Problemas bucales ocasionados por el tabaquismo

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POR EL C.D. C.M.F. luis enrique loera torres

En el campo odontológico el tabaquismo es un tema que ha llegado a cobrar mucha importancia,ya que ocasiona diversos problemas orales que se presentan por el consumo indebido del cigarro, inclusive puede llegar a provocar cáncer bucal. Con el paso del tiempo el cigarro se ha convertido en un hábito mundial que no solamente ocasiona producen enfermedades crónicas como el cáncer pulmonar y padecimientos cardiovasculares, sino que desencadena gran cantidad de alteraciones y problemas en la cavidad bucal. Uno de los más comunes es el grado de enfermedad periodontal que se presenta en los fumadores activos. El humo del tabaco debilita el potencial de óxido del ecosistema bucal, y favorece la proliferación de las bacterias que conforman la placa dentobacteriana. Contiene un importante componente que ocasiona la mayoría de las enfermedades periodontales en la boca, la nicotina, sustancia química responsable de la síntesis de colágeno, la secreción proteica y la reproducción de fibroblastos.

Tabaquismo

Adicción crónica generada por el tabaco que produce dependencia física y psicológica, así como un gran número de enfermedades respiratorias y cardiacas.

Cada cigarro consumido diariamente afecta a los organismos de manera distinta. El tabaco es factor de riesgo en las enfermedades respiratorias, cardiovasculares, distintos tipos de cáncer, perjudicial en el embarazo. Además, no sólo afecta a los fumadores sino también a quienes no lo son, o sea a los fumadores pasivos.

Desde que se coloca el cigarro en la boca y se empieza a consumir, el humo será inhalado a los pulmones, donde se absorberá gran parte de la nicotina. El hecho de que éste entre por la boca y salga por la nariz, produce una micro agresión continua que afecta dientes, cavidad oral, faringe, laringe, senos paranasales y parte superior del esófago, además de bronquios y pulmones. También se absorbe, en menor medida, a través de la mucosabucal, plexos sublinguales y de la piel, siendo en este caso una absorción variable y dependiente de varios factores, como temperatura y pH cutáneos, grado de humedad e higiene personal. El tabaquismo posee una acción sobre la salivación, la cual se incrementa, favoreciendo la mineralización de la placa bacteriana y por ende la formación de sarro.

Las personas que fuman a diario, tienen gran probabilidad de sufrir diferentes tipos de cáncer, ya sea en la cavidad bucal, estómago, páncreas, vejiga y ciertas formas de leucemia. Desafortunadamente, no sólo las personas adultas tienen el hábito de fumar, sino que también se observa que este fenómeno se ha incrementado en los jóvenes, produciendo adicción desde una edad temprana.

Algunos fumadores no inhalan el humo del tabaco y sólo lo retienen en la boca para apreciar mejor su sabor y sentirse más seguros de evitar posibles lesiones pulmonares. Pero el humo guardado alrededor de la lengua produce un daño localizado, con la aparición de leucoplasias malignas. Los fumadores de pipas, si bien aspiran menos humo por las características y el trabajo que requie retener la encendida, sufren el traumatismo del peso de la pipa sobre el labio inferior, lo cual añadido al contacto con el humo del tabaco predisponen a lesiones y cáncer de labio.

Se sabe que el cigarro está compuesto de más de 3000 componentes, siendo los más importantes la nicotina, el alquitrán y el monóxido de carbono. Éstos generan en la persona dependencia y adicción gradual, sobre todo en jóvenes que inician entre los 10 y 16 años de edad, influyendo en ellos también la presión ejercida en la escuela, la familia y las amistades, queriendo consumir lo más y elevando así el índice de contraer, un tiempo después, algún problema físico o psicológico.

En los niños, el humo del tabaco debilita el potencial de óxido, reducción del ecosistema bucal favoreciendo la proliferación de bacterias en la placa. Al ser los niños fumadores pasivos, y presentar alto contenido en sangre de cotinina, derivado de la nicotina que indica la exposición al humo de los fumadores, tienden a sufrir más caries en sus dientes temporales. Los hijos de padres fumadores tienen mayor frecuencia de síntomas y enfermedades respiratorias como bronquitis, neumonías y asma. En el caso de los adultos con exposición involuntaria al humo del tabaco les ocasiona irritación ocular y secreción de moco nasal. El tabaquismo puede provocar una gran variedad de trastornos, a corto o largo plazo. Dentro de las consecuencias a corto plazo resaltan las manchas en los dientes, retracción de las encías, irritación de ojos y garganta, arrugas en la cara, mal aliento, así como olor desagradable en el cuerpo.

En el humo del tabaco existen más de 40 sustancias conocidas, capaces de generar cáncer: los 4-aminobifenoles, benceno, níquel, monóxido de carbono, dióxido de carbono, nitrosamidas, amoníaco, y otras que se encuentran como partículas en suspensión.

Su principal contenido es la nicotina que actúa sobre el sistema nervioso central convirtiéndolo en adictivo, tiene efectos antidepresivos y de alivio sintomático de la ansiedad. Ésta se absorbe y llega al cerebro en aproximadamente siete segundos, aumentando la liberación de la dopamina, produciendo placer y alegría por un mecanismo de acción similar al de la cocaína o heroína. La exposición continua aumenta dos o tres veces el número de receptores de nicotina en el cerebro, razón por la que se necesita cada vez más y más de ella para hacerlos reaccionar.

La falta de nicotina produce en pocas horas síntomas de abstinencia como nerviosismo, ansiedad, irritabilidad, frustración, dificultad para concentrarse, aumento del apetito y deseos incontrolables de fumar. Además provoca una vasoconstricción de la microcirculación gingival y como consecuencia se reduce el aporte de oxígeno, células y sustancias quimio tácticas en relación con la respuesta inflamatoria de la encía.

Otro componente del cigarro es el alquitrán, que se considera causante del 85 % de los cánceres. En la cubierta del cigarro se pueden observar una serie de finas líneas, las cuales son de este elemento y que la marca posiciona o acomoda cada cierta distancia para que el cigarro no llegue a apagarse y siga con sumiéndose de forma continua. Dicha concentración provoca que un fumador de cigarrillos estándar tenga hasta cinco veces más probabilidades de contraer cáncer con respecto a otro que fume puros o pipa. Un cigarrillo contiene 20 miligramos de alquitrán y una persona que fuma dos paquetes diarios lleva a sus pulmones 400 miligramos, lo que en un año correspondería a 146000 miligramos.

Los pulmones se encuentran constituidos por más de 300 000 alvéolos pulmonares a los que el alquitrán termina por destruir.

Esta destrucción origina una enfermedad penosa e incurable llamada enfisema pulmonar o asma del fumador. La persona que lo padece prácticamente muere ahogada.

El alquitrán junto con los irritantes, aumentan los riesgos de enfisema, cáncer en lengua, garganta, pulmones, seno, páncreas, útero; además provocan bronquitis crónica, asma, gastritis y úlcera péptica.

Otro componente del cigarro es el monóxido de carbono que reduce la cantidad de oxígeno en la sangre, lo que afecta entre otras funciones el movimiento muscular. Por ello muchos fumadores se fatigan rápidamente al realizar actividades físicas. Esta sustancia es el mismo gas que sale por el tubo de escape de un auto. La sangre asimila más fácilmente el monóxido de carbono que el oxígeno. De manera que al fumar se inhala un gas venenoso y se le impide al cuerpo recibir el oxígeno necesario. El monóxido de carbono presente en el cigarrillo se mezcla con la hemoglobina de la sangre, produciendo una sustancia llamada carboxihemoglobina, la cual impide la conducción del oxígeno en la sangre. Todo esto ayuda al desarrollo arteriosclerótico, y a que las arterias se llenan de placas grasosas y se vuelven rígidas.

Una sustancia más que también contiene el cigarro es el cianuro de hidrógeno, que no es menos importante que las otras sustancias mencionadas anteriormente y también suele ser un factor que produce riesgos en la salud. Paraliza las vellosidades que cubren los pulmones y que sirven para defenderse de cuerpos extraños. Por esta razón los venenos entran rápidamente al pulmón. De ahí que el organismo del fumador se defienda obligándolo a toser.

Cada una de las sustancias que contiene el cigarro, dañan de una u otra forma al cuerpo produciendo diferentes enfermedades que pueden llegar a generar consecuencias graves en la persona adicta y hasta en la que no lo es, pero que están en continuo contacto con el humo del cigarrillo. Todos éstos llegan a ser los principales causantes del índice de gravedad de cada uno de los padecimientos que obtienen por el consumo excesivo de dicha droga.

La nicotina y sus efectos sobre los tejidos bucales

Se trata de una droga psicoactiva y un potente reforzador conductual, capaz de producir severa dependencia química en el consumidor. Actúa según la dosis, pues a dosis bajas es psicoestimulante mejorando la capacidad mental, sobre todo la concentración, y a dosis altas tiene un efecto sedante al actuar como depresor. Se encuentra en un porcentaje de 1 a 2 % en los cigarros, de manera que un cigarro normal de un gramo contiene 10 o 20 miligramos. De ésta, 10 % pasa al humo del cigarro, es decir, 1 o 2 miligramos.

Es fundamentalmente a través de los pulmones donde la nicotina se absorbe de 70 a 90 % y en menor medida a través de la mucosa bucal y plexos sublinguales de 4 a 40 % y de la piel. Se reabsorbe rápidamente de la mucosa nasal, oral y respiratoria; llega al cerebro, donde están los receptores, al cabo de cerca de siete segundos. Es allí donde ejerce su acción sobre el SNC, así como en el sistema nervioso autónomo. Esta relación casi inmediata entre la inhalación del humo y su efecto a nivel cerebral son uno de los factores que contribuyen al alto poder adictivo de la nicotina.

La vida media de la nicotina es de dos horas, oscilando entre una a cuatro de acuerdo con la variabilidad individual, la mayor parte se metaboliza en el hígado y se transforma en uno de sus metabolitos inactivos. Solamente 7 % se excreta por vía renal sin transformarse junto con la cotinina. También pasa a la leche materna y atraviesa la barrera placentaria. Favorece la liberación de algunos neurotransmisores a nivel cerebral como la dopamina y la norepinefrina, que generan sensaciones de placer y alerta.

El cerebro posee receptores nicotínicos que al relacionarse con la nicotina reciben un mensaje que guardarán en su estructura química. Así, posteriormente, cuando se entre nuevamente en contacto con la sustancia, se desplegará el mensaje aprendido. De aquí se deriva su poder activo.

En el cerebro de los fumadores, el número de receptores a la nicotina se incrementan de 100 a 300 % en comparación con no fumadores. La nicotina se une a la liberación de dopamina elevando los niveles de ésta; ambos hechos están relacionados con un mayor abuso de drogas. Aspirar el humo de un cigarro hace que en siete segundos llegue la nicotina al cerebro y allí activa un complejo mecanismo de mensajes químicos y neurobiológicos al tocar el circuito de la recompensa, donde se generan sensaciones de placer y alerta, siendo su zona básica el núcleo accumbens y su principal neurotransmisor la dopamina.

Dentro de los tejidos orales su daño principal es en los tejidos epiteliales de la boca. Se ha podido observar que existe una correlación positiva entre el hábito de fumar y la aparición de cánceres en diferentes partes de la boca. Esto se debe a la presencia de compuestos químicos contenidos en el humo del tabaco con demostrada actividad carcinogénica, lo cual puede explicar el establecimiento de lesiones premalignas cuando el periodo de latencia es largo y las dosis son bajas.

A través de estudios citoflurométricos se ha demostrado que se producen daños a nivel del ADN y modificaciones ultraestructurales. En los tejidos epiteliales de la boca, las células no queratinizadas con núcleo provenientes de los estratos epiteliales más profundos disminuyen.

La nicotina afecta directamente a las células del periodonto. Esta puede almacenarse y luego ser liberada por los fibroblastos, provocándoles cambios en su morfología, alteraciones en su capacidad de adhesión a la superficie dentaria y modificaciones en la síntesis de colágeno. Las sustancias citotóxicas y vasoactivas, incluidas en la nicotina, también producen descenso de la irrigación gingival y un aumento en la cantidad de la placa dentobacteriana.

El alquitrán y los tejidos bucales

Esta sustancia es altamente irritante a las mucosas y encías, aumentando el riesgo de gingivitis. Adicionalmente los dientes se pigmentan, mostrando un color amarillento parduzco y la boca se percibe con un fuerte olor al cigarrillo. En algunas personas disminuyen el sentido del gusto y olfato. En algunos fumadores puede llegar a provocar que ciertos compuestos del cigarro, afecten la función de las células de las encías, haciéndolos más susceptibles a infecciones como la enfermedad periodontal.

Tabaquismo y odontología

El consumo del cigarro en los fumadores puede provocar afecciones, empezando por hacerse visibles las manchas dentales, mal aliento o halitosis, caries, enfermedades periodontales (gingivitis y periodontitis) y cánceres. Un 30 % de los grandes fumadores presentan lo que se conoce como melanosis del fumador (manchas de las encías), causada por alguna sustancia del tabaco inductora de la producción de melanina. La cantidad de tabaco fumada y el tiempo de fumador marcan la intensidad de este cuadro. El abandono del consumo de tabaco suele provocar la remisión completa de la pigmentación, aunque puede tardar más de un año en observarse. A corto plazo, fumar aumenta la secreción salival de ambas glándulas parótidas. Sin embargo, cuando se valora el efecto del tabaco a largo plazo, no parecen haber diferencias estadísticamente significativas respecto a los no fumadores. Los alquitranes y el calor de la combustión, especialmente en los grandes fumadores de pipas, causan la llamada estomatitis nicotínica o paladar del fumador. Se trata de unas lesiones blancas, ubicadas en el paladar duro, que se combinan con lesiones rojas, localizadas en la zona central. Al igual que la melanosis del fumadores un cuadro asintomático que remite al abandonar el consumo de tabaco.

Desde hace mucho tiempo se sabe que el cigarro es uno de los productos más consumidos por la sociedad, esta droga ha llegado a ser adictiva y necesaria para algunas personas. El hecho de que se tome como importante en odontología es porque para iniciar se consume por la boca, donde causa gran cantidad de periodontopatías y que para los dentistas es de especial relevancia para poder identificar la causa de dichas enfermedades.

Cuando el tabaco se pone en contacto con las encías provoca cambios muy rápidos y evidentes. Lo primero que se afecta es el ligamento periodontal, que ya sabemos es el tejido encargado de soportar los dientes para que no se muevan o se caigan. Igualmente, las encías presentan la aparición de manchas blancas o leucoplaquia y de otras lesiones similares que dañan su constitución normal y producen enfermedades periodontales, con la consiguiente pérdida de piezas. Asimismo, influye en la aparición del cáncer en la boca. Los componentes del cigarrillo manchan los dientes y se comportan como abrasivos favoreciendo la aparición de caries. Esto explica, en parte, un incómodo problema que presentan los fumadores: mal olor de boca o halitosis, síntoma que afecta la sociabilidad de los fumadores y es indicativo de cambios importantes en su cavidad bucal.

El tabaco es el responsable del 50 % de los cánceres esofágicos, 50 % de los bucales y 70 % de los de laringe.

En el consultorio dental la enfermedad periodontal es una consecuencia comúnmente ocasionada por el tabaquismo y que desde tiempo atrás ha producido una lucha constante para evitar la evolución de esta misma en pacientes fumadores activos.

El cirujano dentista tiene la obligación de informar al paciente, de manera correcta y concreta, sobre todos los posibles problemas que le puede ocasionar el consumo del tabaco.

Halitosis como consecuencia del tabaquismo

Es raro no encontrar alguien que no haya sufrido alguna vez este problema, o en su caso tener que soportar a alguien que lo padezca. Ésta, aunque propiamente no es considerada como una enfermedad, no se debe tomar a la ligera, ya que puede dificultar las relaciones sociales, y derivar en consecuencias psicológicas y emocionales.

Las causas del mal aliento son tan variadas que muchos expertos no se atreven a dar una respuesta del por qué ocurre. Los psicólogos llegan a denominarla como halitosis imaginaria, caracterizada por una sensación de inseguridad cada vez que se habla con otra persona y con tendencia a auto olfatearse el aliento constantemente.

Pueden existir diferentes definiciones y causas que ocasionan este problema; esto dependerá de la persona que lo está tratando. Dentro de la odontología se consideran varias razones por las que se presenta: mala higiene bucodental, problemas gastrointestinales, consumo indebido de algún producto (alcohol, cigarro, cebolla, huevos, etcétera).

La palabra halitosis proviene del latín halitus que significa aliento y el sufijo osis que se refiere a un estado morboso. Sus sinónimos son: bromopnea, mal aliento y aliento de dragón y se utilizan para describir una sensación desagradable, a veces ofensiva, que provoca el aire espirado por la boca y que es percibido por una persona que generalmente se encuentra enfrente.

Puede definirse como una condición de salud bucal caracterizada por mal aliento persistente. A menudo, identificar sus orígenes es el primer paso hacia el tratamiento de esta condición prevenible.

Existen muchos factores etiológicos para tener mal aliento, uno de ellos es el cigarro. Para los fumadores habituales puede resultar normal el aliento de un compañero también fumador, por eso el consumidor es el último en darse cuenta de la causa principal de su problema debido a que lo general se encuentra rodeado por personas que también lo consumen. Los fumadores se acostumbran tanto a ese olor en la boca que no lo siente o percibe, pero las personas que no fuman intentarán evitar las conversaciones a corta distancia con fumadores debido a  olor a tabaco que proviene de sus bocas.

La nicotina y el alquitrán, presentes en el cigarrillo, se incorporan en la lengua y los dientes y no sólo pueden generar olor a cigarrillo sino agravar periódicamente su halitosis.

Las causas que la producen pueden ser mal o pésima higiene dental, presencia de lesiones cariosas, enfermedades de las encías, uso de ciertas prótesis, úlceras bucales y el tabaco. Incluso puede deberse al exceso de sequedad en la boca, lo cual puede estar provocado por más de trescientos fármacos, entre los que se encuentran antidepresivos y antihistamínicos. Asimismo, es un problema que se exacerba con el estrés.

Por lo general, el tipo de olores síntoma de problemas muy concretos. Por ejemplo, el “olor a podrido” puede ser indicativo de deterioro dental, enfermedad de las encías o sinusitis; un “olor afrutado” síntoma de diabetes mellitus; el “olor a queso” en un niño suele avisar de la presencia de un cuerpo extraño en la nariz. Un “olor aorina” puede ser síntoma de falla renal.

Existe una clasificación que este problema: halitosis verdadera, pseudohalitosis y halitofobia. La halitosis verdadera se subclasifica en fisiológica y patológica y ésta última a su vez en patológica de origen bucal y patológica de origen extrabucal.

Cómo detectar y medir el mal aliento

Control del soplo: consiste en soplar sobre las manos en forma de copa colocadas por delante de la boca.

Opinión del entorno: pareja, amigos, etcétera.

Hilo de seda o cepillo interdental: después de su utilización, el control del olor nos da una objetividad parcial sobre el mal aliento.

Test de la saliva en el puño: chupar la cara interna del puño, dejar secar la saliva y oler. Permite verificar si la saliva es un vector del mal aliento.

Después de haber revisado todo lo anterior podemos concluir que el cigarro es uno de los principales causantes de este problema y que el uso de una buena técnica de cepillado, tres veces al día, así como de enjuagues bucales mejoran el problema. Pero sobre todo el hecho de no fumar.

Manchas en los dientes por tabaquismo

En los fumadores los dientes tienden a mancharse de forma gradual, por la acción de la nicotina y el alquitrán. El humo de los cigarrillos contiene sustancias químicas que se adhieren fuertemente a las superficies dentales. El consumo regular de tabaco induce a modificaciones significativas en la mucosa oral. Éstas van a consistir en la aparición de coloraciones y lesiones diversas, pudiendo llegar hasta los carcinomasorales. El tabaco, sobre los dientes, produce coloración superficial (pardo amarronado) y favorece la aparición de sarro dental. Los productos del alquitrán penetran dentro del diente atravesando el esmalte, llegando incluso hasta la dentina donde se difunde la mancha. Su color puede variar desde el amarillo oscuro hasta el negro, según el tipo y cantidad de ltabaco fumado. Con el tiempo las encías se empiezan a retraer, dejando expuesta la raíz dental y comenzando así la enfermedad periodontal.

Las superficies de los dientes que estén ásperas o sucias se mancharán más rápidamente que las lisas y limpias y no se pueden eliminar con el cepillado regular, sino que requieren de un blanqueamiento o la colocación de coronas o carillas.

Tabaquismo y caries

Las caries son grietas o cavitaciones ocasionadas en las superficies duras de los dientes que suelen ser causadas por la descomposición generada por la acción de las bacterias en la boca. Cuando esta descomposición atraviesa el esmalte, hay dolor, en ocasiones severo. El tabaquismo aumenta el riesgo de caries en el adulto, pues al favorecer alteraciones en el tejido de soporte ocasiona la migración gingival y con ello la exposición de los cuellos dentarios, incrementándose la formación de caries radiculares. Por otro lado, disminuye el flujo salival. El humo del cigarrillo provoca caries en niños expuestos a un ambiente de tabaquismo. Y esto se demuestra con las altas concentraciones sanguíneas de cotinina que desarrollan, la cual es un producto intermedio de la nicotina, tendiendo a sufrir más caries al grado de duplicar el riesgo de un niño a padecer caries. La nicotina es una de las sustancias del tabaco que promueve el crecimiento de las bacterias que producen caries en los dientes.

La enfermedad periodontal y el tabaquismo

Es es un padecimiento crónico y progresivo que ocasiona que los dientes se pierdan. Se caracteriza por una inflamación de la encía que destruye el soporte óseo circundante de los dientes hasta que se caen. Su principal factor etiológico es la placa dentobacteriana. La asociación entre el hábito de fumar y la enfermedad periodontal se basa fundamentalmente en los efectos potenciales de las sustancias relacionadas con éste, como nicotina, monóxido de carbono y benzopireno, las cuales actúan como vasoconstrictores produciendo isquemia y reducción de la respuesta inflamatoria vascular, así como de la respiración celular. Dichas sustancias actúan directamente sobre los macrófagos y fibroblastos lo que obviamente retrasa la cicatrización. Es por esta razón que existe una tendencia a que se produzca la enfermedad periodontal en los fumadores activos, produciéndose un círculo vicioso que comienza con un menor aporte sanguíneo hacia la encía, así como de oxígeno disminuyendo sus mecanismos defensivos contra las bacterias de la placa dentobacteriana. Aunque se sabe que una buena ventilación puede ayudar a reducir la irritabilidad que causa el humo en los no fumadores, pero no elimina sus componentes tóxicos. La exposición al humo ambiental del tabaco trae serias consecuencias para la salud de los fumadores y los no fumadores.

Gingivitis y tabaco

Los primeros signos y síntomas que aparecen en las fases iniciales de la gingivitis son:

• Enrojecimiento e hinchazón de la encía con sangrado al cepillado dental o de manera espontánea

Una vez establecida la enfermedad periodontal y existe periodontitis, suelen aparecer otros síntomas tales como:

• Retracción de las encías, sensación de dientes más largos

• Movilidad dentaria

• Separación entre los dientes

• Aumento de la sensibilidad dentaria, sobre todo al frío y debido a la retracción gingival

• Sensación de quemazón y dolor de encías

• Mal aliento

• Aparición de abscesos y flemones en la encía

Son, todas ellas, alteraciones que tienen una causa infecciosa de tipo bacteriana. Las bacterias que viven en la boca, alrededor de los dientes, y que no se eliminan correctamente ganan acceso al espacio entre diente y encía y pueden colonizarlo creciendo en número, además provocan la reacción inflamatoria, así como destructiva que define a estos padecimientos.

Periodontitis y tabaco

Los estudios sobre población indican que los fumadores, especialmente quienes lo hacen en demasía, tienen una clara tendencia a la enfermedad periodontal. Esto se explica por el efecto local de los productos derivados de la combustión del tabaco y el efecto general desencadenado por los productos tóxicos del mismo sobre el organismo. La encía recibe menos sangre, menos oxígeno y sus defensas bajan contra la acción de las bacterias de la placa. Esto a la larga produce la destrucción de los tejidos de soporte del diente. Actualmente se acepta que el tabaquismo es un factor independiente y directo que acelera la pérdida ósea alrededor de los dientes por medio de cuatro mecanismos:

• La nicotina produce una vasoconstricción de la microcirculación gingival, como consecuencia se reduce el aporte de oxígeno, de células y de sustancias quimiotácticas en relación con la respuesta inflamatoria gingival.

• El humo del tabaco provoca una disminución de la inmunidad celular y humoral, en particular de la actividad quimiotáctica y fagocitaria de los leucocitos.

• El humo del tabaco debilita el potencial de óxido-reducción del ecosistema bucal favoreciendo la proliferación de las bacterias de la placa

Los aspectos clínicos de la enfermedad periodontal son mayores en los fumadores que en los no fumadores, y el hueso alveolar es más susceptible a la reabsorción en los fumadores.

Cuando la nicotina y sus metabolitos son absorbidos por los tejidos, se unen a receptores específicos e inducen a la liberación de adrenalina, lo que produce una vasoconstricción periférica; esto ocasionará el drenaje de los catabólicos residuales y alterará el pH de los tejidos, así como el potencial del óxido de reducción de los mismos.

Anteriormente las personas que dejaban de fumar a los 35 años poseían un patrón de pérdida de dientes que no difería estadísticamente de los no fumadores.

Tipos de cáncer en la boca relacionados con el cigarro

El riesgo de padecer un tipo de cáncer en la boca en un fumador es seis veces mayor al de un no fumador. El tabaco afecta seriamente la integridad de la boca y la estética del rostro. La cavidad bucal es la que tiene el primer contacto con el tabaco y sufre su acción directa irritante por los componentes tóxicos del humo y la acción carcinogénica de los alquitranes, benzopirenos y nitrosaminas. Cada bocanada de humo rellena la boca antes de ser aspirada en los pulmones. La más grande concentración de sustancias tóxicas se encuentra, obviamente, en la boca y ataca las mucosas. La mayoría de los cánceres de la cavidad bucal nace en las células planas que tapizan el interior de la boca. El tabaco, en la boca, actúa con agresividad ya que suma el calor de la combustión con los elementos tóxicos que contiene el humo. El cáncer bucal puede formarse en cualquier parte de la boca ogarganta. La mayoría comienzan en la lengua y piso bucal. Cualquier persona puede tener un cáncer bucal, pero el riesgo es más alto en los hombres, mayores de 40 años, fumadores o consumidores de alcohol o en personas con antecedentes de haber tenido un cáncer de cabeza o cuello. La exposición frecuente al sol, también es un factor de riesgo de cáncer bucal.

Los síntomas del cáncer bucal incluyen:

• Manchas blancas o rojas dentro de la boca

• Una úlcera en la boca que no se cura

• Hemorragias en boca

• Caída de dientes

• Problemas o dolor al deglutir

•Abultamientoenelcuello

• Dolor de oído

Otros tipos de lesiones de la mucosa bucal

• Palatinitis nicotínica

• Leucoplasias

¿Qué hacer ante este fenómeno?

En odontología, el consumo de tabaco es considerado como uno de los factores que provoca diversos tipos de patología, lo que hace necesario que cada dentista en el ámbito de su consultorio establezca medidas preventivas para saber cómo sensibilizar a los pacientes sobre lo que puede ocasionar el fumar, el no fumar y la manera de acudir a revisiones periódicas.

Actualmente se estima que el tabaquismo provoca 5 millones de muertes cada año y se prevé que para el 2020 lleguen a los 10 millones. De igual manera, más de 700 millones de niños se encuentran expuestos al humo del tabaco en sus hogares.

La planta del tabaco es originaria de América y el hombre ha consumido el humo del tabaco desde hace aproximadamente 2000 años. El componente químico principal es la nicotina, sustancia que la hace adictiva, ya que es sedante y estimulante a la vez. El tabaco fue descubierto en 1492, cuando Cristóbal Colón llegó a la tierra de los indios arahuacos, en las Antillas. Su conocimiento inicial en Europa se realizó a través de las crónicas de Fray Bartolomé de las Casas y por el informe que el fraile Romano Panele rindió al rey Carlos Ven 1497, en donde describía las virtudes medicinales. Américo Vespucio informó que los indios de una de las islas de Venezuela lo masticaban. Se sabe que los mayas, desde antes de la conquista, lo empleaban con fines religiosos, políticos y medicinales. Los aztecas lo conocían como yetl y lo empleaban como agente medicinal, sustancia narcótica y embriagante. En 1510, los hombres de Colón llevaron las primeras semillas a España. Para finales del siglo XVI, el uso del tabaco se había extendido a casi todos los rincones del mundo, gracias a los viajes de los marinos europeos.

En muchos países, actualmente, existen áreas restringidas para fumar, esto con la finalidad de proteger a las personas llamadas fumadores pasivos. No es una la enfermedad que ocasiona esta adicción, son muchas y afectan a varios órganos.

Se considera que es de mayor relevancia incorporar al “Programa de Estudios de las Escuelas de Educación Básica y Media Superior”, información sobre el daño que ocasiona el tabaquismo y a que siempre será mejor prevenir que curar. Médicos y maestros deberán tomar conciencia y asumir su papel como líderes y modelos sociales para contribuir a la lucha contra el tabaquismo. Los médicos gozan de oportunidades únicas y medios eficaces para promover el abandono de tabaco.

Un 70 % de los fumadores consultaron a un médico por lo menos una vez al año.

Algunas de éstas se producen cuando el paciente está asintomático y puede ser en especial receptivo a los mensajes que pueden ser breves, de abandono del tabaco de tal forma que se incida de manera sustancial en las tasas de abandono, incluso duplicarlas.

El tratamiento de la adicción a la nicotina tiene una relación costo-eficacia por lo menos tan alta como la de tratar otros problemas médicos comunes como la hipertensión arterial. La adicción debe ser considerada como un problema médico crónico que tiene una implicación a largo plazo y requiere técnicas para su tratamiento. En el primer nivel de atención público y privado se solucionan 85 % de los problemas de la salud en centros que cuentan con médicos pasantes de medicina o enfermeras en puestos de salud o servicios médicos dentro de las fábricas o en las Unidades de Medicina familiar que disponen de un servicio de promoción de la salud o medicina preventiva. Se debe realizar prevención primaria ya que se está en contacto directo con la comunidad y grupos de alto riesgo.

Las leyes que se han aprobado en los últimos años en México en materia de salud y protección a los no fumadores reflejan sin duda el compromiso del gobierno en su lucha por el control del tabaquismo en el país. Logro alcanzado gracias al consenso de las fuerzas políticas, interés de las autoridades sanitarias, apoyo de la sociedad civil participación de instituciones académicas y de investigación. Todo ello habla por sí mismo de l ambiente propicio para el control del tabaco que se vive hoy en México hoy frente a este grave problema de salud.

El papel del dentista es valioso porque puede detectar manifestaciones de un fumador en la cavidad bucal, lo más importante es asesorarlo y motivarlo para que deje ese pernicioso hábito, explicándole todos los daños que ocasiona en su cuerpo y en el de sus familiares.

Referencias bibliográficas

cdigital.uv.mx/bitstream/123456789/36886/1/peraltamiñoz.pdf

www.facmed.unam.mx/sms/temas/2009/09_sep_2k9.pdf

www.fundacioncarraro.org/descarga/revista32_art3.pdf

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