La odontología prehispánica (tercera parte)

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Los diferentes tipos de mutilaciones dentarias

Han sido descritos diversos tipos de mutilaciones en los dientes, sobresaliendo las siguientes:

De carácter étnico: a) modificación del contorno del diente (en el borde incisal, en un sólo ángulo de la corona, o en ambos ángulos), b) modificación de la cara anterior (por medio de líneas, incrustaciones o desgaste parcial del esmalte), c) cambio del entorno y cara anterior del diente (en el borde incisal con líneas en la cara anterior o en el borde incisal removiendo parte del esmalte y en el borde incisal en uno o ambos ángulos, e incrustaciones).

Las técnicas

Según Adolfo Dembo las técnicas fundamentales de mutilación dentaria son cinco: a) extracción, b) fractura, c) corte, d) limado, e) incrustación. Se acepta, como la más clara definición del limado expresada por Dembo: “es evidente que un verdadero limado debe consistir en la frotación de un objeto de determinada dureza contra otro al que va desgastando en su superficie por capas sucesivas; el diente en este caso”.

Sobre la fractura, el mismo autor expresa: “por regla general, la fractura del diente se realiza aplicando sobre el mismo, un objeto cortante al que se golpea con un martillo de material variable”. Cabe admitir que tales mutilaciones fueron realizadas fundamentalmente cortando la corona por medio de trozos de sílex afilados del mismo modo que los cuchillos de uso común. En comparación con la técnica del limado, la del corte se antoja demasiado rudimentaria. En todo caso, su uso estaría restringido a los verdaderos inicios de la costumbre, a épocas anteriores al periodo preclásico del valle de México, y tal vez sólo en relación a las tres primeras formas descritas al principio. Se cree que esta tosca maniobra de sierra pronto fue sustituida por el suave frotamiento que implica la técnica del limado, con la ayuda del polvo silíceo del que habla Hamy cuando se refiere a las incrustaciones.

Fray Diego de Landa, al referirse a las indígenas de Yucatán, indica que “tenían por costumbre aserrarse los dientes dejándolos como dientes de sierra y esto tenían por galantería, y hacían este oficio viejas, limándolos con ciertas piedras y agua”. Tal vez esta cita sea la única en la que vagamente se alude a la técnica.

En las dentaduras completas con mutilación dentaria puede verse que, por lo general, fue concebida simétricamente. La asimetría en otras debe considerarse como el indicio de que ciertas imperfecciones en el proceso del limado o de la incrustación provocaron trastornos bucales, lo que no permitió al individuo soportar la operación hasta el fin. Estos trastornos tuvieron como causa fundamental el haber dañado la cámara pulpar, con lo que sobrevino la formación de abscesos alveolares que necrosaron al diente causando dolor e impidiendo la masticación normal.

Las recientes investigaciones de Fastlicht llevan al convencimiento de que la técnica del limado es bastante sencilla cuando se aplica al diente vivo, si se cuenta con la ayuda de agua y algún polvo abrasivo; para la incrustación puede haberse utilizado un taladro parecido a los que se usaban para la perforación de objetos de piedra (malacate).

Probable origen y significado

Es muy difícil dilucidar cuál pudo ser el móvil que originalmente llevara a los indígenas a mutilarse los dientes.

Los vestigios referentes a las diversas formas de odontología prehispánica, tanto en México como en Centroamérica, son numerosos. Aparecen en las crónicas relatadas por los frailes franciscanos que llegaron con los conquistadores y antes de estos documentos en varios tipos de cerámica, vasijas y esculturas.

Las civilizaciones maya, zapoteca, mixteca, teotihuacana y azteca son prueba de ello. Sólo se realizaban en algunos sectores de la sociedad. El pueblo en general no tenía derecho a ello. Las castas superiores se limaban los dientes o se hacían incrustaciones como muestra de poder, belleza y estrato socioeconómico. Lo increíble es que la tecnología era rudimentaria y existían personas que solamente se dedicaban a realizarlas. De cementos ni hablar, tampoco existían y entonces las cavidades dentales talladas para recibir las incrustaciones de oro o de jade eran casi perfectas.

En su oportunidad, se indicó que la mutilación del contorno dental, aparece en las urnas funerarias zapotecas que representan dioses o sacerdotes; también forma parte del glifo (motivo de ornamentación que consiste en trazos grabados en hueco o canales con que se interrumpe una superficie lisa), de un modo incuestionable está conectado con la dentadura del jaguar y decora el tocado de algunas deidades. Este animal aparece reproducido en la cerámica zapoteca y también en forma monolítica durante la época azteca; la estilización del animal surge desde el horizonte arcaico del valle de México y de un modo simultáneo en Monte Albán, varios siglos antes de Cristo.

Es posible que las experiencias de aquellos individuos ante esos animales algunas veces nefastas hayan sido la causa decisiva para atribuir tal importancia al jaguar y lo que los llevó a reproducir su figura de manera realista o estilizada, a simbolizarlo en un glifo, a repetir su dentadura en la propia y a llevar colgados los colmillos y molares del animal. El temor pudo ser el estímulo y la emulación del felino; por tanto, una respuesta de orden mágico.

Si el problema no tuviera más implicaciones, su solución no sería tan difícil, pues el estímulo del temor explicaría la mutilación dentaria como la satisfacción de una de tantas necesidades secundarias (o puramente psicológicas), cuya fuerza puede igualar y hasta sobrepasar la de las primarias o fisiológicas.

Sin embargo, hay otros hechos que complican la cuestión. Por ejemplo, el proceso de las incrustaciones dentarias es, sin lugar a dudas, mucho más complicado que el del limado y requiere, como bien hace notar Fastlicht, una serie de conocimientos que no se logran súbitamente, sino que pasan por una etapa anterior de experimentación en un clima cultural propicio.

A pesar de eso, las incrustaciones han aparecido desde los estratos arqueológicos más antiguos casi simultáneamente en dos importantes regiones: en Oaxaca en el periodo Monte Albán I, y en Uaxactún, Guatemala, en la fase Mamon, y poco después en Veracruz.

En Oaxaca de inmediato surge el glifo del jaguar, en una cerámica calificada de superior en comparación con la de los periodos siguientes. En la zona maya alcanza después un gran desarrollo el elemento de este glifo, que en Oaxaca simbolizaba la dentadura del animal, pero que entre los mayas quedó conectado con el dios Chac y la representación de un día del calendario.

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