¿Estrés? Cuidado con la piel

Por María Cristina Mallén

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“Los sentimientos internos podrían afectar cómo nos vemos en el exterior; estrés, depresión y ansiedad se reflejan en un aumento en problemas de la piel”.

Richard G. Fried, dermatólogo y psicólogo clínico de la American Academy of Dermatology.

La historia del ser humano ha sido una constante búsqueda de explicaciones de los fenómenos que lo rodean, y sin duda, también de las emociones internas que en él se generan, así como de sus manifestaciones.

En la década de 1970, el doctor Hans Selye sugirió que el estrés era la consecuencia biológica de la exposición a un ambiente adverso. Sin embargo, estos conceptos nada dicen respecto de la naturaleza de los factores estresantes y tampoco explican por qué las respuestas no siempre son coherentes en intensidad y amplitud, variando considerablemente de un individuo a otro.

El ritmo de la vida actual es muy agitado. Y dependiendo del ambiente en que habitemos existe la posibilidad de padecer distintos niveles de estrés y naturalmente, las consecuencias que éste tiene en nuestro cuerpo. Sin embargo, el que llega a ser más notorio y difícil de ocultar es el de la piel.


Y… ¿cómo andamos de estrés?

La Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, muestran gran preocupación al reconocer este problema como una de las enfermedades del presente siglo, el cual por las dimensiones que ha adquirido debe tratarse como un problema de salud pública.


Que aparezca un estado de estrés depende de cómo evalúa el sujeto su interacción con el medio, y esa cognición resulta tanto del procesamiento de la actividad emocional llevada a cabo por la amígdala como del de la información sobre el entorno que ocurre en el hipocampo. Ambos tipos de procesamiento de la información, de naturaleza subliminal a la conciencia, configuran la apreciación del sujeto respecto al manejo de la situación y determinan su respuesta emocional y su conducta. Este modelo explicativo, que recibe el nombre de “modelo cognitivo de control”, sugiere que la adaptación del ser humano todavía está más regulada por procesos límbicos (como ocurre en todos los mamíferos) que por decisiones racionales y conscientes generadas en la corteza asociativa prefrontal.

Pero ¿cómo afecta  el estrés a nuestra piel?

Cuando algo nos causa estrés, el cuerpo reacciona produciendo hormonas con diferentes objetivos, entre ellas están el cortisol y la adrenalina. El exceso de éstas produce un desequilibrio en los estrógenos y testosterona en el cuerpo y tales hormonas afectan la piel directamente.

La activación estresante de un organismo es medible a partir de la activación simpaticoadrenal (que deja de ser reactiva y no retorna a sus valores basales), la activación neuroendocrina (expresada sobre todo por el incremento sostenido de los niveles de cortisol, considerado como el más importante marcador biológico de estrés), la inhibición inmunitaria (con disminución de la vigilancia inmunitaria y reactivación de virus acantonados, como el del herpes) y la inhibición conductual (con desorganización de los aprendizajes y ausencia de percepción de control sobre el entorno).

Las causas del estrés son diversas: cansancio, tensión, agobio y nerviosismo entre otras, ocasionadas por la presión escolar, laboral o la depresión. Y si al momento de padecer estrés la persona ya tiene una patología en la piel, lo más seguro es que esta última se pueda incrementar.

Cabe destacar que el estrés emocional presenta diversos síntomas y signos en la piel, como prurito, caída de cabello, rosácea, caspa, herpes labial y urticaria. Contribuye a la aparición de barros y espinillas -en personas propensas al acné- e hiperhidrosis; a veces, estimula que salgan manchas en la piel porque la hace más vulnerable al medio ambiente. También puede ser un disparador de psoriasis y dermatitis seborreica, así como afectar el sueño y, en consecuencia, nuestra piel perderá lozanía y juventud.

El papel de la ansiedad como estresante natural generador de exantemas es frecuente. Así, el estrés suele agravar ciertos cuadros cutáneos, como el eccema, dando lugar a un círculo vicioso en el que el exantema agrava la ansiedad. Los exantemas son signos y síntomas frecuentes en los trastornos psicosomáticos.

Saber manejar el estrés emocional es la solución para evitar y controlar muchas enfermedades. Hoy existen diversas alternativas de tratamiento, como tranquilizantes o ansiolíticos de prescripción médica, así como llevar hábitos de vida saludables que incluyan una sana alimentación, actividad física o deportiva regular supervisada, y practicar diversas tipos de técnicas de relajación.

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