueblos de la antigüedad tuvo una gran cantidad de deidades, razón por la cual en cada ciudad se adoraban a sus propios dioses.

El dios principal de la medicina era Apolo, quien enseñó a curar al centauro Quirón y éste a su vez trasmitió el conocimiento médico a Asklepios, quien practicó tan bien el arte de la medicina que disminuyeron los casos de muertos de manera muy significativa por lo que Hefestos, dios de las tinieblas y de los muertos, le acusó ante Zeus de menoscabar su reino y fue destruido por un rayo.

Los sucesores de Asclepios, llamados Asdepiades, formaron una secta y curaban a los enfermos dentro de los templos mediante la incubatio, técnica de sugestión a base de musicoterapia, ilustraciones, etcétera.  En estos templos se veneraban las serpientes sagradas bajo la advocación de Higeia y Panacea, hijos de Asklepios.

De ahí proviene el Caduceo, símbolo de la medicina que está formado por un bastón de encino, el árbol de Zeus, al cual rodea una serpiente.

Hemos analizado algunos datos sobre la odontología en la antigua Grecia cuna del saber cultural de la humanidad, en sus inicios atribuía todas las enfermedades a hechicería y supersticiones, pero no dejaba de preocuparse por sus causas y posibles tratamientos. Muchos de éstos, obligadamente tenían que hacerse en los templos específicamente construidos a las deidades de la medicina y poco a poco conforme los griegos van colonizando otras tierras comienzan a tomar sus culturas, por lo que las enfermedades dejan de ser consideradas como producto de la magia y les dan un giro racional.
No deja de impresionar el vasto conocimiento que poseía Hipócrates y todas las disciplinas en que se desenvolvía. Sin embargo, en sus tratados referentes al área médica donde plasman vastos conocimientos de anatomía, patología y tratamientos. Es obvio que forma una escuela del saber y se van creando al mismo tiempo otras en las que se enseñaba a observar al enfermo para poder determinar que padecía. Esto sigue haciéndose en la actualidad. Dichos científicos de su época eran al mismo tiempo médicos, dentistas, filósofos, consejeros, juristas, etcétera.

Desde esta época existen leyendas acerca de la odontología, una de ellas es la de Cadmos, fundador de Tebas e hijo del rey Agenor de Fenicia. Cadmos tenía una hermana llamada Europa, quien fue raptada por Zeus transformándose en toro. El rey Agenor mandó a sus hijos a perseguir al dios; por ello Cadmos tomó el camino del este, cruzó el Bósforo y visitó el oráculo de Delfos, quien le aconsejó que siguiera a una ternera que se le ofrecería y donde ésta descansara, sería el sitio en donde fundaría una ciudad. Así lo hizo, cuando la ternera se detuvo mandó a sus hombres a buscar agua, la cual encontraron en una fuente propiedad de un dragón protegido por Ares. El dragón mató a varios hombres de Cadmos y éste enfurecido mató al dragón. Ares pidió venganza pero Atenea que protegía a Cadmos le ordenó que le arrancara los dientes al dragón y los sembrara en la tierra, ya que de ellos nacerían guerreros que lucharían entre sí, debiéndose quedar con los ganadores para fundar Tebas. Debido a esta leyenda el francés Marmont, en el siglo XIX, concedió a Cadmos la invención de la odontología. Este episodio se repite en el viaje de los Argomantes, en el que Jasón extrae los dientes de una serpiente e igualmente los siembra. Otro relato es el de las Grayas que sólo tenían un ojo y un diente, los cuales utilizaban las tres hermanas. Cuando Perseo tuvo que buscar a la Gorgona fue a visitarlas porque solamente ellas sabían donde se encontraba. Al negarse a informarle, Perseo les robó el ojo y el diente y no se los devolvió hasta que le dijeran donde se escondía el monstruo.

El padre de la medicina, Hipócrates, es considerado al mismo tiempo fundador de la odontología. Se cree que nació en el año 460 a. C., en la isla de Cos, Grecia. Fue hijo de Heráclides, perteneciente a la familia de Asclepíades. Recibió una sólida instrucción y educación a través de Gorgias de Leoncia. Fue amigo de Demócrito y es considerado el médico más importante e ilustre de la antigüedad. Tenía especial capacidad para la observación clínica, lo que le permitió erradicar viejas supersticiones en cuanto a las enfermedades. Viajó por numerosas ciudades del Asia: Tesalia, Tracia y Macedonia. Se estableció en Atenas y en ese lugar se dedicó a ejercer y enseñar medicina pudiendo desarrollar una invaluable labor durante una peste lo que le valió un homenaje público y el reconocimiento de la población. Era tan famoso, que la misma llegó a Persia, en donde el rey Artajerjes lo invitó para que combatiera una epidemia, ofreciéndole a cambio cuantiosas riquezas; pero como los persas eran enemigos de Grecia, se negó a colaborar con ellos. De las casi setenta obras que forman parte de la Corpus Hippocraticum, es posible que solamente hubiera escrito alrededor de seis. Entre sus obras más destacadas figura El Tratado de los Aires, las Aguas y los Lugares, en la que se dice que el clima, el agua o su situación en un sitio donde los vientos sean favorables constituyen elementos que pueden ayudar al médico a evaluar la salud general de su población.

Hipócrates murió en Larisa de Tesalia, Grecia y de acuerdo con la tradición, sobre su tumba las abejas construyeron una columna con miel y cera curativas.

Las escuelas médicas odontológicas de Cirene, Rodas y Cos en Grecia se hicieron famosas por su enseñanza disciplinaria. Es por ello que en el siglo VI a. C. se considera que en Grecia se comienzan a buscar las causas de las enfermedades dentales.

El juramento Hipocrático, dejó un gran legado de escritos sobre la cirugía y la manera como debe comportarse el cirujano durante una operación. Hipócrates y Aristóteles unieron fuerzas y conocimientos para escribir lo relacionado con procedimientos para esterilizar usando alambres calientes y tratar así algunos padecimientos dentarios y de los tejidos bucales. Enseñaron diversas técnicas sobre extracciones dentales, cómo estabilizar fracturas maxilares y cómo sustituir los dientes ausentes. En el siglo I d. C. aparece Galeno de Pergamo primera persona que recomendó lavarse los dientes utilizando piedras abrasivas.

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