Alergias alimentarias en pacientes pediátricos. ¿Es útil la prevención mediante introducción precoz de alimentos alergénicos?

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Eccema severo y alergia al huevo han sido algunas de las manifestaciones de alto riesgo Alergénico en niños ante la introducción de ciertos alimentos. sin embargo, estudios recientes han evidenciado que el consumo precoz puede reducir el desarrollo de alergias en algunos pacientes pediátricos.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud la lactancia materna debe mantenerse hasta los seis meses de edad; además, guías internacionales como las del Reino Unido recomiendan la introducción tardía de comidas alergénicas. En una encuesta realizada en ese país en el año 2010, el 45 % de las madres refirieron que evitaron incorporar algún alimento en particular en la dieta de sus hijos de 8 a 10 meses. La principal razón para evitar estos alimentos fue el temor a las alergias.

Por sus implicaciones, la lactancia materna es componente fundamental para un desarrollo y crecimiento integral.
Por sus implicaciones, la lactancia materna es componente fundamental para un desarrollo y crecimiento integral.

Estudios observacionales sugirieron que la introducción temprana de cacahuate, huevo, o leche de vaca podía prevenir el desarrollo de alergias para estos alimentos. El ensayo aleatorizado LEAP “Learning Early about Peanut Allergy”, evidenció que el consumo precoz de cacahuates, en niños de alrededor de 5 años de edad, con alto riesgo, como eccema severo, alergia al huevo, o ambos, redujo el desarrollo alergénico a este alimento en un 80 %. Sin embargo, este estudio no evaluó la eficacia de la introducción temprana de otras comidas consideradas alergénicas, como tampoco la prevención de la alergia al cacahuate en niños de la población en general.

Por lo anterior es que recientemente se ha publicado en The New England Journal of Medicine un estudio aleatorizado, doble ciego y controlado que evalúa si la introducción temprana de alérgenos dietarios comunes (cacahuate, leche de vaca, huevos, pescado blanco, y trigo) en niños de tres meses de edad en adelante, alimentados de manera exclusiva con leche materna, provenientes de la población en general (Reino Unido y Gales), podría prevenir las alergias a estos alimentos, en comparación con los niños que son alimentados de forma exclusiva con leche materna durante seis meses.

Los participantes fueron asignados al azar al grupo de observación versus el grupo con intervención. En el primero los bebés se alimentaron de forma exclusiva con lactancia materna hasta los seis meses. A partir de esa edad el consumo de alimentos alergénicos se permitió, a discreción de los padres.

En el grupo con intervención se les introdujo de manera precoz seis alimentos potencialmente alergénicos: leche de vaca (yogur) en primer lugar, seguido en orden aleatorio por cacahuate, huevo, ajonjolí y pescado blanco, en tanto que el trigo se introdujo al final. A todos estos participantes se les realizó una prueba cutánea para tales alérgenos. Los participantes con una prueba positiva (que desarrollaron un habón de cualquier tamaño a nivel basal), se les asignó un desafío alimentario con la proteína alergénica, con un total de dos gramos.

Algunos de los alimentos introducidos en el brazo con intervención.
Algunos de los alimentos introducidos en el brazo con intervención.

A los familiares de los niños que tuvieron un test cutáneo negativo o a aquellos con uno positivo, pero en cuyo desafío alimentario los resultados fueron negativos, se les solicitó continuar alimentando a sus hijos con dos gramos de la proteína alergénica, dos veces a la semana. En cambio, a los participantes con un test cutáneo y un desafío alimentario positivos, se les prohibió continuar con esa proteína, pero no con el resto de los alérgenos. Todos los participantes fueron evaluados hasta los tres años de edad.

La principal medida de evaluación fue el desarrollo de alergia alimentaria a uno o más de los seis alimentos introducidos, entre uno y tres años de edad.

En total se incorporaron 1303 participantes, que fueron distribuidos en el brazo control (n=651) y el brazo con intervención (n=652), con una mediana de edad de 3.4 meses. Los dos grupos estuvieron bien balanceados, excepto por una tasa significativamente superior de partos por cesáreas en el grupo con intervención, contra el de control.

Se desarrolló alergia alimentaria en 74 participantes en total, en 70 de ellos (39 en el grupo control y 31 en el grupo con Intervención) el diagnóstico se realizó con el desafío alimentario, en doble ciego y controlado con placebo.

En cuatro participantes (3 en el grupo control y 1 en el grupo con intervención) el diagnóstico se realizó con un test de alergia cutánea. El diagnóstico de alergia a algún alimento se asoció de manera significativa con la presencia de eccema al momento de la inclusión, una raza distinta a la caucásica, y el hecho de tener hermanos.

En el análisis con “intención de tratar” se observó alergia alimentaria en 91.4 % de los pacientes en el grupo control, en comparación con 87 % de los pacientes en el grupo con intervención. La tasa de esta medida de evaluación fue “no significativamente menor” en el grupo con intervención, en comparación con el grupo control, representando un riesgo relativo de 0.80 (IC 95 %: 0.51 a 1.25; p=0.32).

La prevalencia de alergia a más de un alimento fue “no significativamente menor” en el grupo con introducción precoz, respecto al de control (p=0.17).

En el análisis con “intención de tratar” el riesgo de un test cutáneo positivo para algún alimento fue 22 % menor en el grupo con intervención, en comparación con el grupo control, al año de edad (p=0.07), y 12 % menor a los 3 años de edad (p=0.47); ambas diferencias fueron “no significativas”.

En el análisis “por protocolo” se observó en el grupo con intervención, una tasa de test cutáneos positivos 42 % menor para cualquier alimento, en comparación con el grupo control, al año de edad (p=0.01), y 67 % menor a los 3 años de edad (p=0.002), en ambos las diferencias fueron significativas.

Se confirmó adherencia al protocolo en 92.9 % de los participantes del grupo control cuya medida primaria de evaluación pudo ser determinada, y 42.8 % en los participantes del grupo con intervención, lo que representa el 31.9 % del total de los participantes en este grupo.

La sensibilización y tolerancia a alimentos alergénicos debe continuar siendo evaluada en este grupo de pacientes.
La sensibilización y tolerancia a alimentos alergénicos debe continuar siendo evaluada en este grupo de pacientes.

Se encontraron cuatro factores predisponentes que explican 78 % de los casos de falta de adherencia, entre ellos: una raza distinta a la caucásica, la percepción parental de síntomas en su hijo relacionados con la introducción precoz de alimentos alergénicos, la reducción de la calidad de vida materna (sobre todo a nivel psicológico), y la presencia de eccema en el niño, al momento de la inclusión. No se observaron fallecimientos durante el ensayo. No se evidenciaron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos, en la tasa de internaciones, como tampoco se reportaron casos de anafilaxia con la introducción de alimentos en el hogar, en el grupo con intervención.

Por lo anterior es que los autores consideran que la principal debilidad del estudio fue la baja tasa de adherencia al protocolo, por parte del grupo con intervención, concluyéndose que no se pudo demostrar la eficacia de la introducción precoz de alimentos alergénicos, en el análisis con intención de tratar, aunque aún queda abierta la preguntaacerca de si la prevención de la alergia alimentaria, con la introducción precoz de múltiples alimentos alergénicos, puede ser dosis dependiente.

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