Fotoprotección y fotoeducación, ¿cuándo comenzar?

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La luz del sol es fundamental para todos los procesos biológicos en el planeta y de gran trascendencia para la salud humana, sin embargo, uno de los problemas más importantes a nivel global es la aparición de cáncer en la piel en poblaciones blancas expuestas de forma excesiva a los rayos UV.

En países de ancestros anglosajones como Australia, en donde la radiación solar es intensa, el cáncer de la piel es un problema epidémico (igual que en los Estados Unidos). En Latinoamérica la población es muy diversa racialmente, y el color de la piel es más oscuro, por lo que pudiera pensarse que el problema es aparentemente menos grave, sin embargo, en los servicios de dermatología de las instituciones públicas del sector salud, estas neoplasias ocupan un lugar preponderante, y en el hospital Juárez de México se encuentran entre las primeras tres dermatosis más frecuentemente diagnosticadas.

La problemática se resuelve tratando a los pacientes en estadios iniciales (que lamentablemente es lo menos frecuente) con medicamentos locales anticancerosos; algunos requieren procedimientos quirúrgicos como criocirugía, extirpación de las lesiones por cirugía con bisturí, y en ocasiones, hasta abordajes quirúrgicos complejos o radioterapia.

Algo que debe llamarnos la atención es darnos cuenta de una realidad que tiene que ser modificada: poco se hace respecto a la prevención, y los programas para ello no son permanentes.

Un aspecto importante que debemos tener en mente es que los seres humanos, debido al dinamismo físico durante la infancia y adolescencia, se exponen a grandes dosis de radiación ultravioleta, y se ha llegado a calcular que 80 % de la radiación solar que una persona recibe, sucede en los primeros 18 años de su vida, dañando así su piel y células para siempre, además, las exposiciones al sol en forma posterior en la vida adulta, son las que finalmente pueden desencadenar el cáncer.

En primer lugar es fundamental educar a las madres acerca de la importancia de evitar exponer a los bebés al sol de forma directa, y en segundo término, concientizar a las maestras de educación preescolar, primaria, secundaria y preparatoria, para que guíen a los niños durante la vida escolar sobre los efectos dañinos del sol, e inclusive, estos conceptos deberían estar incluidos en los libros de texto, así como se incluye la educación sexual, lo cual evitaría la aparición de muchos casos de este tipo de cáncer en la vida adulta, y estaríamos así, con décadas de antelación, previniendo la aparición de cientos de neoplasias cutáneas.

Se sabe que los filtros solares se absorben a través de la piel y se metabolizan en el hígado, por lo que la Academia Americana de Pediatría y la FDA recomiendan utilizar protectores solares a partir de los seis meses de edad en adelante, sin embargo debe hacerse énfasis en que los filtros en sí no son la solución al problema. Como contraparte en cambio, la triada constituida con el fin de evitar la exposición al sol durante las horas de mayor radiación (10 am a 3 pm), utilizando ropa de algodón de manga larga que cubra los muslos y piernas, así como el uso de sombreros y gafas para el sol que tengan una cobertura contra los rayos ultravioleta, además del filtro solar, es lo más adecuado.

Para los bebés menores de seis meses es importante evitar la luz solar directa y protegerlos con ropa, sombreros y gafas, evitando también que permanezcan en el exterior en las horas de mayor radiación lumínica.

Actualmente existen distintas líneas de protectores solares dirigidas a la población pediátrica en el mercado, y debe elegirse el de amplio espectro (es decir que cubra contra rayos ultravioleta A y B), con un FPS (Factor de Protección Solar) al menos de 15, e idealmente a partir de 30.

El protector solar debe aplicarse generosamente y reaplicarse cada dos a tres horas o más frecuentemente si el niño está en el agua o sudando, ya que pierde su capacidad protectora.

Para evitar la irritación de la piel y los ojos, hay quien considera que en este grupo de edad el uso de pantallas solares que contienen únicamente filtros inorgánicos en polvo como el óxido de zinc y el dióxido de titanio es lo mejor.

Es importante hacer saber a los padres que unas cuantas quemaduras graves durante la infancia pueden aumentar el riesgo de cáncer cutáneo en su hijo a la postre, y que educar a los niños y adolescentes acerca de los riesgos de exponerse excesivamente al sol, asi como capacitarlos sobre cómo protegerse con hábitos, ropa y el uso de filtros solares es fundamental en la prevención de este problema de salud pública.

Con este marco conceptual queda claro que la educación para la protección contra el sol y la fotoprotección deben estar enfocados fuertemente al grupo infantil

La protección contra la exposición excesiva se debe basar en:

  • Uso de filtro solar con FPS, cuando menos de 15.
  • Utilizar gafas, sombrero y ropa de algodón que cubra brazos, muslos y piernas.
  •  Evitar la exposición entre las 10 am y las 3 pm.

 

 

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