Editorial ¿Entrevista motivacional o paternalista en dermatología?

Dr. Antonio de Jesús de León Cruz. Director médico

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Aunque las condiciones de cada paciente nos lleva a tratar de establecer el tiempo “idóneo” para abordar el caso, no es inusual quedar con la sensación de que, en momentos específicos, el espacio destinado a alguno de ellos es insuficiente para realizar anamnesis, exploración física, integrar una orientación diagnóstica, decidir un tratamiento y, por último, pero sin lugar a duda prioritario, crear una alianza terapéutica con base en el descubrimiento de las necesidades, intereses e inquietudes que lo motiven a poder cumplir las recomendaciones que buscan restaurar su bienestar.

Como parte de las estrategias que pueden ayudar a que el enfermo (ya sea de un padecimiento agudo o crónico) suprima en la medida de lo posible el temor que puede generar la condición que vive, incertidumbre ante el tratamiento ofrecido e incluso la presencia de efectos o reacciones adversas, es recomendable reconocerlo como un ser humano en busca de empatía: respecto de lo que era su vida antes de sentirse enfermo y lo que espera vuelva a ser después de visitarnos; sin embargo, esta condición suele estar en un balance altamente riesgoso, en el cual el afectado quiere ser parte de su cura (siguiendo las indicaciones y hasta cambiando conductas cotidianas), pero en cuya circunstancia tampoco le caería nada mal tener la “seguridad” de que, independientemente de lo que haga o deje de hacer, la resolución tendrá un saldo a favor; es decir, en este momento tenemos una gran oportunidad de cimentar lo que será el camino terapéutico, con una atención centrada en el paciente, destacable pero siempre con la premisa de que la constante colaboración será la guía que permita alcanzar el máximo beneficio.

El entendimiento del estado psicológico de quien nos visita sin duda nos permitirá plantear la prescripción más cercana a lo “ideal”, tratando de evitar la búsqueda de un vínculo del “médico simpático y amigable” y más bien “conectar” con él de un modo que asegure un sentimiento “confortable y de comprensión”, sin ceder en la idea de que pase lo que pase, y gracias a que ha acudido por nuestra ayuda, todo saldrá bien.

Al parecer, la lógica dicta todo lo anteriormente descrito, pero… ¿cuántas ocasiones podemos recordar que hayamos perdido la claridad de estos hechos?, así que no estará de más recordar cuatro procesos secuenciales y recurrentes clave para una entrevista motivacional: vincular, enfocar, evocar y planificar.

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