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En México esta ectoparasitosis no es de notificación obligatoria, por lo que su frecuencia real se desconoce. Las características clínicas son importantes para la integración diagnóstica, y el tratamiento debe incluir medidas de higiene personal y uso correcto de escabiásicos.

Esta infección cutánea es producida por el ácaro Sarcoptes scabiei de la variedad hominis; ocasiona una erupción intensamente pruriginosa, de predominio nocturno, con un patrón de distribución característico, que se transmite por contacto directo o fómites.

La incidencia de la escabiosis presenta fluctuaciones cíclicas en todo el mundo. En la década de 1960 la incidencia en Europa y América del Norte comenzó a aumentar, y en 1980 había alcanzado niveles cercanos a la pandemia. Desde entonces, el número de casos nuevos se ha reducido, pero la enfermedad sigue siendo común, siendo aceptado que hasta 300 millones de personas pueden verse afectadas en todo el mundo.

Las condiciones de hacinamiento incrementan su prevalencia en la población, inclusive puede ocurrir en forma epidémica en las instituciones. Es más frecuente en el invierno que en el verano, probablemente por la mayor aglomeración de personas y mayor sobrevida de los ácaros en fómites a temperaturas más frías.

En ambiente frío con alta humedad pueden sobrevivir mucho más tiempo. En condiciones comparables, los ácaros hembras (que se introducen en la piel y causan la enfermedad) sobreviven más tiempo que los machos.

El Sarcoptes scabiei variedad hominis es de color marrón blanquecino de ocho patas, de forma muy similar a una tortuga. La hembra, que es la que produce las manifestaciones clínicas, es de aproximadamente 0.4 x 0.3 mm. El parásito hace madrigueras mediante la secreción de enzimas proteolíticas que causan daño a nivel de los queratinocitos.

Cuando la hembra es fertilizada, rápidamente excava una madriguera en la epidermis a nivel del estrato granuloso, donde se extiende aproximadamente 2 mm cada día y pone de dos a tres huevos a la vez, hasta un total de 10 a 25, y después de uno a dos meses muere. La eclosión de las larvas se produce en tres o cuatro días y continúa el ciclo.

A diferencia de las pulgas ectoparasitarias y las moscas, los ácaros de la sarna no pueden saltar o volar, sino que se arrastran a una velocidad de 2.5 cm/minuto en la piel caliente y húmeda. Pueden sobrevivir durante 24-36 horas a temperatura ambiente y con una humedad media, y son capaces de infestar al ser humano. Se transmite con facilidad por el simple contacto con la piel, por ejemplo, entre parejas sexuales, niños que juegan o incluso entre el personal sanitario que explora a pacientes infecciosos con sarna encostrada.

Los ácaros de la sarna no transmiten el VIH, el HTLV-1 ni otros microorganismos infecciosos. Cuantos más ácaros residan en el huésped humano, mayor será el riesgo de transmisión mediante contacto directo, más incluso que por el contacto indirecto con fómites, por ejemplo, al compartir la ropa de cama o la vestimenta. Aunque es poco frecuente, la transmisión indirecta de la sarna es posible, en particular entre los huéspedes inmunocomprometidos con SIDA, familiares de un caso índice atípico (encostrada) y sujetos ingresados en instituciones.

Otras especies de ácaros sarcópteros que no afectan al ser humano provocan afección cutánea en animales, con picor, inflamación y pérdida del pelo. La sarna animal es frecuente en las mascotas y animales domésticos, en especial en gatos, perros, cerdos, caballos y camellos.

Los sujetos inmunocomprometidos también pueden contraer la variedad animal a partir de animales domésticos por ejemplo, la sarna perruna sarcóptica. Los ácaros de la sarna en animales son ectoparásitos facultativos en el hombre, en el que no pueden completar correctamente sus ciclos vitales.

El ácaro de la variedad humana es un parásito obligado que completa todo su ciclo vital en el huésped humano cuando las hembras escarban sus túneles intradérmicos para depositar los huevos -—de los que surgen las larvas y maduran para reinfestar al mismo huésped o a otros nuevos. Escarban preferentemente en las zonas más finas de la epidermis tras disolver la capa córnea mediante secreciones proteolíticas, pero sus madrigueras no llegan más allá de la capa granulosa. Depositan sus huevos al final de los túneles escarbados, de 5-10 mm de largo, y las larvas eclosionan 2 o 3 días después. Todo el periodo de incubación, desde el huevo hasta el ácaro adulto, dura 14 o 15 días. En el hombre, desde la infección inicial al desarrollo de síntomas, el lapso es de 3-6 semanas en las infecciones iniciales y de tan sólo 1-3 días en las reinfecciones, como consecuencia de la sensibilización previa a los antígenos del ácaro.

La transmisión a través de prendas de vestir o ropa de cama es más probable con mayores cargas parasitarias, como se ve en la escabiosis costrosa, forma atípica que ocurre en pacientes inmunocomprometidos o en ancianos institucionalizados que son infectados por miles de parásitos.

La sarna clásica o típica cursa con un picor nocturno intenso y generalizado, siguiendo una topografía característica cuando 10-15 hembras fértiles pasan de los pacientes infectados a un nuevo huésped. Las erupciones cutáneas en las reinfecciones y las formas atípicas de la sarna son consecuencia de la infección y de las reacciones de hipersensibilidad ante los antígenos del ácaro.

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En la variedad clásica la distribución preferida de las erupciones cutáneas comprende las zonas lampiñas que tienen una capa córnea fina, como las caras laterales de los dedos y las zonas interdigitales de manos y pies, fosas poplíteas, superficies flexoras de muñecas, nalgas y mamas en las mujeres. Aunque se aprecian pápulas pruriginosas inflamatorias en la mayoría de las zonas infestadas, a veces no se detectan los surcos lineales o serpiginosos intradérmicos patognomónicos, de 5-10 mm de largo, punteados por los fecalitos o escíbalos, y que terminan en pápulas elevadas que ocultan a las hembras durante la puesta. Las lesiones secundarias inespecíficas son normalmente consecuencia del rascado y la infección, e incluyen escoriaciones autoinfligidas, eccematización, liquenificación e impétigo.

Aunque se están investigando métodos diagnósticos más modernos, determinar el de la sarna se establece predominantemente por los aspectos epidemiológicos y la observación clínica. El diagnóstico clínico se confirma con el estudio con el microscopio de baja ampliación del raspado de la piel en la zona de un surco que haya excavado la hembra del ácaro, ya que por su tamaño, 0.2-0.5 mm de largo, y su color traslúcido con patas marrones muy pequeñas no se pueden ver a simple vista. En la muestra del raspado del surco también se pueden identificar los huevos (0.02-0.03 mm de diámetro), los pequeños fragmentos de las cáscaras y los fecalitos. No se debe utilizar hidróxido de potasio para preparar las muestras de raspado de los surcos, ya que puede disolver los fecalitos. Como ya se ha indicado, es frecuente no identificar los surcos patognomónicos y no detectar los ácaros, en particular en los casos iniciales, cuando la carga de parásitos es baja, lo cual no descarta la sarna. Una de las formas más simples de identificar sus surcos a la cabecera del enfermo, que muchas veces se pasa por alto, es la prueba de la tinta, que consiste en poner de manifiesto los surcos mediante la misma. Se frota suavemente tinta de una pluma o de cualquier otra procedencia contra las superficies de la piel sospechosas de presentar esta enfermedad y después se retira con algodón empapado en alcohol para dejar al descubierto los ondulados túneles, destacados por la tinta, que la hembra ha labrado en el estrato córneo.

En los casos de sarna atípica la biopsia de piel confirma el diagnóstico. Aunque no se han comprobado en estudios clínicos en poblaciones de gran tamaño, hay nuevos medicamentos que determinan la sarna, que ahora están en fase de investigación, como mejores técnicas con el microscopio (p. ej., microscopio de epiluminiscencia, dermatoscopia digital), detección inmunológica de anticuerpos específicos contra la sarna por ELISA e identificación molecular de su  ADN por reacción en cadena de la polimerasa. La dermatoscopía manual es una prueba precisa para la que se necesita un dermatoscopio y un microscopista con la formación adecuada. Los dermatoscopios más simples cuentan con un amplificador de baja potencia (10 ×), una fuente de luz no polarizada así como un medio líquido entre la fuente de luz y una lente transparente para limitar los reflejos de la piel. Otros dermatoscopios más sofisticados, como los digitales, funcionan con luz polarizada en lugar de un medio líquido para eliminar los reflejos de la superficie de la piel;  se pueden conectar sin cables a ordenadores para ver en la pantalla imágenes y video en tiempo real de las lesiones de la sarna. Las técnicas serológicas y moleculares para diagnosticarla están poco desarrolladas y no todo el mundo cuenta con ellas. Actualmente las consideraciones epidemiológicas y las observaciones clínicas, muchas veces ayudadas por técnicas a la cabecera del paciente, como la prueba de la tinta a la dermatoscopía, siguen siendo los métodos más rápidos y prácticos para determinarla.

Dependiendo de la edad del paciente, es necesario hacer diagnóstico diferencial con enfermedades como dermatitis atópica (especialmente en menores de un año). Cuando la persona presenta prurito generalizado de predominio nocturno se debe sospechar de escabiosis, sobre todo en zonas endémicas que en México abarcan Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Chiapas y Oaxaca.

Las opciones terapéuticas pueden ser tópica, sistémica o combinada. Respecto a la primera, la más común, frecuentemente utilizada, accesible y la que mejor resultado puede tener es la permetrina al 5 %. Benzoato de bencilo al 10 y 25 %. También existe una crema de crotamitón que viene con una indicación al 10 %, así como una loción de benzoato de bencilo y un ungüento de lindano.

La permetrina se aplica en todo el cuerpo, si el paciente es un bebé pedimos incluso que se aplique en piel cabelluda, en cara y debajo de las uñas. Posteriormente, tras 30 minutos de frotar las zonas afectadas se recomienda enjuagar y usar emolientes para que la piel no se reseque.

También se puede utilizar azufre precipitado, que se indica en menores de un año en una concentración de 5 % (para adultos se prescribe al 10 %). Este producto se tiene que frotar durante 30 minutos con un lavado posterior, repitiéndose cada seis horas durante tres días; en caso de no observar mejoría al cabo de una semana, se debe implementar nuevamente todo lo comentado.

Existe riesgo de recaídas y hay pacientes que constantemente se reinfectan por los ácaros. Esto se debe a un factor inmunológico de los pacientes. En estos casos se utiliza la ivermectina que va directamente a este tipo de parásitos; se indica una dosis de 200 ml/kg, y se puede utilizar en intervalos de 10 a 15 días para repetir la dosis.

Para evitar recaídas y reinfecciones el aspecto higiénico será fundamental.
Para evitar recaídas y reinfecciones el aspecto higiénico será fundamental.

En cuanto a los métodos de prevención y control de la sarna destacan los siguientes: 1) tratamiento intensivo de los pacientes infestados y de las personas que conviven con ellos en el hogar o en un centro y de sus contactos sexuales, en especial en los casos muy infecciosos de sarna encostrada; 2) eliminación o esterilización con agua caliente y lavado y secado a 60 °C o más de toda la ropa de cama y vestimenta de los casos índice; 3) acceso a mejores medios de higiene personal y asistencia sanitaria de las personas desplazadas, sin hogar o ingresadas en centros, y 4) control intensivo de las epidemias de sarna zoonótica con posible transmisión al hombre, causadas por ácaros sarcóptidos en algunos animales domésticos, especialmente gatos, perros, camellos, cerdos y caballos.

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