Enfermedad de Alzheimer y su tratamiento

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Por la Dra. Lorena Cuéllar Gamboa
Especialista en Neurología Cerebro Vascular.

La enfermedad de Alzheimer (EA) es la demencia más prevalente a nivel mundial: aproximadamente 2 % de la población está afectada; en 2010 se describieron 35 millones de pacientes, y se estima que para 2050 el número de personas con demencia sea de 115 millones.

Es una enfermedad neurodegenerativa crónica, caracterizada por el deterioro de las funciones cognitivas y la presencia de cambios en el comportamiento, los pacientes pierden sus habilidades cognoscitivas y emocionales a tal punto que interfieren con sus actividades cotidianas y afectan su comportamiento social. Es una enfermedad de origen insidioso y evolución progresiva.

Es ligeramente más prevalente en el sexo femenino, esa es la razón por la que se han hecho estudios para conocer si el factor hormonal tiene alguna influencia, sin embargo hasta el momento no se ha determinado que sea así; lo anterior se podría explicar porque la población mundial femenina es mayor y la expectativa de vida de las mujeres es más larga.

La frecuencia de demencia por EA es un poco mayor en México y Latinoamérica en comparación con los países orientales donde la primera causa de demencia es vascular.

El mayor factor de riesgo es la edad, también se ha descrito la presencia de alelo E4 de la lipoproteína E, así como la presencia de familiares que hayan padecido la enfermedad.

La EA se puede clasificar en dos grupos, EA esporádica y EA familiar, la cual está asociada a mutaciones genéticas, se han identificado alteraciones en los cromosomas 21, 14 y 1; cuando existen familiares con esta demencia es recomendable realizar un cariotipo a los demás integrantes de la familia para identificar si alguien más tiene la mutación y empezar a tratarla en forma temprana.

Entre los síntomas que se presentan están deterioro de la memoria (principalmente de corto plazo), afasia, agnosia, apraxia, desorientación y alteración de la ejecución, también puede haber deterioro en la marcha, psicosis, depresión, insomnio y agresividad. En etapas avanzadas se presenta incontinencia urinaria, alucinaciones, comportamientos inadecuados, pierden completamente el reconocimiento de las personas cercanas y la capacidad de valerse por sí solos; necesitan cuidado las 24 horas.

El diagnóstico es clínico, con base a los criterios establecidos NINCDS-ADRA, DSM IV y los nuevos criterios de Dubois. Como pruebas complementarias para cualquier enfermedad neurológica se requiere realizar alguna prueba de imagen, en este caso la recomendación es una angio-resonancia de encéfalo. Las pruebas de laboratorio pueden servir para descartar alguna otra enfermedad que simula deterioro (hipotiroidismo, hipovitaminosis B y deficiencia de folatos).

Para indicar el mejor tratamiento farmacológico a cada paciente, se debe conocer la fisiopatogénia de su enfermedad para saber la reducción de acetilcolina cortical que tiene. Los medicamentos son inhibidores de la acetilcolinesterasa central, y pueden ser donepecilo, rivastigmina, memantina y galantamina, los cuales permiten un mayor tiempo de acción de la acetilcolina en la sinapsis.

Todos los fármacos tienen un mecanismo de acción parecido; al inicio, cuando el deterioro cognitivo es leve se puede comenzar con memantina; cuando la demencia ya es moderada se recomiendan parches de rivastigmina cada 24 horas.

El diagnóstico, tratamiento y seguimiento debe hacerlos un médico neurólogo. Para manejar las alteraciones conductuales el especialista indicado es el psiquiatra, quien puede prescribir antipsicóticos y antidepresivos, o ambos.

La EA en sí misma no es una enfermedad mortal, la mayoría de los pacientes que llega a etapas avanzadas fallece por las complicaciones (principalmente neumonía), también llegan a presentar infecciones en vías urinarias, sepsis y escaras por decúbito.

Las demencias afectan al paciente, las familias, la sociedad y la Salud Pública, de ahí la importancia de educar a la población para mantener hábitos saludables mediante una alimentación adecuada, balanceada y suplementada con antioxidantes como vitamina E, C y omega 3, 5, 6 y 9, así como realizar actividad física de forma regular. Aunado a esto se deben crear programas de medicina preventiva que beneficien a toda la población.

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