Hipoacusia

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Por el Dr. Manuel Estrada Rivera,
Especialista Audiólogo y Foniatra Adscrito al Servicio
de Otorrinolaringología en el Hospital Juárez de México.
Miembro de la AMCAOF y del COMCAOF.

De los sentidos del ser humano, la audición destaca por ser aquella que está en relación directa con el desarrollo del lenguaje, e indirectamente, con el aprendizaje y el desarrollo intelectual del individuo. La carencia total o limitación para escuchar (hipoacusia), impide la adecuada comprensión de los distintos fonemas del lenguaje en su entorno social y por tanto, la comunicación del paciente con sus semejantes se torna difícil o en casos extremos imposible. Es por ello que la detección, diagnóstico y tratamiento de la hipoacusia cobran vital importancia desde el nacimiento hasta la vejez.

La hipoacusia se puede clasificar de varias formas: prelocutiva (antes del desarrollo del lenguaje) o postlocutiva (después del desarrollo del lenguaje); la etapa crítica para la adquisición del lenguaje es desde el nacimiento hasta los 3 años; con una adecuada rehabilitación se puede lograr el desarrollo del lenguaje, entendiendo que entre más pequeños existe mayor plasticidad cerebral para poder comprender y emitir los sonidos del lenguaje, desafortunadamente conforme pasa el tiempo esta habilidad va desapareciendo.

Según el sitio de lesión existen predominantemente dos tipos de hipoacusia: conductiva o sensorial. La primera corresponde a la dificultad del paso del sonido desde el conducto auditivo externo hasta las células de la cóclea responsables de la audición, como puede ser ceruminosis, otitis externa, perforaciones timpánicas, otitis media aguda y crónica, traumatismos, barotraumas, disfunción de la trompa de Eustaquio, colesteatomas, tumoraciones, malformaciones congénitas, otosclerosis. La segunda es una alteración en la cóclea o en la vía auditiva hasta integrar la información en la corteza cerebral, en este tipo tenemos infecciones, envejecimiento, traumatismos, exposición a ruido, alteraciones vasculares como hipertensión arterial, metabólicas como diabetes mellitus, hipotiroidismo, dislipidemia, inmunológicas, tumoraciones, enfermedades desmielinizantes, eventos vasculares en tallo o corteza cerebral, malformaciones congénitas, hereditarias. En general en la sordera conductiva la comprensión de las palabras mejora cuando se incrementa el volumen del sonido, mientras que en la sensorial no ocurre esta característica. Hay que considerar que existen hipoacusias con alteraciones tanto conductivas como sensoriales.

La decisión de colocar un implante coclear la realiza un equipo multidisciplinario (audiólogo, Otorrinolaringólogo, terapia de lenguaje y trabajo social).

El diagnóstico de hipoacusia se inicia con la entrevista inicial, el habitus exterior, la historia clínica y la exploración física, la cual debe incluir una otoscopía y los test de Rinee, Weber y Schwabach mediante la ayuda de un diapasón.

Existen diversos estudios para confirmar la sospecha de hipoacusia. A todo recién nacido por ley en México se le debe realizar el tamiz auditivo (detección de otoemisiones acústicas), sobre todo si él bebe cuenta con factores de riesgo para hipoacusia, hiperbilirrubinemia, ototóxicos como aminoglucósidos, APGAR 0-4 en el primer minuto y de 0-6 a los 5 minutos, ventilación mecánica por más de 5 días; la prueba arroja resultado de “pasa” o “no pasa”, si “no pasa”, se procede a realizar otros estudios de mayor complejidad técnica y diagnóstica en un gabinete audiológico como son: potenciales evocados auditivos de tallo cerebral y potenciales de estado estable, con lo que es posible hacer diferencia entre problemas conductivos y sensoriales, así como el umbral auditivo. En adultos la mejor prueba para valorar la audición es la audiometría tonal con logoaudiometría, con la adecuada cooperación del paciente, el explorador puede identificar el umbral auditivo y si está ante una hipoacusia conductiva o sensorial. En problemas conductivos se utiliza el timpanograma y reflejos acústicos estapediales para valorar oído medio. En problemas sensoriales los potenciales evocados auditivos de tallo nos ayudan a valorar la vía auditiva.

La sospecha de hipoacusia se puede detectar en primer nivel de atención. El diagnóstico específico y rehabilitación correrá a cargo de especialistas en otología (Audiología y Otorrinolaringología). El médico audiólogo es el responsable de efectuar los diversos estudios de la fisiología otológica para el diagnóstico de las enfermedades del oído; está encargado de la correcta selección, adaptación y rehabilitación de auxiliares auditivos en problemas sensoriales y seguimiento del desarrollo del lenguaje. Los problemas conductivos, deben ser referidos y valorados por el médico otorrinolaringólogo, el cual decidirá si el paciente es candidato a tratamiento quirúrgico. Mención especial merece la hipoacusia súbita, patología en la que está en riesgo la pérdida definitiva de la función auditiva, el paciente refiere pérdida de la audición de manera repentina (frecuentemente al despertar), generalmente unilateral, la cual puede ser multifactorial y debe ser atendida inmediatamente, para obtener los mejores resultados, y en los mejores casos, restaurar la función del oído.

En los niños que no avancen en el desarrollo del lenguaje con uso de auxiliares auditivos y apoyo de terapia de lenguaje, de contar con una hipoacusia profunda sensorial bilateral, serán candidatos a uso de implante coclear, teniendo en cuenta la edad y la etapa crítica del desarrollo del lenguaje.

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