Historia de los antibióticos (última parte)

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Por la C.D. C.M.F. Catalina Muñoz Velázquez

En septiembre de 1928, Alexander Fleming se encontraba realizando algunos experimentos en su laboratorio cuando al vigésimo segundo día observó fortuitamente que en sus cultivos había crecido una colonia de hongos de manera espontánea, como un contaminante, pero que en una de las placas de Petri que había sembrado previamente con Staphylococcus aureus, estas bacterias tenían un color blanquecino y habían muerto debido a la presencia de dicho hongo, al cual se le conoce como Penicillium notatum, que produce una sustancia natural con efectos antibacterianos a la cual se le llamó penicilina. Al principio, como siempre sucede, sus colegas desestimaron su descubrimiento, pero durante la Segunda Guerra Mundial, esto cambio y comenzó a adquirir mayor interés. Ernst Boris y Howard Walter Florey, la purificaron, lo que permitió su síntesis y comercialización. Ellos fueron los primeros en utilizarla en humanos.

Desde la aparición del hombre en la tierra ha existido una verdadera batalla entre las enfermedades infecciosas, los microorganismos que las causan y el humano. Es más, se sabe que las bacterias existen mucho antes que el hombre y lo utilizan como un medio para infectarlo, colonizándolo. También se sabe que las bacterias no sólo poseen una membrana celular sino que por encima de ésta tienen una pared celular adecuada para poder permitir que penetren a ella de manera selectiva algunos sustancias, entre las que se encuentran los nutrientes. Sin embargo el hombre ha desarrollado una carrera contra el tiempo para ganarle a estos microorganismos y conseguir destruirlas a través de diversos medios. Recordemos también que las bacterias desarrollan una resistencia, cuando se utilizan los antibióticos de manera indiscriminada y sin prescripción médica. Por ello algunos antibióticos que eran efectivos contra algunos microorganismos actualmente ya no lo son y la investigación continúa.

El descubrimiento de la penicilina marcó un antes y un después en el tratamiento de las enfermedades infecciosas. Se describió como un hecho casual y fortuito, al que se ha rodeado de una romántica y atractiva leyenda. Sin embargo, muy pocas personas como Fleming tenía los conocimientos necesarios para interpretar la actividad biológica del hongo y la curiosidad científica e interés práctico para profundizar en el tema.

Actualmente, la penicilina es el antibiótico más conocido y ha sido empleado para tratar múltiples enfermedades infecciosas, como sífilis, gonorrea, tétanos o escarlatina. Es importante mencionar que con el paso del tiempo y tras el descubrimiento de la estructura de la penicilina, compuesta por un anillo betalactámico de cuatro átomos unido a otro de tiazolidina de cinco átomos, se pudieron obtener nuevas penicilina sintéticas y semisintéticas, surgiendo así el grupo de los antibióticos conocidos como betalactámicos.

Dubos (estudiante de Waksman) en 1939 encontró la tirotricina, compuesta de dos polipéptidos, la tirocina y la gramicidina, que tenían propiedades antibacterianas. Había utilizado la sustancia purificada que era producida por una bacteria para inhibir el crecimiento de otra. En 1944, Selman Abraham Waksman, biólogo norteamericano instituyó un programa de investigación cuyo objeto era aislar sustancias que más tarde llamaría antibióticos, desarrolló técnicas de análisis para gran variedad de suelos y materias orgánicas. Realizó cultivos y estudió si inhibían el crecimiento de colonias de bacterias patógenas. Sus investigaciones fueron en actinomicetos, microorganismos que más conocía. En una década fueron aislados y caracterizados diez antibióticos, tres de los cuales tuvieron éxito en clínica: la actinomicina (Waksman y Woodruff, 1940), la estreptomicina (Schatz, Bugie y Waksman, 1944), y la neomicina (Waksman y Lechevalier, 1949).

La estreptomicina tuvo especial relevancia al ser un agente bacteriostático y bactericida selectivo, activo contra las bacterias grampositivas y gramnegativas. El nombre “estreptomicina” deriva de una vieja denominación de los actinomicetos: estreptotríceas. Esta nueva sustancia era efectiva para el tratamiento de la tuberculosis pulmonar. A partir de otras especies de Streptomyces posteriormente se obtuvieron neomicina (1949) y kanamicina (1957). Para mejorar la actividad antibacteriana y disminuir la toxicidad se continuó investigando y así surgieron: tobramicina (1967), amikacina (1972), dibekacina (1971) y netilmicina (1975) que a excepción del primero, son semisintéticos. A partir de distintas especies del género Micromonospora se obtuvieron gentamicina (1958) y sisomicina (1978). El año de 1957, también señaló el comienzo de la antibioticoterapia por “combinación” y las mezclas de aminoglucósidos con otros agentes resultaron tener un espectro amplio y potente para controlar infecciones en individuos inmunodeprimidos, que tenían muchas infecciones.


A principios de 1970, durante el estudio de organismos de la tierra, en busca de inhibidores de la síntesis de peptidoglucano, se descubre el imipenem, que dió lugar a una nueva clase de antibióticos de amplio espectro, los carbapenémicos. Supuso un nuevo capítulo en la historia de los antibióticos betalactámicos, ya que se observó que ciertos agentes patógenos producían sustancias con un anillo betalactámico diferente. Por otro lado, en 1950 en los laboratorios de investigación en Francia, fueron sintetizados un grupo de compuestos nitroimidoazólicos entre los que destacó posteriormente el metronidazol. Este último antibiótico era eficaz frente a Trichomonas vaginalis (parásito causante tricomoniasis, un tipo de vaginitis que es una enfermedad de trasmisión sexual).

En la actualidad, no sólo no se han conseguido erradicar completamente las enfermedades infecciosas, sino que muestran una tendencia emergente, entre otras cosas por la aparición de resistencias por parte de los microorganismos frente a los antibióticos. Por ello el descubrimiento de nuevos antibióticos, así como la creación de los semisintéticos o sintéticos sigue siendo de gran importancia.

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