La odontología prehispánica (cuarta parte)

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Por la C.D. C.M.F. Catalina Muñoz Velázquez

Continuando con este interesante tema, de la odontología prehispánica en México, es conveniente saber que la mutilación dentaria en el valle de México es un poco más antiguo, puede pensarse que esta zona fue la cuna de la costumbre (estimulada tal vez por el temor al animal) y que su desarrollo durante el arcaico inferior permitió que se difundiera en Oaxaca, Veracruz y la zona maya con los elementos necesarios para surgir en esas regiones de manera más elaborada y ya con incrustaciones. Otros hechos nos obligan a considerar diferentes supuestos. La misma falta de antecedentes que se observa respecto a las incrustaciones dentarias de Oaxaca y Uaxactún existe para la totalidad de las primeras fases culturales de Mesoamérica, calificadas de altas culturas desde que aparecen. En consecuencia, resulta anómalo y poco sostenible que un rasgo como la mutilación dentaria sí tenga sus antecedentes dentro de los mismos estratos arqueológicos en la misma zona; es decir, en el valle de México. No obstante, no hay por qué descartar del todo la primera hipótesis; en cambio resulta pertinente ampliar la perspectiva para conocer algo más sobre el tema fuera de América.

Adolfo Dembo y D. Imbelloni informan de muchas tribus que practican o practicaron la mutilación dentaria en África, el archipiélago malayo y hasta en las islas de Japón. Linne, por su parte, informa que en Filipinas se acostumbró a incrustar los dientes con oro, tradición que aún sobrevive en Borneo y Sumatra. Este autor expresa que no hay pruebas de que la costumbre practicada en el sureste asiático de limar e incrustar los dientes se haya trasmitido a América y aduce para justificar su punto de vista la evidencia de su gran antigüedad en la región maya.

Algunos de los tipos de mutilación dentaria del sureste de Asia son distintos a los que se presentan en la tabla de clasificación tipológica para Mesoamérica, pero otros son iguales.

La distribución geográfica de esta costumbre es bastante amplia en el antiguo continente, donde se conservan numerosas huellas de la remota propagación de grupos humanos y complejos culturales. Así pues, parece un poco rígida la idea de que en América, sin ningún tipo de influencia, se hayan inventado procesos de mutilación dentaria para producir resultados prácticamente iguales.

Es probable que el hombre haya descubierto varias veces la agricultura, y tal vez inventado la cerámica otras tantas como medio de satisfacer una imperiosa necesidad. Pero es difícil aceptar la doble invención de un rasgo cultural tan poco utilitario como la incrustación de pequeños discos en los dientes.

La opinión que hoy generalmente se sustenta es que América fue poblada por emigrantes de Asia, quienes llegaron por el estrecho de Bering en una época en que no se había desarrollado aún la civilización en el viejo mundo. Así, lo más que pudieron haber traído consigo fueron los simples rudimentos a partir de los cuales pudo forjarse una civilización en América. Desde esta perspectiva, las civilizaciones de México y Centro América en nada contribuyeron para la formación de las del antiguo continente, en vista de su aislamiento, pero tampoco recibieron aportaciones.

Aunque nadie niega la procedencia asiática de gran parte de la población indígena americana, es evidente que hay ciertos grupos cuyas características raciales son distintas. No sería imposible que América recibiera grupos de población de Oceanía en épocas sumamente antiguas, lo que explicaría la presencia de rasgos negroides en la fisonomía de las figuras conocidas como “Los danzantes” de Monte Albán, Oaxaca, y en las gigantescas cabezas monolíticas de La Venta, Veracruz.

Resulta sorprendente conocer que tanto en Asia como en África y Mesoamérica existen vestigios de mutilaciones y tallados dentarios, algunos similares y otros completamente diferentes. En México, particularmente en el área de los mayas, zapotecos y totonacas existen varias pruebas de ello. Sólo basta acudir a los diferentes museos de cada zona arqueológica. Pero ¿quién les transmitió a ellos los conocimientos para hacerlas?, ¿con qué instrumentos tallaban los dientes y cómo controlaban a los individuos que eran sometidos a los tallados?, ¿utilizaron cementos para colocar las incrustaciones de oro, turquesa y jade? Todas estas interrogantes sólo ocasionan que se tengan suposiciones pero basta revisar los cráneos y mandíbulas con dientes tallados encontrados en estas zonas para entender a cabalidad que se trataban de razas superiores con conocimientos diversos y que dominaban muchas esferas de su vida cotidiana con base endichos conocimientos y su aplicación.

La mutilación dentaria es un rasgo cultural que se encuentra asociado con otro: la deformación craneana. Si todavía no se sabe cuál es la antigüedad de las mutilaciones dentarias en el sureste de Asia, en cambio se tiene la certeza de que la deformación craneana es mucho más antigua allí que en América.

Este rasgo cultural tiene en el viejo mundo una distribución geográfica más amplia que la mutilación dentaria, y comprende el occidente de Europa, el norte de África, el sur y sureste de Asia y prácticamente toda Oceanía. La deformación de tipo tabular erecto se encuentra tanto en Hawái como en las islas Marquesas y otras más; si en ellas se inventó independientemente, entonces, sin duda, habrá sido por quinta, sexta o séptima vez en América. Por esta razón existe la posibilidad de que esa costumbre haya llegado a América, en unión de otros rasgos como la mutilación dentaria. Se explicaría así que, en las primeras fases culturales de Oaxaca y la zona maya, la mutilación aparezca acompañada por incrustaciones y que haya evidencias de esa costumbre en sitios tan distantes como el sur de Argentina, lo que significaría que las regiones australes pudieron recibir la influencia de grupos oceánicos que llegaron a América por puntos localizados más al sur que aquellos que les dieran entrada en la zona Mesoamericana. Si la difusión transoceánica se llegara a demostrar, la mutilación dentaria habría llegado a América en, al menos, dos ocasiones a consecuencia de sucesivas oleadas migratorias.

En todo caso, la interrogante continúa ¿cómo es que la mutilación dentaria surge de pronto en el valle de México, y acto seguido aparece en Oaxaca, Veracruz y la zona maya con modalidades que implican un considerable adelanto cultural? La respuesta de esta cuestión es apenas la punta de una larga sarta, pues en América la mutilación dentaria adquirió un alto valor religioso, fundamentalmente en la representación de los dioses que aparecen en las urnas de Oaxaca y en la de Chac, deidad de primer orden en el panteón maya.

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