Fotoprotección interna y externa

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Debido a importantes cambios ambientales y conductas humanas cotidianas, ha sido necesario desarrollar nuevas estrategias de prevención ante el daño solar, tales como la utilización de enzimas reparadoras del ADN, citocinas o sustancias estimuladoras de la melanogenésis.

La fotoprotección representa el conjunto de medios naturales o artificiales capaces de oponerse a los efectos indeseables del Sol; ésta puede hacerse con ayuda de medios externos (uso de prendas de vestir y la aplicación de productos de protección solar —PPS—) o internos, los cuales continúan siendo objeto de investigación. Las indicaciones de la fotoprotección se hacen en función del estado de salud del individuo, es decir, tomando en cuenta si se considera “sano” o con enfermedades cutáneas causadas o agravadas por la luz solar.

La solar está constituida por una serie de radiaciones electromagnéticas continuas caracterizadas por su longitud de onda, que abarca desde los rayos cósmicos hasta las ondas radioeléctricas. Las radiaciones con longitudes de onda más cortas son las más energéticas y las que mayor actividad biológica poseen. Debido a la filtración atmosférica, el espectro solar que llega a la superficie terrestre no contiene más que las radiaciones cuya longitud de onda se sitúa entre 290-3000 nm: una parte de los ultravioleta (UV) B (UVB, 290-320 nm, detenidas por el vidrio de la ventana), las UVA (320-400 nm) divididas en UVA2 o UVA cortas (320-340 nm) y UVA1 o UVA largas (340-400), la luz visible (400-780 nm, atenuada por el polvo en suspensión y los humos) y una parte de los rayos infrarrojos (IR, 780-3000 nm, absorbidos parcialmente por el vapor de agua en suspensión y las nubes de la atmósfera inferior). La capa de ozono detiene las radiaciones de longitud de onda inferior a 290 nm: las UVB más cortas, las UVC, los rayos X, los gamma y los cósmicos.

La penetración de los rayos UV en la piel aumenta con la longitud de onda (UVC < UVB < UVA). Los rayos UVB se absorben principalmente en la epidermis, los rayos UVA penetran más profundamente y pueden llegar incluso a la dermis profunda.

Los efectos de la radiación solar en la piel son en un  80 % causados por los UVB y en un  20 % por los UVA. Sin embargo, los rayos UVB no representan más que un 5 % de los rayos UV y los UVA un 95 por ciento.

Los rayos del sol que recibimos son el resultado de tres radiaciones: la directa, la difusa y la reflejada por el Sol. En la radiación directa, la cantidad de UVB está en función de varios parámetros: la estación, la latitud (la cantidad máxima de UVB se da bajo los trópicos), la hora del día (hay cantidad máxima de UVB entre las 10-16 horas), la altitud, además, el reflejo de los rayos solares está en función del tipo de suelo: máximo, sobre la nieve (82-85 %); considerable, sobre la arena (17 %); leve, sobre el agua (5 %) o sobre la hierba (3 %).

66 % de la radiación solar atraviesa la atmósfera y alcanza a la Tierra. Los rayos UV sólo representan  5 %, pero casi todos ellos son causa de enfermedades  cutáneas.
66 % de la radiación solar atraviesa la atmósfera y alcanza a la Tierra. Los rayos UV sólo representan 5 %, pero casi todos ellos son causa de enfermedades
cutáneas.

Reacciones fotoquímicas cutáneas

La reacción fotoquímica primaria consiste en la absorción de fotones por ciertas moléculas de materia llamadas cromóforos. La absorción fotónica por los cromóforos conduce a unos estados atómicos excitados inestables y a la aparición de radicales libres. La reacción fotoquímica secundaria consiste en la desactivación de los estados inestables y se lleva a cabo principalmente por transferencia de energía, electrones o hidrógeno a moléculas de los alrededores. De esta forma, el oxígeno molecular va a transformarse, gracias a unas reacciones en cadena, en diferentes especies reactivas del oxígeno (ERO), oxígeno simple, anión superóxido, agua oxigenada o peróxido de hidrógeno y radical hidroxilo. La piel normal contiene varios cromóforos: ácido desoxirribonucleico (ADN), ácido urocánico, algunas proteínas, eumelaninas, queratinas y fotosensibilizadores endógenos (riboflavinas, flavinas, bilirrubinas, feomelaninas, porfirinas) con el fin de producir de forma masiva ERO.

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Como parte de las defensas naturales contra la radiación solar el ser humano cuenta con las vellosidades (el vello y el pelo detienen los rayos del sol, como lo demuestran la frecuencia de las insolaciones y los carcinomas sobre el cuero “excabelludo”), la película hidrolipídica superficial (a través de las grasas del sebo y tal vez del ácido urocánico), la capa córnea (la queratina interviene en la absorción, el reflejo y la difracción y se estima que esta capa detiene 70 % de los rayos UVB), el sistema tegumentario, los sistemas de reparación del ADN (la reparación por escisión de nucleótidos –NER, nucleotide excision repair– representa la principal defensa contra los efectos genotóxicos de los rayos solares), vitamina D y sistemas antioxidantes endógenos, entre otros.

Fotoprotección interna

Tiene como finalidad reforzar los mecanismos de fotoprotección natural y se utiliza en el tratamiento de ciertas fotodermatosis. En este apartado se cuenta con:

Carotenoides. Son antioxidantes que inhiben la peroxidación lipídica de las membranas)

Antipalúdicos de síntesis. El sulfato de cloroquina y el de hidroxicloroquina pueden tener efectos fotoprotectores uniéndose al ADN y a las melaninas, estabilizando las membranas lisosomales, inhibiendo la síntesis de prostaglandinas y la quimiotaxis de los macrófagos. La hidroxicloroquina puede prescribirse en el tratamiento del eritema polimorfo (EP).

Talidomida. Útil ante el prurigo actínico y, en el caso de enfermos de lupus, la administración oral permitiría reducir el eritema causado por los UVB.

Ácido para-amino-benzoico. Su acción fotoprotectora si se aplica de manera tópica es bien conocida; sus efectos protectores por vía sistémica no se han demostrado aún de forma precisa.

Fotoprotección dietética y antirradical. Los extractos de Polypodium leucotomos (helecho) tienen, in vitro, propiedades antioxidantes que podrían convertirlos en excelentes fotoprotectores orales; reducen la fotoisomerización del ácido urocánico, la formación en el ser humano de las sunburn cells y de los dímeros de tipo ciclobutano; podrían utilizarse para disminuir la fototoxicidad de la PUVAterapia. Los flavonoides (extractos de té verde) han sido objeto de numerosos estudios que han demostrado sus efectos fotoprotectores contra la FIS, las alteraciones del ADN y la fotocarcinogénesis; sus efectos antioxidantes estarían igualmente asociados a la capacidad de inhibir el estímulo fotoinducido de las metaloproteinasas otorgándoles así una función potencial para prevenir de la heliodermia. Se ha demostrado in vitro en cultivos celulares la interesante asociación de antioxidantes (vitaminas A, E y C, selenio, β-caroteno). En el ser humano, la administración por vía oral de antioxidantes puede aumentar las capacidades naturales de fotoprotección epidérmica aunque su verdadero interés es impreciso, sobre todo si se tienen en cuenta unos datos recientes según los cuales la administración a largo plazo de vitaminas A, E y β-caroteno, estaría contraindicada.

Fotoprotección externa

Sin duda es pilar en la prevención de alteraciones secundarias a la exposición solar, además, algo que se debe tener claro es que ésta no se basa sólo en el uso de un producto de protección solar (PPS), que si bien resulta pieza importante, deben combinarse con otras estrategias de cuidados solares.

La educación solar debe ser implementada desde etapas tempranas de la vida, siendo importante que por ejemplo, los padres eviten las insolaciones en los niños, además de dejar claro que éstos, así como los bebés no deben exponerse al sol ni al calor extremo.

En cuanto al uso de pantallas o filtros solares, se debe instruir la manera de aplicarlos (homogénea) y la cantidad suficiente, tener cuidado con el tiempo de reaplicación, lapso previo necesario antes de exponerse al sol (20 minutos mínimo), y cómo ante condiciones variables de actividad física (albercas, sudor, etc.), se debe cuidar la integridad del producto protector aplicado.

Sin duda, evitar la sobreexposición al Sol es la mejor estrategia, sin embargo en la cotidianidad esto suele ser complicado, por lo que el uso de ropa, sombreros y lentes, más los recursos anteriormente comentados, son la manera de evitar las devastadoras consecuencias del daño secundarios a las radiaciones solares.

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