El color de la piel

Por Cinthya Mendoza Romero

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A simple vista los seres humanos somos similares. Lo anterior debido al parecido de los ADN, lo cual demuestra que descendemos de una combinación genética muy pequeña. Todos los habitantes del planeta provenimos de uno de cuatro linajes que datan de hace más de cien mil años. Sin embargo, el cambio climático y la falta de alimento fueron los factores que obligaron a la gente de África a abandonar sus tierras buscando nuevas regiones en donde establecerse y gracias a esa migración fue que se extendió el linaje genético por todo el planeta. 

Por otra parte, los neandertales emprendieron aquel mismo viaje miles de años antes y evolucionaron independientemente por todo el continente europeo. Pero, a pesar de que éstos convivieron durante muchos años con nuestros antepasados, nunca se mezclaron genéticamente con ellos y, al final, se extinguieron sin dejar descendencia. Ahora bien, si todos provenimos de una combinación tan pequeña de genes, entonces ¿por qué tenemos un aspecto tan diferente unos de otros? 

La selección natural y la adaptación al entorno son los factores que más influyen. Otro factor importante es el clima, que impone la forma corporal; cuanto más frío sea, más bajos y rechonchos para así mantener fácilmente el calor corporal. Es bien sabido también que la estatura varía en proporción a la dieta; cuanta más carne se consume más altos. Sin embargo, lo que más nos diferencia a los unos de los otros, es el color de la piel. Hoy se sabe que esta desigualdad se debe a la importancia del ácido fólico en el desarrollo fetal, y a su interacción con la radiación ultravioleta. 

El exceso de radiación ultravioleta del Sol destruye el ácido fólico (sustancia crucial para el desarrollo embrionario humano), por esta razón los antepasados africanos tenían que ser oscuros, para propiciar su supervivencia a través de la natalidad.

Por otro lado, la falta de radiación ultravioleta impide la formación de la vitamina D, y su carencia provoca raquitismo, enfermedad que puede ser mortal. Así que, cuando los de piel oscura migraron a las regiones del norte, donde la radiación solar era más débil, tuvieron que volverse más pálidos para sobrevivir.

La melanina es la protección natural de nuestra piel. Por esa razón, para que el organismo pueda fabricar la vitamina D, debe reducirse la cantidad de melanina en la piel. Consecuentemente, conforme nos vamos desplazando progresivamente desde el Ecuador hacia los polos terrestres, se encuentra que las personas van teniendo la piel más clara cuanto más nos alejamos de las zonas tropicales. 

Este cambio de tonalidad en la piel, que tanto diferencia a unas razas de otras, se ha producido muy lentamente a través de los años. Los científicos calculan que hacen falta veinte mil años para pasar del color negro al blanco. 

Actualmente lo que define el color de la piel de las personas son unas diferencias genéticas establecidas hace mucho tiempo en el ADN de nuestros ancestros.

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