Antioxidantes: una alternativa para la diabetes mellitus

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Por el Dr. Rafael Guevara Corona
Especialista en Ortopedia.
Egresado de la Universidad La Salle.

El número de personas con DM ha aumentado de 108 millones en 1980 a 422 millones en 2014. La prevalencia mundial en el adulto (mayores de 18 años) ha incrementado de 4.7 % en 1980 a 8.5 % en 2014.

La diabetes mellitus (DM) es una importante causa de ceguera, insuficiencia renal, infarto de miocardio, accidente cerebro vascular y amputación de los miembros inferiores; aproximadamente la mitad de las muertes atribuibles a la hiperglucemia ocurren antes de los 70 años de edad. Por lo anterior, se han realizado varios estudios sobre la intervención del estrés oxidativo en la aparición de las complicaciones crónicas en el sujeto que la padece.

En la diabetes se produce un aumento de la producción de radicales libres del oxígeno y nitrógeno; de esto es responsable la hiperglucemia crónica de los individuos afectados, que no tienen un control metabólico óptimo, y sí disminución de las defensas antioxidantes naturales.

Los nuevos resultados de investigaciones evidencian que las especies reactivas al oxígeno (ERO) contribuyen significativamente a la progresión de la diabetes y sus complicaciones. El término estrés oxidativo se refiere a la situación en que se produce un desequilibrio entre la producción de ERO y las defensas antioxidantes, que genera especies oxidadas con un daño potencial al tejido.

Se ha sugerido que los antioxidantes ejercen influencia sobre las vías de señalización mediadas por la insulina y el consumo de glucosa. Ya que el agotamiento de antioxidantes, acompañado por una disminución en el consumo de glucosa, ha sido detectado en pacientes con DM2.

La DM está considerada dentro del grupo de los estados fisiopatológicos asociados al estrés oxidativo desde que fue reportado en estos pacientes el incremento en las concentraciones plasmáticas de productos reactivos. En este caso, un exceso de radicales libres rompe el equilibrio produciendo el llamado estrés oxidativo. Se producen durante las reacciones metabólicas, mientras las células del organismo transforman los alimentos en energía especialmente en situaciones de hiperoxia, ejercicio intenso e isquemia, y también por exposición a determinados agentes externos como las radiaciones ionizantes o luz ultravioleta, polución ambiental, humo de tabaco, etcétera.

Son muchos los procesos patológicos implicados, así como múltiples los descubrimientos llevados a cabo por diferentes grupos de investigación; los niveles altos de glucosa, característicos de la enfermedad, inducirían la glicosilación no enzimática de proteínas, la cual altera la estructura y la función de las mismas. Es sabido que la autooxidación de azúcares genera especies de radicales libres. A concentraciones altas de glucosa, la producción de radicales libres se incrementa en presencia de materiales de transición. Pero el aumento de estrés oxidativo descrito en los pacientes está además relacionado con la disminución de los antioxidantes. La vía del poliol es un posible mecanismo por el que la hiperglucemia puede alterar la función y la estructura de las células afectadas por las complicaciones diabéticas. La activación de dicha vía disminuirá el NADPH y los niveles de glutatión, aumentando de esta manera el estrés oxidativo.

Las terapias antioxidantes y dietas ricas (o enriquecidas) en antioxidantes parecen prevenir o al menos disminuir el deterioro funcional orgánico con resultados por un exceso de estrés oxidativo. La eficacia de las terapias antioxidantes dependerá de definir qué enfermedades, circunstancias y condiciones son las propicias para que estos tratamientos sean exitosos.

Si bien existen diversas formas de clasificar los antioxidantes, desde una perspectiva de origen y presencia en el organismo, es posible distinguir entre los que son normalmente biosintetizados por el organismo y aquellos que ingresan a través de la dieta. Es de relevancia con-siderar que los alimentos no constituyen un aporte efectivo de enzimas antioxidantes, ya que tras su ingesta suelen degradarse durante el proceso de digestión. Sin embargo, un mayor aporte dietario de microminerales como Cu, Zn, Mn, Fe, o Se, sí podrían suponer un incremento de la actividad de enzimas antioxidantes cuando el organismo exhibe una condición de déficit respecto a éstos.

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