Orígenes y enseñanza en México (1a parte)

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Por la C.D. C.M.F. Catalina Muñoz Velázquez

Los problemas y necesidades dentales, siempre han existido desde tiempos ancestrales. Diversidad de atención o de remedios dentales, no necesariamente con fines curativos, eran practicados por el ser humano.

De nuestra herencia indígena tenemos crónicas y aseveraciones que resaltan los conceptos de la preocupación dental y la evolución hasta la edad media en donde barberos, gentes a caballo y viajeros ambulantes en Europa, y más adelante en América, se especializaban en la atención de los dientes.

La educación y habilitación de los personajes que a la dentistería se dedicaban, eran producto de su propia iniciativa o herencia, su audacia y de sus enseñanzas a través de sus propios errores.

Posteriores a esas épocas, eran los médicos quienes se responsabilizaban de la atención bucal. El Dr. Pierre Fauchard, nació en Bretaña en 1678, cirujano militar que ejerció en París a partir del año de 1719, hasta su muerte en 1761, fue quien en su tratado Le Chirurgien Dentiste estableció a la Odontología como una verdadera profesión, propiciando el ritmo de su perfeccionamiento y erradicando la superstición y la ignorancia, dando paso a sólidos principios que han sustentado a la Odontología como ciencia y como arte.

El mundo primitivo

De los pueblos indios que emigraron de los bosques norteamericanos hacia el sur, (Centro América y Sudamérica), se desarrollaron múltiples tribus de las cuales resaltan a los mayas, pueblo pacífico de gran cultura, que habitaron en la península de Yucatán y lo que ahora es Guatemala y Honduras; y los aztecas, en el centro de México, destacándose como grandes guerreros.

Los mayas

El nombre del obispo Diego de Landa, director espiritual de los españoles, se registra como el causante de la gran destrucción de pergaminos y escritos que contenían la historia y tradiciones del pueblo maya. Debido a otra nefasta actitud de los conquistadores, sabemos muy poco de la civilización maya, cuya historia comienza por el año 2500 a.C., llegando a su esplendor máximo el año 300 d.C. al 900 d.C. a partir del cual declina lenta y permanentemente.

Los mayas tenían grandes conocimientos de las Matemáticas y la Arquitectura, gran dominio del tiempo, diseñaron un calendario muy exacto. Eran grandes orfebres del oro, plata y bronce, y del arte lapidario.

Sus antecedentes odontológicos los definen como preocupados por sus dientes, pero no por su curación, sino por propósitos rituales, religiosos o por adorno personal. Incrustaban minerales como la jadeita, pirita de hierro, hematites, turquesa, cuarzo y otros.

Hablar de odontología prehispánica, sobre todo en nuestro país, resulta un poco difícil ya que existen numerosos estudios y vestigios que comprueban y demuestran que los antiguos pobladores del territorio mexicano, antes de la conquista ya tenían una amplia cultura en todos los aspectos. Sabían cómo curar las dolencias dentales y las enfermedades de las encías. Pero lo más asombroso es que tenían un gran conocimiento de los tejidos externos e internos de los dientes, de manera que podían tallarlos para colocarles incrustaciones de oro o de jadeíta sin dañar a la pulpa dental. Igualmente resulta impresionante el uso de técnicas, que aunque rudimentarias, porque no tenían alta velocidad, verdaderamente sofisticadas para elaborar las cavidades dentarias y colocar con precisión las incrustaciones. Asimismo no pegaban estas incrustaciones con cemento alguno simplemente encajaban a la perfección sin caerse, de tal manera que los cráneos que se han encontrado todavía conservan dichos trabajos a la perfección. Sus conocimientos sobre el manejo de los metales con el método de la cera perdida todavía se siguen utilizando.

El Dr. Samuel Fastlich, de origen mexicano, gran autoridad mundial en odontología precolombina nos ilustra de las posibles brocas y taladros con arco y cuerda para preparar los dientes para recibir las incrustaciones metálicas.

Otros datos primitivos son el ennegrecimiento de los dientes, su ranuración o mutilación para resaltar al individuo o algún hecho heroico como parte de su culto, tal y como lo representa una cabeza de terracota del año 400 d.C., encontrada en Veracruz, y que tiene los dientes pintados con resina negra por motivos estéticos.

Los aztecas

El pueblo Azteca se ubica en las tierras altas del Valle de México, unos 50 años después de haber sido abandonada Teotihuacán, conquistando a las tribus vecinas y adoptando sus costumbres.

Fray Bernardino de Sahagún, en su Historia General de las Cosas de la Nueva España, nos ilustra, también, sobre las prácticas odontológicas de los aztecas. Ellos hacían uso de la mutilación dental limando o incrustando piedras de gran estima en los dientes.

Para tratar algunas enfermedades utilizaban hierbas y otros derivados botánicos. Identificaban el sarro, la caries y las fracturas dentarías. Los aztecas creían que la caries era producida por un gusano, el cual eliminaban masticando chile picante.

Enfatizaban que sólo los niños nacidos en luna llena tenían el labio leporino.

Fray Bernardino de Sahagún, nos refiere que cuando sufrían de dolor de muelas lo usual era machacar un gusano, mezclarlo con esencia de trementina; y pintar, con esa mezcla, la mejilla del paciente. Al mismo tiempo se colocaba un grano de sal dentro de la cavidad del diente o muela y se cubría con pimienta caliente. Se hacía entonces una incisión en la encía, colocando en ella la hierba tlalcacaoatl. Finalmente si el dolor y la infección continuaban el diente era extraído.

En el Valle de México, en el antiguo palacio de Tepantitla, del centro religioso de Teotihuacán, se encuentra un fresco precolombino en donde se observa un hombre limando los dientes de otro, utilizando un filoso pedernal de hace más de 1500 años.

En un informe enviado a la Dirección de Identidad Universitaria escribíamos: “El escudo de la Facultad de Odontología, UAEM, se muestra una imagen que simboliza la Odontología mexicana, remontándonos al corazón de Mesoamérica y Teotihuacán, en su etapa de mayor esplendor. A medio kilómetro al este de la pirámide del Sol, se encuentran las ruinas de un palacio, lugar conocido con el nombre de Tepantitla, cuyo significado es lugar de los paredones.

La escena nos muestra a un curandero que en su mano izquierda sostiene un cuchillo de pedernal con el que, probablemente, lima los dientes de otro sujeto o lleva a cabo cualquier otra intervención en la boca. La boluta, signo de la palabra se interpreta como la comunicación entre ambos. En esta imagen podemos observar una copia moderna de Miguel Covarrubias, resguardado en el Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México.

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