Por: Dr. Marco Botey Estapé

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En el contexto del simposio “Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Una mirada desde la medicina a los 400 años de su muerte”, que se llevó a cabo en el auditorio Dr. Ramón de la Fuente de la Facultad de Medicina de la UNAM, a continuación compartimos con nuestros lectores la primera parte la ponencia magistral del Dr. Marco Botey Estapé. Miembro numerario de la Sociedad Mexicana de Historia y Filosofía de la Medicina y de la Sociedad Española de Historia de la Medicina.

El nueve de octubre de 1547 se hace constar en el acta de nacimiento que se conserva en la Parroquia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares, el nacimiento del niño Miguel, hijo del cirujano Rodrigo de Cervantes y de Leonor de Cortinas (duda: si su madre era Cortinas… ¿de dónde salió el Saavedra?), al ser bautizado como Miguel y siendo el 29 de septiembre el día de dicho santo se supone con gran probabilidad de certeza que nació, pues, el 29 de septiembre de 1547.

Tenía amplia relación con la medicina, no tan solo, como veremos, por los temas médicos ampliamente desplegados en El Quijote de la Mancha, sino a título personal: padre cirujano, él sufrió un ataque de paludismo en 1571, en la batalla de Lepanto recibe dos tiros de arcabuz, en el pecho y otro en la mano inhabilitándola (de allí lo de “el Manco de Lepanto”); muere el 23 de abril de 1616, de hidropesía con intensa astenia y polidipsia, que se había manifestado sólo tres años antes y que puede corresponder a una cirrosis descompensada de causa desconocida ya que en ningún sitio consta que fuese alcohólico.

En sus obras habla de trastornos médicos, actualmente identificados como enfermedad por cuerpo de Lewy, narcolepsia, sífilis, lepra, trifoliculoma, hirsutismo, nevos, dermatitis seborreica, parasitosis, callosidades, tiña, cicatrices de viruela, fiebres, sangrías, etcétera.

Antes de hablar de los aspectos dermatológicos del Quijote, señalaré el hecho curioso que Cervantes de regreso a España y sin encontrar acomodo en instancias oficiales, dirige, en 1590, un carta al rey Felipe II solicitándole la gubernatura de la zona tropical mexicana del Soconusco, que le es negada. Gracias a ello no fue el Quijote “del Soconusco” en lugar de la Mancha ni Dulcinea “de Comitán” y no del Toboso.

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, rivaliza solamente con la Biblia en el número de lenguajes a los que ha sido traducido. Esta obra maestra absoluta de la literatura universal es considerada la primera novela. Su primera parte ve la luz en Madrid en 1605 y la segunda, para desmentir un plagio, diez años después.

El Quijote contiene numerosas menciones a temas médicos, aquí haremos referencia a sus variados aspectos dermatológicos.

En efecto, en su primera parte encontraremos referencias a nevos, tiña y pediculosis. La segunda parte es mucho más abundante ya que se refiere a nevos, dermamatitis seborréica del cuero cabelludo, lepra, pediculosis, sífilis, hirsutismo, callos, viruela y rinofima.

Nevos (Cap. XXX, 1ª. Parte, pág. 303)

Aquí Dorotea al describir los atributos que, según su padre, debería ostentar el caballero que rescatase su reino señala…

Así es la verdad dijo Dorotea

Dijo más: que había de ser alto de cuerpo seco de rostro, y que debajo del hombre izquierdo, o por allí junto, había de tener un lunar pardo con ciertos cabellos a manera de cerdas.En oyendo esto Don Quijote, dijo a su escudero: Ten aquí, Sancho, hijo ayúdame a desnudar, que quiero ver si soy el caballero que aquel sabio rey dejó profetizado.

Pues ¿para qué sirve vuestra merced desnudarse? dijo Dorotea—.

Para ver si tengo ese lunar que vuestro padre dijo respondió Don Quijote—.

No hay para qué desnudarse dijo Sancho, que yo sé que tiene vuestra merced un lugar de esas señas en la mitad del espinazo, que es señal de ser hombre fuerte.

Eso basta dijo Dorotea, porque con los amigos no se ha de mirar en pocas cosas, y que esté en el hombre o que esté en el espinazo importa poco: basta que haya lunar y esté donde estuviere.

Capítulo X de la 2da. parte

Don Quijote se refiere a las dotes de su Dulcinea:

A decir verdad, nunca yo vi su fealdad, sino su hermosura, a la cual subío a de punto y quilates un lunar que tenía sobre el labio derecho, a manera de bigote, con siete u ocho cabellos rubios como hebras de oro y largos de más de un palmo.

A ese lunar dijo Don Quijote según la correspondencia que tienen entre sí los del rostro con los del cuerpo, ha de tener otro Dulcinea en la tabla del muslo que corresponde al lado donde tiene el del rostro, pero muy luengos para lunares son pelos de la grandeza que has significado.

Pues yo sé decir a vuestra merced       respondió Sancho que le parecían allí como nacidos.

Yo lo creo, amigo –replicó Don Quijote, porque ninguna cosa puso la naturaleza en Dulcinea que no fuese perfecta o bien acabada; y así, si tuviera cien lunares como el que dices, en ella no fueran lunares, sino lunas y estrellas resplandecientes”.

Cabe señalar que el número, y sobre todo la longitud de los cabellos apunta quizá más a un tricofoliculoma o a un nevo piloso congénito que a un nevo común.

Otro comentario curioso se refiere a los nevos unilaterales de cara y muslo que reflejan la creencia de que éstos siguen los trayectos nerviosos.

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