Importancia de los días internacionales en medicina

Por: Dr. Antonio de Jesús de León Cruz.

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El tabaquismo provoca un envejecimiento prematuro en la piel que es más evidente en las mujeres.

Sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que existe un problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades para que, a través de esa sensibilización, gobiernos y estados actúen y tomen medidas —o para que los ciudadanos así lo exijan a sus representantes—; ése podría ser el concepto que se busca al establecer una fecha particular del año como relevante para cierto tema, lo cual incluye desde aspectos sociales y del desarrollo humano, hasta nuestro entorno: el quehacer médico, en el cual múltiples padecimientos y temas deben ser destacados ya sea por su repercusión en la calidad de vida de quien lo sufre, o por ser una importante carga económica para la administración gubernamental o bien por la evidencia de que difundir el tema puede disminuir el número de casos  incidentes. Todo este panorama debe ser remarcado al erigir una fecha específica, en que la información será el común denominador para el público en general al recibirla vía la mayor cantidad de medios de comunicación disponibles.

Como ejemplo de lo anterior está el día internacional celebrado a finales de este mes de mayo —el día 31—, establecido por la Organización Mundial de la Salud (autoridad directiva y coordinadora en asuntos de sanidad internacional en el sistema de las Naciones Unidas), el cual se ha instituido como el Día Mundial Sin Tabaco, con el fin de poner de relieve los riesgos para la salud asociados con el tabaquismo y abogar por políticas eficaces para reducir su consumo.

Con el lema “El tabaco, una amenaza para el desarrollo”, la OMS lidera una campaña que busca destacar que la industria del tabaco compromete el desarrollo sostenible de todos los países, incluidos la salud y el bienestar económico de sus ciudadanos. Además, propone medidas de lucha contra la crisis mundial causada por el tabaquismo, que deberán adoptar las autoridades y la opinión pública para promover la salud y el desarrollo.

El consumo de tabaco mata cada año a casi 6 millones de personas, una cifra que, según las previsiones, aumentará hasta a más de 8 millones de fallecimientos anuales en 2030 si no se intensifican las medidas para contrarrestarlo.

Además de salvar vidas y reducir las desigualdades sanitarias, los programas integrales de lucha antitabáquica pueden limitar las consecuencias negativas para el medio ambiente del cultivo, la producción, el comercio y el consumo de tabaco.

Estos programas también ayudan a romper el ciclo de la pobreza, erradicar el hambre, promover la agricultura sostenible y el crecimiento económico y luchar contra el cambio climático. Pero no son sólo los gobiernos quienes deben redoblar los esfuerzos: todos podemos poner nuestro grano de arena para poner fin al consumo de tabaco en el mundo de forma duradera. Los usuarios actuales pueden comprometerse a no consumir más tabaco o a buscar ayuda para conseguirlo; así, no solo mejorará su salud, sino también la de las personas expuestas al humo, especialmente los niños, así como sus familiares y amigos.

La piel y el tabaquismo

La piel sufre las consecuencias del tabaquismo, no sólo con enfermedades graves, como diferentes tipos de cáncer, sino también con aquellas que afectan su estética generando arrugas prematuras, cabello reseco y piel seca. El tabaco lesiona la piel de todo el cuerpo, pero esto es más manifiesto en la cara, porque se suman los efectos de los rayos ultravioletas del sol.

Las arrugas de los fumadores son diferentes de las de los no fumadores: son más estrechas, profundas y con contornos bien marcados. Los fumadores de 40 a 49 años tienen una probabilidad de arrugas idéntica a la de los no fumadores de 60 o 70.

El consumo de tabaco provoca deshidratación de la piel, que aparece áspera, quebradiza e inflexible. A esto se suma la poca oxigenación de las células y como consecuencia,  el cutis parece grisáceo y apagado. El cabello también sufre los efectos secantes del monóxido de carbono, pierde luminosidad y se vuelve quebradizo. A su vez se incrementa la porosidad del cabello y éste fija el olor característico a cigarro.

El humo del tabaco disminuye la oxigenación de los tejidos afectando la nutrición de la piel. Esto se debe a que la nicotina provoca una disminución de la circulación y el monóxido de carbono compite con el oxígeno por la hemoglobina, disminuyendo la cantidad del primero que llega a los tejidos periféricos.

Por todo lo anterior vale la pena  tomar en cuenta los días de difusión internacional de los padecimientos, y hacer un esfuerzo por transmitir una cultura preventiva en el diario actuar médico.

Dr. Antonio de Jesús de León Cruz / Director Médico

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