Pediculosis, un problema con amplias repercusiones.

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Por la Dra. Eldy Villagómez Llanos
Especialista en Dermatología y Dermocosmética.

Recientemente en México se ha visto una epidemia de piojos de la cabeza, reportándose una prevalencia de entre 18 a 33 % en algunas poblaciones de estudiantes de escuelas urbanas y rurales

Los piojos son insectos del género pediculus que parasitan al hombre y a los animales, hay varios tipos: de la cabeza (pediculus humanus capitis), del cuerpo (pediculus humanus corporis), vestimenti o piojos de la ropa y piojos del vello del pubis (pthirus pubis), conocidos como ladillas.

Parasitan la piel cabelluda y ponen sus huevecillos que originan larvas (liendres), las cuales se adhieren fácilmente al pelo y son difíciles de desprender, observándose de un color blanquecino. Cuando son adultos miden de 2 a 3 mm de largo y se sitúan por lo común en la región occipital y retroauricular, que es donde hay que explorar al paciente.

La hembra vive hasta 4 semanas y pone en promedio 10 huevos por día y hasta 150 por ciclo de vida. Los huevos vivos (con embrión) tienen color gris gelatinoso y están situados cercanos al cuero cabelludo donde hay calor y humedad que ayuda a su incubación.

Las liendres se localizan más lejos de la raíz del pelo y son más fáciles de ver porque aparecen en un tono blanco que contrasta con el cabello oscuro. Los huevos son incubados durante 10 a 14 días y una vez que eclosionan, las ninfas abandonan la cubierta y crecen durante 9 a 12 días para alcanzar la madurez, con el posterior desove por parte de las hembras; el ciclo se repite cada tres semanas infestando así al huésped.

En el caso de los niños es característico que presenten comezón y sueño (generado por la molestia del rascado), sin embargo también es posible que al inicio estén asintomáticos, aparaciendo la comezón después de seis semanas, tiempo necesario para que se desarrolle la sensibilidad a la saliva del piojo; también es factible encontrar excoriaciones en la piel cabelluda secundarias al rascado y hasta sobreinfección bacteriana con crecimiento de ganglios cervicales y occipitales. Los piojos al alimentarse inyectan su saliva ocasionando una respuesta inmune local e inflamación con comezón y la sensación de que algo se mueve en la cabeza. En algunos casos junto con los ganglios cervicales, puede haber febrícula, malestar general e irritabilidad.

La infestación produce un gran impacto familiar y emocional, con ideas como que: se es poco limpio, la casa está sucia o que todo el hogar se llenará de piojos, junto con problemas con los otros hijos. En el plano social suele ser motivo de vergüenza con familiares, amigos y compañeros del colegio, además también se generarán gastos económicos al intentar buscar una solución: pediculicidas, peines, peluquería, limpieza.

La transmisión es por contacto directo cabeza-cabeza y en menor grado por fómites (vestidos, peines, sombreros, ropa de cama, objetos de uso personal)

Hay más niñas que niños afectados. El diagnóstico de certeza es observando al piojo vivo, sin embargo esto es difícil ya que se puede moverse a una velocidad de 6 a 30 cm por minuto; un consejo es pasar aire caliente en el cabello seco con una secadora eléctrica ya que se hacen más lentos.

Es mejor buscar el piojo vivo cuando el pelo está húmedo, auxiliándose de una buena luz y lupas habituales. Se debe que peinar al paciente sobre telas y objetos blancos para poder observar los piojos que son de color gris oscuro. Es más frecuente detectar la infestación por la visualización de liendres que de piojos vivos. En cada infestación hay de 8 a 12 piojos vivos pero numerosas liendres.

La infestación por piojos se puede confundir con entidades como escabiasis, pitiriasis, tricorrexis nodosa, dermatitis seborreica, moniletrix, piedra blanca, piedra negra, moldes de queratina y residuos de sustancias.

Menos frecuente es la pediculosis del cuerpo en personas sucias, vagabundos o alcohólicos, donde los huevos pueden observarse junto con el piojo adulto en la costura de la ropa, predominando en tronco y cuello, y extendiéndose al abdomen, nalgas y muslos. Hay pápulas, costras hemáticas y manchas eritematosas o hemorrágicas que dejan pigmentación residual y excoriaciones lineales; el prurito es intenso y puede haber furunculosis agregada. El impétigo y la eccematización son complicaciones habituales. Este piojo es el que transmite el tifo endémico y otras rickettsiosis durante las guerras.

La pediculosis pubis o ladilla, se adhiere al pelo del pubis, periné y pliegue interglúteo; en ocasiones puede subir hasta las cejas, pestañas, vello axilar y barba. Este parásito se mueve poco, se alimenta continuamente y deposita sus eyecciones en la piel y ropa interior; en la trusa o pantaleta se puede encontrar un fino puntilleo producido por el depósito de las deyecciones del piojo (signo de la trusa), dato que asegura el diagnóstico. En la piel se pueden ver costras hemáticas y manchas hemorrágicas, de color azulado de 0.5 a 1 cm (llamadas manchas cerúleas). La comezón es de intensidad variable. La hembra vive 30 días y en este tiempo deposita unos 30 huevecillos que se transforman en adultos. La mayoría de las veces la transmisión es por contacto sexual y esta infestación casi siempre coexiste con otras enfermedades de transmisión sexual como sífilis, gonorrea, escabiasis, tricomicosis y condilomas. Su presencia en niños puede indicar abuso sexual.

La pediculosis de la cabeza en niños se trata utilizando permetrina 1 y 5 % en loción o crema, ya que se ha demostrado que tiene elevada eficacia con ausencia de toxicidad. Actúa como una neurotoxina que bloquea los canales de sodio con la consiguiente parálisis del piojo.

La piretrina más piperonyl (insecticida de origen vegetal extraído del crisantemo) tiene un efecto ovicida de 70 % y pediculicida de 97 %, siendo necesario repetir el tratamiento a los siete días para asegurar la curación.

El malatión al 0.05 % es otra opción y se considera de primera línea en regiones donde existe resistencia a la piretrina. En México no se dispone de este medicamento, además de que no se ha establecido la seguridad y eficacia en niños menores de seis años.

El benzoato de bencilo en emulsión para uso tópico se utiliza como coadyuvante de piretroides y clorados; su acción es altamente irritante y puede causar alergia. Se indica por tres noches consecutivas más baño a la mañana siguiente, con cambio de ropa de cama; se debe repetir el tratamiento conforme a la evolución.

El lindano al 1 %, posee escasa actividad ovicida y puede producir toxicidad en el sistema nervioso del paciente. En los niños pueden presentarse convulsiones por lo que se deja como una opción de tercera línea.

La ivermectina por vía oral es efectiva y se recomienda para infestaciones masivas en escuelas y poblaciones.

El trimetopim con sulfametoxazol actúa sobre el parásito cuando este succiona la sangre del individuo; se puede combinar con permetrina al 1 % (se reserva para casos de falla terapéutica o sospecha de resistencia del piojo a otros tratamientos). El albendazol es otra opción que tiene alta efectividad en el tratamiento de piojos de piel cabelluda.

La dimeticona al 4 % es una alternativa a los pediculicidas clásicos, con eficacia del 97 % como pediculicida y del 70 % como ovicida. No se han reportado efectos secundarios en la población infantil.

En ocasiones es necesaria la extracción manual de liendres con un peine de dientes finos (peines para liendres), así como las preparaciones con vaselina y xilol para desprenderlas más fácilmente.

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