Envejecimiento, reflejo de nuestra sociedad

Por la Dra. Marimar Guerra Especialista en Medicina Genómica y de Rejuvenecimiento.

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Hace 20 años la esperanza de vida, comparada con la actual, era 20 % menor, lo que claramente evidencia los profundos cambios que la sociedad ha tenido.

Debido al desarrollo de la ciencia y la tecnología, múltiples características sociales han cambiado de manera increíble, tal es el caso de las condiciones en las que una persona logra vivir más y, en muchos aspectos, mejor.

Hace 50 años, las enfermedades infecto-contagiosas mataban a gran parte de la población infantil y reducían la posibilidad de vida de un adulto a un promedio de 60 años de edad. Actualmente, la esperanza de vida se cifra en un promedio de 80 años y las causas principales de muerte son las enfermedades crónico-degenerativas.

La ciencia ha trabajado mucho para lograr extender el promedio de vida tanto como para mejorar sustantivamente la calidad de la misma. No sólo el uso de antibióticos, cada vez más sofisticados, prácticamente impide los decesos por enfermedades infecciosas, sino que el avance en todo el desarrollo de nuevos medicamentos para múltiples patologías, nos proporciona la posibilidad de atender enfermedades que antes resultaban mortales o sumamente agónicas.

Hoy, con la medicina preventiva y personalizada (como lo es la medicina genética), los individuos tienen la posibilidad no sólo de parecer más jóvenes, sino de verdaderamente estarlo y sentirse bien.

El ser humano seguirá muriendo (eso lo lleva escrito desde que nace), pero la calidad de vida que tendrá, y por varios años más en comparación con épocas anteriores, será muchísimo mejor.

La medicina genética es un gran aliado en la preservación de la lozanía corporal.
La medicina genética es un gran aliado en la preservación de la lozanía corporal.

El envejecimiento
Se refiere al conjunto de cambios que suceden en el organismo de los seres vivos como consecuencia de la acción del tiempo; con ello comienza una serie de procesos que va deteriorando paulatinamente los órganos y sus funciones.

Es por eso que muchas enfermedades han sido asociadas a este proceso que es, por otra parte, sumamente natural y no opcional.

Siendo que uno de los hallazgos más relevantes es que las células normales están programadas para un número determinado de rondas divisionales, la investigación a nivel celular ha recibido especial atención.


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De esta forma, el largo de los telómeros representaría una especie de reloj genético que determinaría el tiempo de vida de las células.

Una vez que sabemos que el envejecimiento es un proceso natural y que se da a nivel celular, deberíamos preguntarnos también: ¿Estamos genéticamente sentenciados a tener una piel arrugada hagamos lo que hagamos?

Es cierto que los genes tienen un peso importante en el aspecto de nuestra piel y en cómo evoluciona ésta con el paso de los años, pero no es el único factor  por tener en cuenta. De hecho, se sabe a ciencia cierta que los genes controlan un 25 % del proceso de envejecimiento, lo que deja el 75 % restante en nuestras manos.

Ese 75 % tiene un peso importantísimo como para no tenerlo en cuenta. El mecanismo del envejecimiento se debe, en gran medida, a nuestro estilo de vida y a las variables que influyen directamente sobre este proceso.

La piel es un espejo de cómo estamos por dentro, así que si queremos mantener nuestra piel joven, fresca y libre de arrugas debemos empezar por llevar una higiene de vida adecuada.

El sol, la contaminación, el estrés, una alimentación inadecuada, el alcohol, el tabaco, la falta de descanso, no utilizar productos cosméticos o utilizarlos de manera errónea, dejan huella en nuestra piel, pudiendo hacer que ésta envejezca de manera prematura.


Las personas como seres biopsicosociales

Somos seres biológicos, insertos en el tiempo, lo que nos hace vulnerables a que nuestro organismo (en conjunto) envejezca.

Por otra parte, estamos dotados de una psique que nos hace conscientes de nuestro ser y nuestra actualidad. Nos aceptamos, o no, pero finalmente, no podemos concebirnos sin nuestra relación con los demás seres, a los que les damos generalmente el poder de juzgar nuestra apariencia en una sociedad y en un momento en el que la juventud se presume como uno de los valores más importantes, y la vejez es vista no como experiencia sino como decrepitud.

Dado lo anterior, el coctel de estos tres aspectos —lo bio, lo psico y lo socio—, puede tornarse en un verdadero conflicto para juzgarnos a nosotros mismos en el tiempo. No podemos detenerlo y no nos resignamos a que pase.


Preservar y restaurar la lozanía cutánea

Está demostrado que los cosméticos funcionan. Su uso correcto, de modo constante y bien aplicados, nos aseguran beneficios frente a las arrugas y retrasan su aparición, pero esto no puede mantenernos jóvenes eternamente.

La ciencia nos ofrece un sinnúmero de técnicas que pueden ayudarnos a recobrar la lozanía perdida; el objetivo final deberá ser activar las células madre, para lo cual, una técnica fabulosa es la de los fibroblastos, que son las células que producen colágeno y elastina en nuestro cuerpo y piel.


Importancia de hábitos preventivos ante el envejecimiento

La mejor manera de tratar una arruga es evitar que aparezca. Esto significa que no debemos empezar a preocuparnos por ellas cuando ya han hecho acto de presencia, sino que lo mejor es utilizar los cosméticos como preventivo. A partir de los 30 es clave utilizar a diario un cosmético antiarrugas para atacar el problema desde el inicio, así obtendremos resultados mucho más satisfactorios.

La piel de los 60 se hace a los 30 años de edad, de manera que es conveniente no desesperarse y desarrollar un hábito de constancia ante las rutinas cosméticas, y hacer de éstas un momento placentero para evitar el fallo, con la idea clara de que el día de mañana se verán los frutos de dicho esfuerzo.

Por otra parte, no se debe olvidar que el estrés emocional acelera el proceso de envejecimiento de la piel a nivel celular.

Cuando el organismo sufre estrés, libera hormonas, entre las que se encuentra la adrenalina y el cortisol. Éstas pueden provocar irritación y pérdida de la función inmunitaria de la piel, siendo sus efectos muy similares a los que tienen lugar durante el proceso del envejecimiento natural y de nada sirve ante esto, recurrir a un arsenal de cremas para mejorar el estado de nuestra piel.

La conclusión de todo lo anteriormente referido es que el envejecimiento depende de múltiples factores, sin embargo los cuidados preventivos y las técnicas cosméticas novedosas pueden ofrecer grandes beneficios al paciente. Si bien envejecer es inevitable, el cuidado permanente y desde temprana edad, retrasará sus signos. Por otra parte y aunque ya estén al alcance de muchos, múltiples tratamientos y procedimientos que sin llegar a ser invasivos mejoran drásticamente el aspecto cutáneo, es fundamental poner atención a los cinco enemigos principales de nuestra piel.

Por lo tanto, es prioridad la instauración de hábitos que busquen el mantenaimiento de un estado de salud idóneo, que sin lugar a duda se verá reflejado en la apariencia de nuestra piel.

La pérdida de equilibrio entre nuestra mente, cuerpo y sociedad suele generar importantes problemas

  1. Dormir poco o mal cada noche marcará las ojeras y hará más flácida la piel, además de propiciar la aparición de granitos, imperfecciones y una coloración poco agradable.
  2. Fumar es el vicio que más perjudica la piel; los estudios realizados hasta el momento, revelan que las mujeres fumadoras tienen un riesgo casi tres veces mayor de presentar arrugas que aquellas que no fuman. Se sabe además que debido a factores hormonales, los efectos del tabaco afectan más a las mujeres que a los hombres. Las arrugas de los fumadores son diferentes: son más estrechas y profundas, con contornos bien marcados. El color de la piel no presenta el color rosado característico de un cutis sano, manifestándose una palidez cercana al amarillo.
  3. Beber grandes cantidades de alcohol todos los fines de semana es un hábito que hace que se aparente mayor edad de la real; el alcohol afecta a las fibras de colágeno, y las consecuencias son claras: cara contraída, demacrada y arrugada. Los tomadores jóvenes pueden presentar muchos brotes de acné, y los de mayor edad son propensos a desarrollar un daño hepático con el que la piel se torna opaca, pálida y amarillenta.
  4. Vida sedentaria. El ejercicio mejora la circulación sanguínea y linfática. Mientras más circule la sangre, mejor color y tonicidad tendrá la piel, además de evitar las venas varicosas.
  5. Dieta rica en grasas saturadas e hipercalóricas afecta la grasa de la piel, empeorando sobre todo el acné, la dermatitis seborreica y, por mecanismos inflamatorios, la psoriasis de quienes la padecen.
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