Intervenciones Psicológicas en Dermatología

Por Jorge R. Guerra Vázquez Mellado Especialista en Psicología Clínica.

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El contacto de la piel con el medio externo tiene implicaciones destacables para el desarrollo de la personalidad.

Existen diversos métodos para poder abordar problemas dermatológicos en pacientes, sin embargo es importante considerar también el apoyo de profesionales de la salud mental a fin de trabajar desde la raíz de los síntomas.

La piel es un órgano extremadamente visible, sobre todo en áreas como brazos y rostro, pues es el primero que tiene contacto con el mundo que nos rodea y esto nos muestra, a los ojos de los demás, adecuados, o no, para una población determinada.

Esta importancia se constata con la posición prioritaria que diversas empresas le dan a generar productos como lociones, maquillajes o cremas que buscan realzar la apariencia bella de tan notable estructura corporal. Amén de lo anterior, es ineludible observar constantemente un sinfín de publicidad en que las personas participantes en ella aparecen mostrando un gran atractivo físico, personalidad, talento y aceptación social de su entorno inmediato gracias al aspecto de su piel; sin embargo, vale la pena interrogarse acerca de la manera en que en individuos cuya virtud cutánea no es similar a ese concepto de “hermosura” destacado por las campañas, puede afectarlo directa y profundamente cuando se manifiesta una enfermedad en esta carta de presentación.

La realidad es que en nuestro diario acontecer suele dársele un considerable poder a la belleza y la juventud, y en consecuencia, muchas personas se encuentran frustradas,  intentando cumplir con estos estándares “a como dé lugar”, para lograr encajar en la sociedad, lo que resulta en un impacto psicológico negativo al no poder alcanzar el estándar físico de atracción, secundario a alguna patología cutánea.

Muchas de las intervenciones de los especialistas dermatológicos y profesionales relacionados están enfocadas en minimizar prurito, dolor y ardor -—síntomas que incomodan y molestan de modo importante al individuo—, a fin de modificar el bienestar y calidad de vida de quien lo padece; sin embargo, no se debiera dejar de lado la existencia de un impacto emocional-psicológico que los trastornos originan, pues en la mayoría de los casos, conducen a ansiedad, agorafobia (ansiedad social) y depresiones, entre otras. También se puede observar que los pacientes presentan estrés ante estas condiciones, haciendo que los síntomas se agraven.

La principal prioridad de trabajo con los pacientes debiera ser forjar una relación en donde exista buena comunicación, empatía y retroalimentación positiva. Lo anterior es de suma importancia, sin embargo, no es inusual que algunos profesionales de la salud, debido a la cantidad elevada de trabajo, olviden cimentar un lazo más humano con las personas que tienen enfrente.

El tratamiento integral podría suponer una mayor mejora en el paciente, pues el trabajo del inconsciente es profundo y significativo.

La Terapia Cognitiva puede ser utilizada en este tipo de población, ya que intenta encontrar y cambiar el sistema de creencias con las que cuenta la persona, y que pudieran estar generando que se desencadenen diferentes afecciones cutáneas.

Una vez logrado esto, es importante revisar si la condición del paciente también refiere problemas psicológicos ya sea derivados del problema dermatológico o viceversa, esto con el fin de poder determinar qué corriente psicológica puede ser la más conveniente debido al estado en el que la persona se encuentra.

La psicoterapia es profunda, identifica procesos de psicopatología por los que se conocen diagnósticos del Manual Estadístico y Trastornos Mentales (DSM) útiles como guía en el tratamiento del paciente.

La psicoterapia está indicada en pacientes que han alcanzado un diagnóstico de enfermedad mental, en los que es necesario hacer una valoración y abordaje más profundo para encontrar la causa del desorden personal, así como de síntomas específicos; algunos dermatólogos han estudiado diferentes corrientes psicológicas, lo cual les permite poder abordar del mismo modo este tipo de padecimientos, sin embargo de no ser así, es necesario que también los médicos puedan referir con colegas especializados.

Cuando un sujeto es atendido por un psicólogo, se puede iniciar el trabajo terapéutico desde la negación del problema, es decir, el que la persona se dé cuenta que los síntomas que llega a presentar pueden ser factores que se desarrollan debido a problemas mentales.

La habilidad del especialista en el cuidado de la piel suele verse reflejada al identificar alteraciones más allá de la mera manifestación cutánea

En algunas ocasiones esto puede ser traumático para el paciente pues lo responsabiliza de su enfermedad y podría generar enojo y agresividad hacia el terapeuta, sin embargo el especialista en salud mental deberá guiar adecuadamente para que la persona pueda ir aceptando su responsabilidad en la enfermedad, y con ello, también ser responsable de su recuperación.

A muchas de las personas que acuden a terapia lo que realmente les interesa es curar su piel o su condición dermatológica, por supuesto por las implicaciones sociales que esto tiene, sin embargo muy pocos pacientes se mostrarán receptivos en un principio a entender este proceso mental en su enfermedad, por lo que también es otra de las barreras que el terapeuta debe trabajar.

Los métodos individuales de los terapeutas son variados, pues existen corrientes como se han mencionado en artículos anteriores que son muy efectivas en el caso del trabajo con los individuos, tal es el caso de la terapia cognitiva la cual se centra en cambiar la forma en la que el afectado piensa de sí mismo y de su sistema de creencias, para poder lograr adaptaciones más adecuadas a su nueva forma de vida.

El modelo de trabajo se centra principalmente en tres procesos:

a) Identificar el pensamiento disfuncional.

b) Modificar este pensamiento o creencia acerca de sí mismo, de otros o del mundo.

c) Cuestionar y desafiar los pensamientos disfuncionales.

La Terapia Cognitiva funciona adecuadamente y ayuda a que los pacientes recuperen su autoconcepto y seguridad personal, sin embargo no es factible afirmar que la terapia per se pueda cambiar radicalmente la afección cutánea, pero si podría minimizar algunos de los síntomas que se llegan a presentar, así como también generar mejores condiciones de vida de acuerdo con los diagnósticos dermatológicos que se les han hecho.

Es importante mencionar que los terapeutas también deben tener su propio proceso terapéutico, en el cual trabajen sus problemas personales con el fin de que éstos no pasen inadvertidos, pues en algunos casos se llega a observar que podría existir transferencia negativa, es decir adjudicar sentimientos o emociones inadecuadas al paciente, por no trabajar con lo propio.

El terapeuta también debe estar en constante evaluación de su capacidad, en busca de poder ofrecer la mejor oportunidad de alivio a cada uno de sus pacientes.
El terapeuta también debe estar en constante evaluación de su capacidad, en busca de poder ofrecer la mejor oportunidad de alivio a cada uno de sus pacientes.

Sobra decir que esto genera que el tratamiento sea ineficaz, por lo tanto es una invitación a todos los terapeutas a revisar cómo se encuentran consigo mismos, qué tan disponibles y preparados emocionalmente están para poder trabajar con personas con diferentes afecciones y trastornos, y qué tan comprometidos se hallan en su práctica terapéutica, pues el trabajo no sólo es con los pacientes si no también con nosotros mismos.

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