Historia de la Odontopediatría (última parte)

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POR EL C.D. C.M.F. CATALINA MUÑOZ VELÁZQUEZ

En 1900 pocos niños se trataban en consultorios, hablando de países desarrollados; en las escuelas odontológicas no se daba instrucción del cuidado de los dientes temporales.

En 1901 se establece en Nueva York la primera clínica de asistencia odontopediátrica por los miembros de la Rochester Dental Society.

En 1905 George Eastman creó una gran clínica de asistencia dental infantil que se convirtió en un centro avanzado de formación de jóvenes licenciados especializados en odontología infantil.

En 1913 se crea la primera sociedad científica dedicada a la odontología infantil, “The Pedodontic Study Club”.

En 1923 tiene lugar la primera campaña de salud bucal dirigida a niños, organizada por la SEP en todas las escuelas primarias.

En 1924 se publica en E.U.A el primer libro sobre Odontología para Niños, del autor Hogeboom. Otros clásicos como Choen, Fin, Mc Donald, Barber, Pinkham han sido guías para el aprendizaje de la odontología pediátrica.

En 1927 se impulsa la creación de la Asociación Norteamericana de Odontología Infantil (American Society of Children´s Dentistry), con sede en Detroit, Michigan.

Para 1928 aparece la primera revista científica dedicada a la odontología pediátrica, el actual Journal of Dentistry for Children.

En 1941 se establece el día de la Salud Dental del Niño, en Cleveland, Ohio.

El año de 1942 se caracteriza por la señalización de la eficacia de las aplicaciones tópicas de fluoruros para prevenir las caries.

En 1947 se crea la Academia Americana de Pedodoncia.

En 1959 la ONU aprueba la llamada “Declaración de los derechos del niño”.

A finales de los años sesenta en America Latina, específicamente en Venezuela, se incorpora la odontopediatría a los planes de estudio de pregrado.

En los años setenta se analizaba la posibilidad de implementar medidas preventivas copiando el modelo de los países desarrollados como la fluoración del agua potable y la sal, reduciendo así el índice cariogénico.

Es en los últimos años donde el manejo y tratamiento de las afecciones dentarías de los niños se va dejando en manos de especialistas que se llaman odontopediatras, quienes tienen dos tipos de formación: universitaria u hospitalaria; pero ambas maneras de conquistar el título requieren de arduas horas de trabajo y entrega por parte de los odontólogos que optan por ejercer esta especialidad. Una necesidad básica en ellos es la paciencia para saber tratar a los diferentes tipos de personalidad que tienen los niños y sobre todo a ganarse su confianza y la de sus familiares. El gran peso de su formación recae en el manejo de la conducta del niño. Ya no lo amarran ni lo amenazan para atenderlo sino que es a través del convencimiento como se logra su disposición al manejo odontológico. La mayoría de los procedimientos dentales en el niño pueden ocasionar dolor y es básico que el especialista sepa como ganarse su colaboración, para evitar un trauma que en muchas ocasiones perdurará toda la vida.

En los años ochenta 72 % de la atención por parte de los sistemas de salud correspondían a acciones de tipo curativo y 27.2 % sólo preventivo.

En 1984 la Academia Americana de Periodoncia cambia a la Academia Americana de Odontología Pediatrica (AAPD).

La odontología ha carecido de tradición docente hasta tiempos muy recientes (en España concretamente, su estudio como carrera universitaria no llegó hasta el primer año del siglo XX) frente a los muchos siglos de antigüedad de las Facultades de Medicina, por no hablar de las escuelas médicas medievales. Ello condujo, a un progreso investigador imparable que se benefició de la simbiosis con la tecnología, hasta los límites actuales que no encuentran paralelismo con la odontología; precisamente a consecuencia de la plétora profesional, el número de licenciados en odontología que acceden a los estudios de doctorado ha crecido de forma extraordinaria, lo cual llevará, en condiciones de imparcialidad, a una selección del profesorado tan competitiva como nunca se ha conocido.

Si bien es cierto que la pediatría posee un cuerpo disciplinario amplísimo y bien diferenciado de la medicina común, entendiendo por ella la de los adultos. Existe una multitud de enfermedades, procesos y padecimientos propios o exclusivos de la infancia, muchos de ellos enormemente prevalentes y un alto porcentaje afectan a toda la población, sin marcas de edad presentan una fisiopatología, curso y tratamiento diferenciado en la edad infantil.

Se puede afirmar que la dentición decidual es diferente de la permanente.

Además, en la actualidad nos encontramos con dos circunstancias epidemiológicas: la primera es la disminución de las tasas de natalidad y del número de niños en los países occidentales. La segunda es la enorme disminución en la prevalencia, incidencia e intensidad de la caries, que es la tradicional primera causa de morbilidad dental infantil y motivo de visita al dentista en estos mismos países. Es por ello que el espacio vital de la odontopediatría se ha extendido al campo de la prevención y sobre todo de la ortodoncia. Si hace 15 ó 20 años eran minoría los odontopediatras que realizaban tratamientos ortodóncicos, hoy son la mayoría y a los procedimientos de movilización dental se dedica una importante, a veces mayoritaria, carga de tiempo en las consultas de odontología infantil.

Por otro lado, la explosión demográfica profesional dental y la necesidad de captar y mantener clientes hace que casi todos los dentistas generales realicen la mayoría de los tratamientos dentales infantiles y no es descabellado pensar que en un futuro no muy lejano, la figura del odontopediatra quede relegada a la de un dentista especializado en el manejo de niños inquietos o problemáticos y al tratamiento de procesos poco frecuentes y que dedique buena parte de su jornada laboral a los procedimientos de ortodoncia.

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