Cáncer, un problema de salud pública prioritario

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Por el Dr. Alejandro Mohar Betancur.
Subespecialista en Oncología. Investigador Titular B. Departamento de Medicina Genómica

y Toxicología Ambiental del INCan.

El cáncer es la segunda causa de muerte en todo América Latina, a excepción de México, donde ocupa el tercer lugar, lo que representa el 19 % de todas las muertes.

Debido en gran parte al crecimiento y envejecimiento de la población, el Centro Internacional de investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) estima que las cifras actuales de estos casos aumentarán en 106 por ciento para el año 2035; por esto surge la necesidad de contar con registros epidemiológicos con los que se visibilice a los pacientes, ello permitirá dimensionar el impacto de la enfermedad en la gente y conocer los recursos necesarios para controlarlo.

El presupuesto, personal, equipos y otros recursos para el control del cáncer deberán incrementarse para poder responder a las necesidades actuales y venideras.

Esta enfermedad representa un elevado costo económico, ya que se requieren recursos importantes para cubrir los gastos directos de la atención sanitaria (diagnóstico, medicamentos, hospitalización), así como los costos indirectos (pérdida de días laborales, morbilidad y mortalidad temprana).

Conforme a los cálculos aproximados de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el CIIC, en 2012 (el último año del que se dispone de datos comparables sobre la incidencia y la prevalencia internacional), poco más de 1 millón de personas desarrollaron la enfermedad en América Central y América del Sur, y fallecieron 550,000 personas, aproximadamente.

Recientemente se dieron a conocer los resultados de un estudio realizado por el equipo de salud de la Unidad de Inteligencia de “The Economist”, en el que participaron los 12 países de Latinoamérica, que en su conjunto representaron 92 % de incidencia de cáncer y 91 % de mortalidad en América Central y América del Sur en 2012. Los países incluidos fueron: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay.

El reporte se basa en la Tabla latinoamericana de calificaciones en materia de control de cáncer (LACCS, por sus siglas en inglés), que analiza las políticas y programas de control del cáncer en estos 12 países.

El desarrollo económico se ha vinculado con un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad. Un estudio europeo demostró la relación entre la urbanización y una mayor incidencia en 10 tipos de cáncer.

En los países de Latinoamérica que participaron en el estudio, más del 10 % de la población total se mudó del campo a la ciudad entre 1990 y 2015. Este cambio implica un aumento en el riesgo de cáncer de mama, próstata, colon y recto.

Otro factor importante son los cambios en las dietas y la disminución de la actividad física, lo que aumenta las cifras de sobrepeso y obesidad; en México, durante 1990 el 56 % de la población adulta presentaban alguna de estas condiciones, para 2013 la cifra aumentó a 67 % para los hombres y 71 % en las mujeres, una variabilidad del 20 y 27 % respectivamente. La obesidad está asociada a 12 tipos de cáncer.

También el cambio en los patrones de fertilidad de las mujeres, donde la tasa promedio de hijos ha bajado considerablemente, ha aumentado el riesgo de padecer cáncer de mama.

Por otra parte, el desarrollo económico genera una mayor atención sanitaria capaz de tratar de manera temprana ciertas infecciones virales o bacterianas, que de no ser atendidas podrían derivar en algún tipo de neoplasia, tales como:

• Cáncer de cuello del útero (por VPH)

• Hígado (por virus de hepatitis B y/o hepatitis C)

• Estómago (por infección por Helicobacter pylori)

Estos tipos de cáncer tienden a disminuir en países más desarrollados.

Se estima que el 17 % de los cánceres en América del Sur y México surgen a partir de alguna infección.

El cáncer de cuello del útero sigue siendo la segunda causa de mortalidad por cáncer entre las mujeres de Latinoamérica; la vacuna contra el VPH protege contra los genotipos que provocan el 70 % de esta carga. El porcentaje de la población objetivo que recibe la primera dosis de la vacuna es muy alto (> al 90 %), pero en el caso de la tercera dosis, esta cifra se reduce a alrededor del 50 al 67 %.

Controlar el cáncer es un reto para todos los países. La mejora en las medidas de prevención que se han tomado en los últimos años han sido favorables, principalmente en el control del tabaquismo y el aumento en la vacunación contra el VPH, sin embargo la respuesta al problema de la obesidad sigue siendo deficiente y el acceso a algún tipo de atención médica y seguridad social son insuficientes, lo que deriva en un mal pronóstico para los tipos de cáncer no cubiertos. Los recursos suelen asignarse a aquellos tipos de neoplasias que son más tratables.

La Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes tipo 2, que incluye la promoción sanitaria y un impuesto especial sobre las bebidas azucaradas, hace que México destaque en la subcategoría «reducción del consumo de azúcar» del campo «prevención y detección temprana» de la LACCS. A pesar de estas medidas somos el país de Latinoamérica con la mayor proporción de población obesa, y la diabetes se ha duplicado cada década desde 1960.

Los programas de mamografía gratuita no causan impacto, ya que la OMS estima que para lograr algún cambio, este tipo de programas debe cubrir por lo menos 70 % de la población objetivo, y en México es de tan solo del 22 %. Solamente cerca de un 10 % de pacientes con cáncer de mama se diagnostica en etapa 1, en los países desarrollados es entre el 40 y 50 %.

Los programas de screening contribuyen a una detección temprana, mientras que los de educación sobre el cáncer acercan a un gran número de la población a solicitar una valoración, sin embargo el impacto real de estas estrategias es bastante limitado.

Aun cuando existe la información de que el alcohol, la falta de ejercicio, la obesidad y el tabaquismo están relacionados con un mayor riesgo de padecer cáncer de mama, la mayoría de la población lo desconoce.

Un ejemplo destacable en Latinoamérica ha sido la implementación de medidas antitabaco a nivel nacional cada vez más rigurosas desde que entró en vigencia el Convenio Marco Internacional para el Control del Tabaco en 2005. Argentina es el único país que no firmó el convenio.

El Seguro Popular (SP) de México destaca como un programa exitoso. Antes de la introducción del programa en la CDMX, el 30 % de las pacientes con cáncer de mama abandonaban el tratamiento a los 12 meses; actualmente el SP cubre el tratamiento, pero tan solo beneficia al 1 % de las pacientes. La cobertura se ha extendido pero sigue siendo limitada.

En 2003 se cubría solamente el tratamiento del cáncer de cuello de útero, ahora están amparados el cáncer de mama, próstata, colorrectal, testicula y ovárico.

Sin embargo, los tipos de cáncer que tienen la 5a, 6a y 7a tasa de incidencia (pulmón, estómago e hígado) siguen sin estar incluidos, y sus costos son potencialmente catastróficos.

Las desigualdades que resultan entre la población, dependiendo de los recursos económicos con que cuentan, son fundamentales; el tiempo medio de espera entre el primer contacto con el servicio de salud y el inicio del tratamiento es de siete meses; la mayor parte de este tiempo corresponde a la confirmación del diagnóstico.

La proporción aproximada de pacientes que requieren radioterapia es del 74 % en los países estudiados, pero en el 83 % de los países la cantidad de radiólogos es insuficiente.

En Latinoamérica, cerca del 60 al 70 % de los pacientes con cáncer son diagnosticados en etapas avanzadas y sufren mucho dolor. Una gran cantidad de ellos necesitarán en algún momento cuidados paliativos. Lamentablemente, el desarrollo de esta disciplina y de las instalaciones adecuadas ha sido lento.

Hace falta más información y educación sobre el cáncer, tanto para los especialistas como para los médicos de atención primaria, sobre todo en temas como son los íntomas y signos tempranos.

El cáncer sigue teniendo el estigma de ser una sentencia de muerte para una gran parte de la población; incluso en las grandes ciudades, como la CDMX, no hay atención óptima pero sí adecuada, mientras que en las zonas rurales y suburbanas el acceso al tratamiento es altamente limitado.

Con las medidas pertinentes, dos terceras partes de las muertes por cáncer se podrían evitar, un tercio se evitaría al suprimir los factores de riesgo, y uno más con un diagnóstico y tratamiento oportuno y correcto.

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