Consecuencias psicológicas de la pérdida de densidad capilar masculina

Por Jorge R. Guerra Vázquez Mellado Especialista en Psicología Clínica.

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Se ha podido observar como los hombres se encuentran más preocupados por las consecuencias estéticas de no tener pelo, que por las funcionales. Sin embargo, la pérdida de densidad capilar desencadena emociones negativas para aquellos que la experimentan, entre las que destacan estrés, trauma, inadecuación e insatisfacción con su imagen corporal. Es ante estas condiciones cuando el trabajo psicológico suele estar recomendado con la finalidad de ayudar a superar la carga emocional y social generada.

En la actualidad existen diversos tratamientos para combatir esta afección, que van desde ampolletas, champús, lociones, productos farmacológicos –que interactúan en el crecimiento y desarrollo del pelo–, hasta injertos, los cuales prometen proveer una mayor densidad, así como contener la caída y adelgazamiento presente en esta estructura capilar.

Definitivamente esto nos hace pensar en las necesidades físicas, estéticas y emocionales de los hombres que manifiestan esta alteración, ya que es evidente la búsqueda de múltiples estrategias que reviertan el proceso y, por lo tanto, eviten el desencadenamiento de alteraciones psicológicas que merman de manera importante la calidad de vida, tales como las que mencionaremos a continuación.

La localización de la pérdida capilar así como la severidad de la misma impacta de manera importante en el bienestar psicológico de muchos individuos.
La localización de la pérdida capilar así como la severidad de la misma impacta de manera importante en el bienestar psicológico de muchos individuos.

Para la elaboración de la presente nota se realizó una serie de entrevistas semiestructuradas a hombres de 25 a 40 años de edad, que viven en la Ciudad de México, con la finalidad de determinar cuáles eran sus preocupaciones respecto al tema; cabe mencionar que algunos sujetos tenían suficiente densidad y hubo otros que carencia de ésta; los factores más influyentes y las consecuencias emocionales derivadas de la pérdida fueron las siguientes:

Algunos hombres consideran que padecer alopecia a menor edad es aun más traumático para la persona; según ellos existe una relación estrecha entre la calvicie y la vejez. Esta idea también puede relacionarse con el concepto y estereotipo de belleza masculina representado a través de las figuras públicas, Hollywood y las redes sociales. En definitiva, nos encontramos inmersos en una cultura que engrandece la juventud y discrimina la adultez, lo que podemos confirmar mediante el análisis de las ideas preconcebidas sobre la estética, ya que publicidad, medios de comunicación y tecnología, han minimizado los rasgos de la edad, determinando “modelos a seguir” en el mundo contemporáneo.

Otro factor importante para los entrevistados fue la localización, es decir, el área o áreas comprometidas: se observó que las personas que tienen “entradas” sufren menos que aquellos que pierden la mayoría de pelo en la parte superior y la coronilla, en virtud de que esta característica también se encuentra muy relacionada con la imagen de senilidad del adulto mayor, que muestra la escasa o nula densidad capilar en estas zonas.

Del mismo modo, los hombres señalaron que se sienten limitados cuando padecen alopecia debido a que podrían encontrarse inmersos en una monotonía de estilo, sobre todo en el momento de peinarse, generando así un patrón repetitivo en su proyección física hacia los demás.  Aquí otro componente importante es el contexto histórico-cultural por el cual se atraviesa, ya que existen modas o tendencias respecto a cortes o estilos de peinados y en quienes no pueden lograr seguir esta línea suelen generarse sentimientos de tristeza; de igual forma mencionaron que las consecuencias psicológicas podrían ser generacionales, es decir, que en algunas momentos del desarrollo humano perder el pelo podría ser más significativo que en otros, dependiendo del estilo y moda de la época.

Relacionado con las consecuencias emocionales o psicológicas la palabra más mencionada fue “trauma”, la cual  refiere a un choque emocional al percatarse de que están perdiendo esta característica que para ellos es importante. En segundo lugar lo ocupa la palabra “estrés”, que se desencadena por varios factores como observar el adelgazamiento del cabello o su pérdida evidente en la regadera o almohada. Aquí pareciera existir un círculo vicioso debido a que el estrés también es causante y condición para que se presente este fenómeno, por lo tanto es contraproducente experimentar estrés, ya que en lugar de ayudar a solucionar el problema, frecuentemente lo agrava.

En definitiva las respuestas más significativas tienen que ver con temas de autoconcepto (autoestima) y de seguridad personal, pues los entrevistados que han perdido pelo mencionan que sí sentirían un mayor agrado por su físico si tuvieran una elevada densidad de cabello, lo que hace pensar que gracias a esta condición los individuos desarrollan sentimientos de inadecuación e inferioridad, comparados con quienes no presentan esta problemática.

Tenemos pelo para proteger nuestra piel o mantener la temperatura adecuada en nuestro cerebro; sin embargo ninguno de los hombres entrevistados mencionó que perder pelo es un problema de salud que puede causar cáncer de piel, irritación, hipersensibilidad, quemaduras, etc., lo que hace pensar que se encuentran más enfocados en lo estético que en lo funcional.

En conclusión es importante señalar que la construcción personal y autoconcepto deberían ser independientes del aspecto físico, sin embargo las personas  afectadas por el problema que nos ocupa podrían presentar conductas obsesivas para reparar los daños ocasionados por la caída, y ello podría deteriorar aún más su cuerpo y psique al ser consciente de que muchas veces, pese a todos los intentos, es difícil conseguir una reparación capilar total; por lo tanto se recomienda la ayuda psicológica oportuna para poder resignificar la belleza y la estética, cuestionar estereotipos y prejuicios, impulsar cualidades personales, así como también generar herramientas para el desarrollo de una seguridad personal basada en el individuo mismo y no en un modelo social estereotipado, inflexible e inquebrantable.

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