Trastornos del habla

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POR EL C.D. C.M.F. JOEL OMAR REYES VELÁZQUEZ

El lenguaje es un medio de comunicación a través de un sistema de símbolos. En el niño es de gran importancia su adquisición, la cual se realiza entre los 11 meses y los 3 años de edad. Alrededor de los cuatro años ya se forman pequeñas frases correctas. El lenguaje del niño parte de lo que es normal a la edad en que se encuentra, pero las manifestaciones de los trastornos del lenguaje son notablemente variadas. La adquisición del habla requiere que el niño sea expuesto al lenguaje y poseer el equipo biológico necesario para descodificarlo y producirlo. Esto implica tener el aparato sensorial adecuado para percibir la entrada del lenguaje, tener un cerebro que pueda descubrir y aprender la estructura subyacente del lenguaje y un aparato articulatorio que pueda producir los sonidos del habla. Los trastornos del lenguaje pueden aparecer si el niño tiene una inadecuada exposición al lenguaje o si padece condiciones médicas que afecten las bases biológicas para el aprendizaje de éste. Sin embargo, en la mayoría de niños que presentan dificultades del habla no aparece ninguna causa obvia. Su oído es normal, la inteligencia no-verbal es adecuada, no hay ningún trastorno físico o emocional que afecte el habla y el ambiente lingüístico de casa parece correcto.

Lenguaje específico y trastorno del lenguaje

Disfasia del desarrollo, lenguaje específico y trastorno del lenguaje. El origen del trastorno del lenguaje es aún desconocido. Se describió alrededor de principios de siglo pasado por un grupo de neurólogos que notaron similitudes entre los síntomas observados en niños y aquellos vistos en adultos afásicos después de sufrir lesiones focales del cerebro. El término de disfasia del desarrollo fue propuesto para describir casos en donde las dificultades del lenguaje parecían ser selectivas, y no eran explicables en términos de pérdida de oído o de impedimento mental. Los términos como disfasia del desarrollo y afasia congénita permanecen en Europa continental, pero en el Reino Unido y América del Norte han sido reemplazados por expresiones como lenguaje específico y trastorno del lenguaje o trastorno del desarrollo del lenguaje. Existen varias razones para ello. Una de ellas es que esas etiquetas neurológicas pueden llevar a pensar que existen evidencias de una implicación independiente a la base neurológica que explique el trastorno. Este diagnóstico no es propiamente una explicación, sino solo es una descripción de la taquigrafía del problema. Otra razón para rechazar una etiqueta como disfasia del desarrollo es que con este término parece que nos estamos refiriendo a una sola condición, sin considerar que los niños con dificultades de lenguaje pueden tener problemas extensamente diferentes.

• Criterios diagnósticos: a) DSM-IV e ICD-10. En el DSM-IV el trastorno específico del desarrollo del lenguaje y el trastorno del habla, normalmente se incluyen en el grupo de trastornos diagnosticados en la infancia o adolescencia. El criterio diagnóstico que muestra el ICD-10 también incluye una categoría de trastornos de desarrollo específicos del lenguaje y habla y hace una distinción dentro del trastorno de articulación del lenguaje específico que es el trastorno del lenguaje expresivo y el trastorno del lenguaje receptivo. También incluye dentro de esta amplia categoría la afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner) y categorías adicionales de otro trastorno y el trastorno no especificado; b) Subtipos dentro del DSM-IV e ICD-10- El DSM-IV e ICD-10 distinguen entre trastornos que afectan sólo al lenguaje expresivo de aquellos donde se daña el lenguaje receptivo. Aunque la aplicación de esta distinción sea razonable, se trata de una sobresimplificación, ya que los problemas receptivos implican dificultades en la decodificación del lenguaje, produciéndose: fracaso para distinguir por ejemplo entre el “gato” y el “dato”, conocimiento limitado del significado de la palabra, problemas en la interpretación de construcciones gramaticales complejas y una tendencia a ser literal. Igualmente sucede con la categoría de trastorno del lenguaje expresivo donde se agrupan niños con dificultades diversas. Aunque ambos sistemas de clasificación incluyen una categoría para los niños con problemas específicos de la producción de sonidos del habla, el DSM-IV ha abandonado el término inicial de trastorno de desarrollo de la articulación por el de trastorno fonológico. Esto refleja el reconocimiento creciente de que tales dificultades son lingüísticas en lugar de tener un origen motor. Normalmente el niño es físicamente capaz de producir sonidos correctos, pero tiene problemas en aprender a clasificar sonidos. Por ejemplo, el niño no puede comprender que “silla” y “sopa” empiezan con el mismo fonema (Bird & Bishop, 1992).

• Clasificaciones basadas en criterios neurolingüísticos: una aproximación alternativa de clasificación ha sido adoptada por Rapin y Allen (1983) quienes propusieron una nosología basada en la observación clínica de características lingüísticas de deterioro del lenguaje. Esta clasificación no se restringe a los niños con trastornos del lenguaje específicos, pues intenta que sea aplicable a todos los niños con dificultades del lenguaje, independientemente de si otros trastornos están presentes, como podría ser el caso del autismo. El trastorno típico más común es el síndrome fonológico-sintáctico, donde el niño tiene problemas en el aprendizaje del sistema de sonidos del lenguaje (fonología) y ha limitado el dominio de estructuras gramaticales (sintaxis) en el lenguaje expresivo. La mayoría de los niños que serían clasificados como casos de trastorno de lenguaje expresivo en el DSM-IV encajarían en esta categoría. Rapin y Allen distinguen el síndrome fonológico-sintáctico del síndrome de programa fonológico deficitario en el que las dificultades expresivas son tan severas en la comprensión del niño que es ininteligible, pero normal en la conservación. Otro tipo diferente de trastorno expresivo es el síndrome deficitario léxico-sintáctico, donde el niño habla claramente, pero tiene problemas para encontrar palabras y para la formulación de oraciones. En este caso, el lenguaje del niño no parece evidentemente anormal, cosa que hace que este tipo de problema pueda pasarse por alto a menos que se usen valoraciones estandarizadas. Un tipo de trastorno de lenguaje receptivo poco común descrito por Rapin y Allen es la agnosia auditiva verbal que se diagnostica cuando un niño con problemas de comprensión severos tiene dificultad para interpretar sonidos del lenguaje. Muchos niños con afasia epiléptica adquirida recibirían este diagnóstico, aunque este mismo también se aplicaría a otros niños con problemas de comprensión severos que tienen un trastorno de desarrollo. Se observan problemas de comprensión de diferentes tipos en niños con síndrome semántico-pragmático. La semántica es la rama de la lingüística que tiene relación con el significado, y la pragmática hace referencia a cómo se usa el lenguaje en contextos diferentes. El diagnóstico para las anomalías del niño en este nivel se dan en el contenido y uso del lenguaje, más que en los aspectos de la forma del lenguaje (por ejemplo: gramática y fonología). En 1982, Rapin resumió las características clínicas de estos niños como la inclusión de un discurso fluente, claramente articulado que puede ser ecolálico y con problemas en la palabra-clave y daño en la comprensión del lenguaje. Estos niños son habladores y pueden describirse como hiperverbales. Aquellos que encajan en este cuadro clínico producen un lenguaje raro e impropio, en lugar de parecer solo pobre para su edad.

Tratamiento

• Determinar el tipo de trastorno del habla.

• Evaluar el nivel de conciencia fonológica en niños de 5 años.

• Incluir un programa de desarrollo de las habilidades fonológicas en todos los casos de cuatro o más años si se sospecha de que el trastorno de habla conlleva a dificultades de aprendizaje de lectura y escritura.

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