Asociación entre la rosácea y padecimientos cardiovasculares

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Es bien sabido que la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (coronaria, cerebrovascular, y de otros territorios arteriales) es de naturaleza inflamatoria, y se ha observado que padecimientos inflamatorios crónicos de otros órganos (como la artritis reumatoidea y la psoriasis) se asocian con mayor riesgo de enfermedad aterosclerótica, lo cual podría explicarse por mecanismos fisiopatológicos comunes.

Por lo anteriormente comentado es que un grupo de investigadores planteó un estudio sistemático cuyo objetivo era establecer si la rosácea, una alteración cutánea crónica de naturaleza probablemente inflamatoria, se asocia con factores de riesgo cardiovascular o con la presencia de enfermedad cardiovascular (Hua TC, et al. Cardiovascular comorbidities in patients with rosacea: A nationwide case-control study from Taiwan).

El estudio, publicado en Journal of the American Academy of Dermatology, incluyó sólo a personas diagnosticadas con rosácea (ICD-9-CM, código 695.3) por dos dermatólogos; para asegurar la validez diagnóstica se excluyeron a aquellos pacientes que presentaran además acné, dermatitis seborreica o lupus eritematoso cutáneo (dos o tres de estas entidades).

La rosácea afecta fundamentalmente la zona centrofacial (nariz, mejillas, mentón y frente).
La rosácea afecta fundamentalmente la zona centrofacial (nariz, mejillas, mentón y frente).

En el periodo entre 1997 y 2010 fueron diagnosticados como casos con base en estos criterios 33,553 pacientes (edad de inicio de la enfermedad 44 años; sexo masculino 25.6 %). A cada uno se le asignaron dos controles sin rosácea determinados por edad y sexo, tomados al azar de una base de datos (Longitudinal Health Insurance Database 2000) que contenía los registros de salud de un millón de sujetos tomados aleatoriamente de National Health Insurance Research Database (NHIRD).

Se analizó la asociación univariada y multivariada de la presencia de rosácea (casos versus controles) con factores de riesgo coronario y presencia de enfermedad coronaria, infarto cerebral o arteriopatía obstructiva de miembros inferiores. Para reducir el riesgo de error de comparación múltiple, se ajustaron los valores de p mediante la corrección de Bonferroni, considerándose significativo un valor de P<0.008.

En los casos, por comparación con los controles, hubo mayor prevalencia de hipertensión (22.8 % vs. 20.8 %; p<0,001), dislipidemia (20.9 % versus 16.3 %; p<0.001) y enfermedad coronaria (11.3 % versus 9.0 %; p<0.001), sin diferencias estadísticamente significativas en diabetes (10.2 % versus 10.1 %; p=0.55), infarto cerebral (3.7 % versus 3.4 %; p=0.037) y arteriopatía obstructiva de miembros inferiores (2.3 % vs. 2.1%; p=0.039).

En el análisis multivariado por regresión logística múltiple ajustado por edad y sexo, los pacientes con rosácea siguieron mostrando más hipertensión (OR 1.17, IC 95 %: 1.12-1.21), dislipidemia (OR 1.41, IC 95 %: 1.36-1.46) y enfermedad coronaria (OR 1.35, IC 95 %: 1.29-1.41). En otro modelo de regresión logística con ajuste por edad, sexo y factores de riesgo cardiovascular, la enfermedad coronaria continuó asociada significativamente con rosácea (OR 1.20, IC 95 %: 1.14-1.26).

En todos los casos, las asociaciones fueron más marcadas en hombres que en mujeres.

Se analizó también la secuencia temporal de aparición de la rosácea y los citados elementos de riesgo o enfermedad cardiovascular,  y seguidamente se observó que la rosácea apareció antes que la hipertensión en el 32.8 % de los casos; antes que la dislipemia en el 40.7 % de los mismos, y antes que la enfermedad coronaria en el 34.1 % de tales casos, porcentajes que aumentan en aquellos pacientes en los fue diagnosticada a edades más jóvenes (<41 años de edad).

La vigilancia cardiovascular, de acuerdo con este estudio, es recomendable en pacientes con rosácea.
La vigilancia cardiovascular, de acuerdo con este estudio, es recomendable en pacientes con rosácea.

Por los datos anteriormente referidos, se puede concluir que los pacientes con rosácea tienen más riesgo de presentar hipertensión y dislipidemia, así como mayor riesgo de enfermedad coronaria con o sin la presencia de dichos factores de riesgo, por lo que los autores sugieren que los médicos deberían prestar especial atención al riesgo cardiovascular de sus pacientes con rosácea, en especial los más jóvenes.

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