Hepatitis C, grave problema de salud

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Esta enfermedad del hígado ocasionada por el virus C (VHC) puede ocasionar una infección aguda y crónica.

De acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social, el periodo de incubación de la infección puede variar entre dos semanas y seis meses.

Sus principales manifestaciones son orina oscura, pérdida de peso, fatiga, malestar generalizado, ictericia, dolor abdominal, náusea y vómito entre otros. Sin embargo, en la mayoría de los pacientes pasa desapercibida o con mínimas molestias, y clínicamente no puede diferenciarse de otros tipos de hepatitis.

Es relevante señalar que en el 85 % de los casos esta enfermedad evoluciona a una forma crónica y se sabe que 20 de cada 100 pacientes podría desarrollar cirrosis a los 20 años, y solo 4 % de los donadores de sangre y de 2 a 4 % de los niños infectados pueden desarrollar esta complicación. Vale la pena el tomar en cuenta que algunos pacientes presentaran cáncer de hígado y otros pueden manifestar síntomas extrahepáticos.

El diagnóstico de la infección del VHC se realiza en dos etapas:

a) La detección de anticuerpos anti-VHC.

b)Si los anticuerpos anti-VHC son positivos, para confirmar la infección crónica se necesita una prueba que detecta el RNA del virus. Además, se deberá realizar una prueba de laboratorio para identificar el genotipo del virus -el análisis del genotipo se hace una sola vez ya que el genotipo no cambia, sin embargo si alguien infectado con el VHC se vuelve a exponer a virus, se pueden infectar con un genotipo diferente–. En México el más frecuente es el tipo1.

En México, la Encuesta Nacional de Salud, indica que la prevalencia de la hepatitis C en población mayor de 20 años es 1.4 %, con variaciones importantes entre regiones.

La importancia de conocer el genotipo radica en que dependiendo de éste será la respuesta al tratamiento y la duración del mismo.

Por su parte, la Fundación Mexicana para la Salud Hepática, teniendo como marco el Día Mundial contra la hepatitis C, llevó a cabo la III Jornada Educativa de pacientes con esta enfermedad, haciendo un llamado a fortalecer el conocimiento y generar conciencia del cuidado y prevención de la infección, así como la importancia de realizar la detección oportuna y al acceso a tratamientos de calidad. En su participación en el evento, la doctora Ruby Ann Chirino especialista en gastroenterología y hepatóloga, habló sobre las nuevas terapias para la hepatitis C, así como los genotipos de la infección, y señaló que actualmente existen nuevas terapias seguras, eficaces y con menos efectos adversos que garantizan una mejor calidad de vida para el paciente.

Respecto a los genotipos de la enfermedad aseguró que “los diferentes genotipos de VHC generalmente actúan igual en la manera de infectar a una persona y causar enfermedad. Responden de manera diferente al tratamiento con medicamentos como interferón y ribavirina”. Y agregó que durante una década el tratamiento de la hepatitis C se basó en el tratamiento con interferón pegilado y ribavirina, con respuesta variable según el genotipo. En pacientes con genotipo 2 las tasas de éxito se alcanzan en un 65 al 75 % de los pacientes, siendo menor en pacientes con genotipo 1, aproximadamente entre un 40 al 50 %. Los nuevos medicamentos antivirales directos contra el virus de Hepatitis C son más efectivos curando hasta al 95 % de los pacientes y pueden recomendarse tratamientos distintos para personas con genotipos específicos.

La Organización Mundial de la Salud señala que existen en el mundo 71 millones de personas con infección crónica por el virus de la hepatitis C, y que de los cinco tipos de hepatitis virales existentes, los B y C son los responsables del 96 por ciento de la mortalidad mundial. Con respecto al tratamiento para el VHC indica que sofosbuvir, daclatasvir y la combinación de sofosbuvir/ledipasvir, forman parte de los tratamientos preferidos en las directrices de la OMS, y pueden lograr tasas de curación superiores al 95 por ciento.

El informe mundial de la OMS sobre hepatitis 2017 (WHO Global hepatitisr eport, 2017) revela que la gran mayoría de los afectados carecen de acceso a las pruebas de detección y tratamiento que podrían salvarles la vida. Ello significa que millones de personas corren el riesgo de que la infección evolucione lentamente hacia la insuficiencia hepática crónica, cáncer y el fallecimiento.

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