Manifestaciones orales de la psoriasis

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POR EL C.D. C.M.F. JOEL OMAR REYES VELÁZQUEZ

Se considera a la psoriasis como una dermatosis inflamatoria, crónica y recidivante, genéticamente determinada, de etiología desconocida, con un cuadro clínico caracterizado por la presencia de placas eritematosas escamosas que afectan principalmente las áreas sujetas a traumatismos continuos (superficies extensoras, codos o rodillas), cuero cabelludo y afección de las articulaciones. Actualmente se le clasifica como una enfermedad inmunológica crónica, mediada por los linfocitos T, asociada con señales co-estimuladoras y a la secreción de citoquinas. Los queratinocitos de lesiones psoriásicas aumentan su tasa de proliferación y expresan diversas moléculas de adhesión, lo cual es mediado por varias citoquinas que al mismo tiempo activan el sistema vascular. Los factores que desencadena esta compleja reacción inmunológica aún no han sido bien determinados, pero se han citado el trauma, infecciones bacterianas o virales, estrés, uso de algunas drogas o alteraciones hormonales.

Etiología

Es desconocida por completo, aunque existe una clara agregación familiar que apoya la implicación de factores genéticos. Además, factores ambientales conocidos como los traumatismos, diálisis, hipocalcemia, algunas infecciones como faringitis estreptocócica el VIH, fármacos como el litio, betabloqueantes, antipalúdicos, interferón, interleucina 2, antidiabéticos orales, el retiro de corticoides sistémicos, algunos antiinflamatorios (indometacina) y, por último, las situaciones de estrés, pueden ser desencadenantes de esta enfermedad.

La psoriasis se produce como consecuencia de la interacción de tres fenómenos que concurren simultáneamente: 1) aumento de la velocidad de crecimiento epidérmico, 2) proliferación venular postcapilar en las papilas dérmicas; y 3) reacción inmune mediada por linfocitos T. La consecuencia de esta interacción es el fenómeno de la exudación cíclica papilar, que la caracteriza microscópicamente.

Manifestaciones clínicas

Es un padecimiento universal con prevalencia de alrededor del 2 % de la población europea, y con incidencia de 150, 000 nuevos casos cada año.

Puede aparecer a cualquier edad, aunque cuando existen antecedentes familiares lo hace de forma más temprana. Existen dos picos de incidencia: a los 16-22 años y a los 57-60 años, sin diferencia entre sexos, aunque las mujeres desarrollan antes la enfermedad.

La lesión por excelencia, es una placa eritematosa, de bordes bien definidos y superficie irregular descamativa, que tras el raspado metódico deja una superficie rojiza con pequeños puntos sangrantes, a lo que se denomina “rocío hemorrágico de Auspitz”. Se disponen simétricamente en superficies extensoras y en cuero cabelludo. Hasta un tercio de los enfermos presentan lesiones en zonas previamente traumatizadas (fenómeno de Koebner o isomorfismo). Se han descrito distintas formas clínicas:

• Psoriasis vulgar: es la forma más frecuente. Sus lesiones son crónicas y se localizan además de los lugares ya mencionados, en la piel de abdomen y sacro.

• Psoriasis en gotas: con lesiones lenticulares o puntiformes, en tronco, generalmente en niños y adultos jóvenes, cursando en brotes. Tiene buen pronóstico y se ha relacionado con infección faríngea estreptocócica previa.

• Psoriasis invertida: suele afectar grandes pliegues con predominio del eritema sobre la descamación.

• Psoriasis palmoplantar: con placas eritemato-descamativas con fisuración.

• Psoriasis ungueal: aparece hasta en 35 % en pies y 50 % en manos de enfermos con psoriasis. Es más frecuente en los casos de eritrodermia o artropatía asociada, aunque puede presentarse de manera aislada. El espectro clínico va desde lesiones puntiformes en la lámina ungueal (pits) a onicodistrofia intensa con incluso pérdida ungueal, pasando por la característica “mancha de aceite” o mancha marrón distal de la lámina.

• Psoriasis pustulosa: la cual puede tener varias formas:

• Generalizada tipo von Zumbusch: de hecho puede ser el inicio de la enfermedad, asociada frecuentemente con artropatía, ser la evolución de una forma pustulosa o estar desencadenada por fármacos (corticoides orales, litio, fenilbutazona), infecciones o embarazo (impétigo herpetiforme).

• Anular: puede ser localizada o generalizada. Sus lesiones son anulares con borde eritematoso y collarete descamativo interior con alguna pústula aislada; el centro es rosado con descamación grosera.

• Localizadas: con dos formas de presentación: a) pustulosis palmoplantar, de predominio en adultos y en el sexo femenino. No está clara su relación con la psoriasis. De hecho, sólo 24 % de estos enfermos tienen antecedentes de psoriasis; b) acrodermatitis continua Hallopeau, caracterizada por pústulas en las falanges distales de los dedos (pulgares), que evolucionan dejando, al vaciarse, una superficie eritematosa brillante atrófica

• Eritrodermia psoriásica: eritrodermia exfoliativa no pruriginosa, con afectación del estado general. Las lesiones son de borde neto, con afectación ungueal importante. Suele aparecer en enfermos con psoriasis crónicas intensas.

• Artropatía psoriásica: se trata de una artritis seronegativa que afecta del 5 al 8 % de los pacientes con psoriasis. Se presenta de manera asimétrica en
70 % de las pequeñas articulaciones de los dedos y en resto aparece como poliartritis simétrica, espondilitis anquilosante y artritis mutilante.

No está claro si las lesiones bucales en las personas con psoriasis son circunstanciales y no tienen una relación directa en la aparición de la enfermedad o son realmente lesiones mucosas producidas por la alteración inmunológica de la piel.

Referencias bibliográficas

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