La odontología prehispánica (última parte)

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La impresionante riqueza cultural de nuestros ancestros es vasta, dominaban todos los conocimientos y en el caso de los dientes no era la excepción. Existía personal altamente especializado y calificado para efectuar este tipo de trabajo que ya vimos estaba dirigido a clases altas y dignatarios de las diversas culturas de Mesoamérica. En México se han encontrado diversas manifestaciones de este arte en el que el órgano dentario se le utilizaba, por así decirlo, para almacenar datos sobre usos religiosos milenarios, pudiendo constituirse en piezas importantes para la elaboraciòn de teorías sobre la evolución del hombre.

Gutierre Tibón sostiene que “las incrustaciones dentarias obedecían a ideas mágico reli-giosas y eran privativas de personas de alto rango político y sacerdotal, el mando y el sacerdocio coincidían en la sociedad prehispánica”.

Una de las razones probables por las que el diente se hizo objeto de culto fue que para los
indígenas americanos representaba poder, liderato y dominio. Tibón aporta pruebas de procedencia diversa para apoyar esta interpretación.

En distintos lugares de la Biblia, por ejemplo, se habla de losdientes como símbolo de poder. Jeremías alude a su humillación diciendo: “Me quebró los dientes con cascajo”, para luego aclarar sin lugar a dudas más adelante: Fui escarnio de todo mi pueblo… Pereció mi fortaleza.)

Antiguos cronistas, como Sahagún y Torquemada, describieron este paraíso en el que los hombres podrían gozar después de su muerte. En el tlalocan todo es felicidad, alegría, juegos y regocijo; allí vuelan las mariposas policromadas, de allí salen los ríos y ríen las fuentes; las tierras son fértiles y las flores más hermosas y aromáticas. En dicho sitio es donde la vida se desliza entre cantos, bailes y juegos de pelota. Este es el concepto de la felicidad que nos han transmitido los cronistas y que está representado en esta obra extraordinaria de la gran cultura teotihuacana. En el fresco multicolor se encuentra un fragmento de gran interés para nosotros: pues ahí es donde todo es felicidad, en el tlalocan, un individuo parece limar los dientes con un pedernal a otro sentado frente a él.

La cultura teotihuacana fue vasta desde todos los puntos de vista, arquitectura, orfebrería, teología, trabajos en oro y piedras preciosas, colocación de incrustaciones de jade y oro en los dientes, con un tallado exacto que permitieron colocarlas aún sin utilizar cemento alguno; actualmente todavía se pueden observar en muchos museos del país o del extranjero cráneos con los dientes trabajados de esa manera. No en vano el nombre Teotihuacán significa tierra de dioses.

En el Popol Vuh aparecen similares simbologías, sobre todo en el episodio en el que el dios
Siete Guacamaya pierde los dientes, y con ellos, su aspecto de jefe, su temible figura y finalmente la vida.

Entre los antiguos nahuas el mismo idioma reflejaba la asociación entre los dientes y el po-
derío. Tlanti (diente) forma parte de una serie de palabras que simbolizan la ostentación, ganancia o pérdida del poder. Tlantla significa “ser poderoso”; Omotlanti equivale a “tomar el gobierno” o tomar las riendas del poder político; Tlantlaza es “romperse los dientes” y expresa en sentido figurado la pérdida del poder; Tlantepehua significa literalmente “romper los dientes a alguien”, y es una manera de expresar la degradación de una persona.

Por otra parte, el radical tlanti se emplea en lengua náhuatl para indicar lugar. Asi Coatlán es “el lugar del dios culebra”, Mazatlán es “el lugar del dios venado”; Amatlán es “el lugar de los amates”, y muchos ejemplos más. Esta aplicación del radical tlán se reproduce exactamente en la escritura jeroglífica, puesto que las representaciones gráficas de los nombres incluyen el dibujo de una encía y dos o tres dientes.

Es probable que esta asociación con los lugares ligue el símbolo del diente con la idea del
poderío y señorío sobre tal o cual sitio. Sin embargo, Tibón ofrece una interpretación diferente: “El diente, fijo en su alvéolo, es paradigma de lo que está.” La representación jeroglífica de tlán en los nombres del lugar es, desde luego, una pareja de muelas.

Otro aspecto que ilustra elocuentemente el valor mágico y mítico de los dientes lo constituye la interpretación de los sueños; al respecto pueden observarse asociaciones sumamente interesantes entre las tradiciones de los indígenas de Mesoamérica y el viejo mundo.

Los griegos, por ejemplo, al interpretar los sueños señalaban que la caída de un diente simbolizaba la muerte de un miembro de la familia. Entre los semitas del medio oriente aún se conserva la creencia de que la caída de uno sin que la encía sangre anuncia la muerte inminente de un pariente cercano: si la pieza caída es una muela, se trata de un anciano; si un premolar, una persona de edad media, y si un incisivo o un cani-no, entonces el fallecimiento será de un niño.

Entre los mayas la interpretación que los onirománticos daban a los sueños era exactamente igual, Robert Redfield y Alonso Villa Rojas informan sobre sus hallazgos en la aldea Chan Komen; en Quintana Roo, y sus datos sobre las interpretaciones prehispánicas de los sueños coinciden casi exactamente con el modelo semita. Aunque estas tradiciones pudieron pasar a América con los españoles, incorporándose a las tradiciones mayas, cuando Redfield y Villa Rojas hicieron sus investigaciones (principio de la década de los treinta), Quintana Roo se hallaba prácticamente insumiso y, se considera, preservaba las tradiciones culturales mayas poco menos que intactas. Estas similitudes constituyen, por tanto, un indicio sumamente interesante de la existencia de un patrón cultural común entre América y el Asia Menor.

Tlalocan, paraíso mural

Teotihuacán, que significa “lugar donde los hombres se vuelven dioses”, fue un gran cen-
tro ceremonial que los conquistadores aztecas encontraron ya en ruinas, pues parece que fue incendiado a principios del siglo X o tal vez antes. El enigma que debió representar para ellos subsiste quizás más desconcertante en la actualidad.

Se han descubierto suntuosos palacios como el de las Mariposas y el de los Caracoles Emplumados, extrañas construcciones decoradas con frescos de inigualable colorido, a más de que, entre las pirámides del Sol y la Luna, han surgido las rumas de un enorme núcleo culrural y urbano cuyos orígenes no han sido todavía clarificados del todo.

En un sitio cercano al centro ceremonial de Teotihuacán, se en- cuentra Tepantitla con los restos  de un antiguo palacio. Allí se conserva todavía un fresco prehispánico tal vez el más importante para nosotros, que representa el tlalocan o paraíso terrenal, y en el que se encuentra un testimonio directo del tema tratado aquí.

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