Más que un órgano, en literatura, un reflejo de sensaciones

Por: Cinthya Mendoza

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La piel además de servir como un escudo protector, también es una especie de termostato de nuestras sensaciones. Es por ello que este órgano tan visible se ha convertido en una constante metáfora de belleza y sensibilidad en la historia de la literatura.

Con base en lo anterior se puede decir que esa suave y tersa armadura que cubre al ser humano revela como un libro abierto tanto estados de ánimo, emociones, así como problemas de salud. Este importante órgano es sumamente susceptible al captar las sensaciones que de él provienen.

Para muchos, la piel es una especie de termostato de nuestras emociones, por ejemplo, el placer puede erizarla, la ansiedad o el miedo provocan que sude; por otro lado la angustia hace que palidezca, la sorpresa la sonroja y tan solo rozar otra piel puede despertar un torbellino de sensaciones.

Del tópico renacentista del carpe diem proviene la metáfora de la piel como reflejo inevitable del paso del tiempo

Hay que destacar que un órgano tan visible e importante se ha convertido en una metáfora constante de belleza y sensibilidad en la historia de la literatura. Una muestra clara de ello se encuentra reflejada en diversas páginas de la época medieval y renacentista sobre todo en la escrita en Europa; se hace referencia a ella como metáfora de juventud, vejez, belleza, fealdad o enfermedad.

“Durante el Renacimiento, se extendió un canon de belleza femenino en el que era imprescindible una piel  blanca, cabellos rubios, nariz pequeña…”, recordó Felipe Reyes, herencia de la tradición italiana del dolce stil nuovo, estilo literatio que concebía a la mujer como símbolo de perfección y la divinizaba hasta el punto de que el poeta sólo podía admirarse de su belleza.

Por otro lado, cabe mencionar que Francesco Petrarca llevó ese canon a la poesía, mismo que heredaron los poetas renacentistas españoles y algunos lo convirtieron en algo etéreo y espiritual.

Como se puede observar, la piel más allá de ser nuestra barrera protectora, es un elemento constantemente utilizado en la literatura desde hace varios siglos por su cualidad de darle color a nuestros gestos.

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