¿Cómo deshacer una relación profesional con un paciente?

Por: Piel Sana

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Romper un vínculo profesional con un paciente puede ser difícil, y aunque por fortuna esto no es frecuente, se debe estar alerta para identificar el problema y llevar a cabo la implementación de conductas que eviten llegar a tal situación.

En general los médicos somos reacios a dar de alta o canalizar a los pacientes con otro colega cuando éstos no siguen las indicaciones o terapia implantada. Hay casos en que los pacientes quieren cumplir con las instrucciones, pero encuentran una serie de obstáculos en su camino, por lo que el médico debe distinguir entre aquellos que no están haciendo ningún esfuerzo para seguir las recomendaciones, y los que carecen de recursos prácticos o monetarios para hacerlo.

Para la mayoría de nosotros, la práctica de la medicina se trata de establecer una relación de “curación”, o una sinergia entre el médico y el paciente que se traduzca en una respuesta terapéutica benéfica, sin embargo, a veces hay que reconocer que éstas no funcionan y tenemos que hacer cambios, es decir, dar un paso atrás y examinar el cumplimiento terapéutico y nuestra convivencia con el paciente de una forma objetiva y franca, y decidir sí romper definitivamente el trato es algo que debemos tener en mente y considerar seriamente.

Una estrategia que en ocasiones funciona es que alguna enfermera o trabajadora social localicen el problema subyacente por el cual el enfermo no toma la medicación y por tanto no mejora; por lo general, se siente menos intimidado con el personal auxiliar de salud, lo que permite que el médico logre integrar una solución viable para el cumplimiento terapéutico.

Si un paciente no acude a sus citas debido a la dificultad del transporte público, o a que no hay quien lo traslade, no quiere decir que éste no desee acudir a su consulta. Quizá una estrategia que pueda funcionar es cambiar la cita a horarios en que el traslado sea más accesible, esté menos saturado, o tomar en cuenta los tiempos de algún familiar que pueda ayudarlo a llegar.

Se debe buscar la razón por la cual algunos pacientes parecen no tener interés por acudir a sus consultas y, en la medida de lo posible, adecuar las citas o prescripciones para favorecer su cumplimiento.

Aunque parezca increíble, un porcentaje muy grande no toma su medicación debido a que “lo olvida”, por lo que una parte importante de la consulta debe enfocarse en dar consejos que ayuden a recordar cómo aplicar la toma de sus medicamentos: ponerles las medicinas orales en la mesa junto al salero, una nota en la puerta de la casa al salir, en el espejo al maquillarse, o usar alguna aplicación de los teléfonos inteligentes actuales como recordatorio; se ha visto que todas las anteriores son conductas de gran ayuda para que el paciente sea adherente a su tratamiento.

Un abordaje adecuado es pensar que si un paciente no aplica su tratamiento, no es que no esté siguiendo el consejo médico, sino que tiene una serie de problemas para llevarlo a cabo, y el médico debe involucrarse para encontrar formas de resolver este problema adicional.

Por ejemplo, la persona a la que le prescribimos un medicamento del que tiene noticia que le hizo daño a algún familiar, o revisa en la red los efectos adversos o colaterales de la isotretinoina y decide no tomarla sin avisarnos, debe hacernos preguntar con un espíritu de compasión y curiosidad sin regaño, por qué no sigue el tratamiento, y promover una apertura para que el paciente nos transmita sus miedos, tanto como sus motivaciones.

En el caso del acné, está demostrado que ni siquiera 50 % de los pacientes cumplen cabalmente con el plan terapéutico, y desde el momento de la consulta uno puede detectar situaciones en las que el paciente adolescente es quien está en busca del apoyo y auxilio médico, o si es la madre quien lo está llevando casi de manera obligada.

El paciente interesado en cómo ponerse o aplicarse la medicación, es distinto a aquel cuya madre exige que el tratamiento le sea explicado a ella, ante la indiferencia del afectado, lo que seguramente se traducirá en malos resultados terapéuticos y desapego al tratamiento; en este caso, es importante sensibilizar al afectado y dirigirse a él, aun cuando pueda ocurrir que sea la madre quien decida romper la relación con el médico por sentir que no está siendo tomada en cuenta directamente.

Lo más importante ante cualquier escenario que pueda ser planteado sobre falta de apego terapéutico, siempre será tener en cuenta que se debe trabajar junto con el enfermo, hasta donde sea posible, para  tratar de obtener el máximo beneficio de las indicaciones prescritas, antes de caer en situaciones como “sigo igual”, “estoy peor” o “el tratamiento no me funciona” y descubrir que eso puede ser secundario a que el paciente no está haciendo caso a las indicaciones especificadas.

Cuando una evaluación objetiva evidencia la falta de eficacia terapéutica del tratamiento, puede estar indicada la finalización de la relación médico-paciente, para evitar el estancamiento de la condición del enfermo, así como la frustración del médico ante la ausencia de resultados.

Un aspecto frecuente es la falta de confianza en nuestra prescripción con expresiones como “un amigo dice que esto no funciona”, “una vecina me dijo que esto es muy malo” o cuando revisan la prescripción en la internet, es decir, uno de los factores más importantes para la verdadera curación de un paciente es la confianza en su médico.

Sin embargo, esta transición debe hacerse en forma correcta y profesional, ya que mientras una persona puede optar por cambiar a otro médico en cualquier momento, un médico puede ser acusado de falta de ética al “abandonar” a su paciente en caso de decidir terminar el vínculo profesional.

Es obvio que la salud del paciente no debe ponerse en peligro de ninguna manera y debe tenerse tacto en este sentido para sugerir la intervención de algún otro colega sin interrumpir el tratamiento.

Si el paciente ha estado por años con el médico, de cierta manera la ruptura de la relación profesional será traumática (como un divorcio), y puede ser una conversación difícil de tener, debe quedar claro que nadie está obligado a estar a cargo de un paciente a menos que se sienta cómodo con la relación, lo anterior debe expresarse de forma tranquila y asegurando que no existirán suspensiones del tratamiento que afecten la salud del enfermo; todo lo anterior deberá quedar registrado en el expediente clínico.

Otro ejemplo son aquellos que están en terapia con isotretinoina, quienes no siempre acuden a que les hagan los estudios de laboratorio que dan seguimiento a la respuesta metabólica ante el producto; en este caso, siempre es fundamental explicar ampliamente la importancia de las pruebas, por lo que no se puede seguir prestando atención médica, a pesar de que nuestra misión sea ayudar, si no hay un monitoreo de laboratorio adecuado.

Un aspecto en el que la eficacia terapéutica puede ser limitada, es el tipo de atención en zonas rurales o a personas con un nivel educativo bajo, que no entienden las indicaciones, e incluso no saben leer y que por cuestiones económicas o de distancia no acuden a sus citas. Este último caso requiere de tolerancia, creatividad y un esfuerzo adicional del médico antes de decidir terminar la relación, ya que el paciente no cumple con lo indicado y debe intentarse involucrar a otro familiar que sepa leer o cuide al enfermo, o en caso de estar disponible, hacer uso de trabajo social.

Para “sanar” verdaderamente el paciente debe confiar en su doctor, si esto no es así, tal vez lo mejor es dar por concluida la relación profesional

Si bien es cierto que los doctores tienen la responsabilidad de proporcionar servicios de salud a los pacientes en la medida de sus posibilidades, éstos también tienen la responsabilidad de comunicarse abiertamente para participar en forma conjunta en las decisiones acerca de las recomendaciones de diagnóstico y tratamiento, debiendo asumir el compromiso de cumplir con el programa terapéutico acordado.

Algunos médicos en Estados Unidos han decidido pedir a los pacientes firmar contratos o acuerdos en los que se comprometen a la adhesión de un régimen terapéutico para el control de una enfermedad crónica.

Sin la voluntad del enfermo para cumplir las responsabilidades hacia un objetivo común de mejorar su salud, los médicos pueden hacer muy poco para lograr un cambio significativo, lo cual de no lograrse causa frustración en ambas partes, por ello se debe evaluar la finalización de la relación profesional antes de llegar a convertirla en un acto de simulación, en donde el paciente acude a ser escuchado y el doctor sabe que no sigue el tratamiento.

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