Apoyo psicológico y evolución clínica de pacientes con enfermedades cutáneas

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Existen múltiples estudios que intentan evaluar la significancia estadística de estas intervenciones, como finalidad primordial destacan la búsqueda de una terapéutica completa ante un problema multifacético.

Si durante la formación académica, que puede alcanzar más de varios lustros, nosotros mismos no hemos sido presas de algún episodio de prurito, eccema u otra manifestación que involucre nuestra piel, probablemente seríamos parte de un pequeño porcentaje de individuos que resulta difícil imaginar; lo anterior, sin duda es reflejo de la evidente correspondencia que existe entre la mente y nuestra carta de presentación.

Patologías como la psoriasis, acné, eccemas y manifestaciones como el prurito, han sido estrechamente relacionadas con alteraciones psicológicas que favorecen su presentación, exacerbación o falta de eficacia terapéutica.

Como parte de la búsqueda de la estrecha relación (fácilmente deducible) entre mente y manifestaciones de enfermedad cutánea, varios estudios han sido implementados, tal es el caso del publicado por Lavda y cols. (Br J Dermatol. 2012 NOV;167[5]:970-9), el cual consiste en un metaanálisis sobre la efectividad de las intervenciones psicológicas en adultos con padecimientos de la piel.

En este protocolo se toma la premisa de que los factores psicológicos tienen un considerable peso en la aparición y desarrollo de enfermedades de la piel, así como de sus exacerbaciones; vale la pena destacar que este punto ya ha sido integrado en varias guías de atención dermatológica, lo que sugiere la necesidad de incorporar las intervenciones psicológicas como práctica de rutina.

El estudio que se realizó mediante una búsqueda en bases de datos como Biblioteca Cochrane, PsycINFO, Web of Knowledge y MEDLINE, entre otros, estableció como medida de evolución la magnitud del efecto de las intervenciones psicológicas sobre las afecciones de la piel expresada por medio de la g de Hedges.

Fueron incluidos 22 estudios con 908 participantes (490 pacientes tratados y 418 controles) que cumplieron los criterios; los trabajos habían sido publicados entre 1971 y 2009, los cuáles en su mayoría evaluaban casos de dermatitis atópica, pero también sujetos con acné, psoriasis, prurito y vitíligo. Las técnicas utilizadas fueron las terapias de grupo o combinadas, la psicoterapia, la terapia cognitivo-conductual, la autoayuda y la limitación de los estados de excitación (arousal reduction).

Tratar la piel al mismo tiempo que las emociones, puede ser eficaz en algunas patologías

Los resultados, expresados de acuerdo con la magnitud del efecto fueron los siguientes:

  • La eficacia de las intervenciones psicológicas fue en general moderada, con una media también moderada de la magnitud del efecto: g= 0.54.
  • Los factores que más podrían interferir en la eficacia de las medidas psicológicas son el tipo de enfermedad cutánea sufrida, la edad de los pacientes tratados y la naturaleza de la intervención. En el aspecto estrictamente instrumental, también influyen el tipo de medida de evolución adoptada, y el tiempo transcurrido entre el fin de las intervenciones y el seguimiento.
  • Las intervenciones psicológicas parecen resultar relativamente más efectivas en los casos de prurito/rascado (g= 0.67). En el resto de las afecciones se alcanzaron índices menores de efectividad (por ejemplo, g= 0.40 para la intensidad de los síntomas, g= 0.53 para la evolución psicosocial).

Como conclusión se arroja que sin duda, al ser un tema altamente predominante y que se liga a la respuesta que puede tener un individuo ante la terapéutica establecida, el manejo psicológico tiene efectos que dependen de la patología cutánea, entre otros factores, por lo que son necesarios más estudios para tratar de esclarecer con mayor fuerza la relación causal.

Recientes estudios referentes a padecimientos como vitíligo han sido publicados (Bonotis K, et al. Investigation of factors associated with health-related quality of life and psychological distress in vitiligo. J Dtsch Dermatol Ges. 2016 Jan;14[1]:45-8), dando como resultado que sin duda el papel de los factores psicológicos es fundamental, por lo que la modificación de los mismos es parte del tratamiento que se debe ofrecer a estos individuos.

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