Asma, importancia del tratamiento integral

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Por el Dr. Francisco Javier Torre Bolio
Ex Secretario de la Sociedad Mexicana de Neumología
y Cirugía de Tórax. Miembro del Consejo Nacional de Neumología
y de la Asociación Latinoamericana de Tórax (ALAT).

A nivel mundial afecta a 300 millones de personas; se prevé que en 2025 la cifra llegará a 450 millones. Aunque existe una variación regional en rangos de mortalidad, cada año se reportan cerca de 180 mil muertes atribuibles al asma.

Enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias caracterizada por inflamación y broncoconstricción. Cuando una persona con esta condición está en contacto con un desencadenante del padecimiento sus vías respiratorias pueden inflamarse, obstruirse y producir exceso de moco. Esta reacción genera estrechez e irritación de las vías respiratorias, lo que dificulta la inhalación.

El padecimiento tiene un componente genético importante, por lo que si uno o ambos padres tienen asma la posibilidad de manifestarlo es mayor. Los factores de riesgo más importantes para desarrollarla son una combinación de predisposición genética con la exposición ambiental a las sustancias y partículas inhaladas que pueden provocar reacciones alérgicas o irritar las vías respiratorias como: ácaros de polvo, caspa y pelo de animales, polen, moho, humo de tabaco, contaminación del aire, irritantes químicos, así como infecciones virales, aire frío, estrés emocional extremo (como la ira o el miedo), el ejercicio físico y hasta ciertos medicamentos.

En México se estima que hay entre 8 y 10 millones de casos, de los cuales pierden la vida anualmente cerca de 4 mil personas. La prevalencia en el país está alrededor del 7-8 por ciento y es más frecuente en niños menores de 10 años de edad y adolescentes.

Datos del territorio nacional revelan que los estados de la República que se encuentran a nivel del mar y con temperaturas altas, como Yucatán, tienen el mayor número de casos con 12.5 por ciento de prevalencia, le siguen Tabasco con 11.9; Veracruz con 8.9 y Mexicali con 7.8 por ciento. En tanto, la Ciudad de México registra 4.7, Tamaulipas 4.8 y Toluca con 2 por ciento. Es una enfermedad con una prevalencia en crecimiento, y aunque el número de pacientes comparado con otros países es relativamente bajo, la mortalidad es elevada.

Se trata de un problema que afecta a todos los países del mundo, sin embargo existe importante subdiagnóstico, además un problema frecuentemente reportado es el pobre apego al tratamiento; se estima que hasta 90 por ciento de los pacientes tienen poca adherencia terapéutica, lo que provoca que el asma sea una de los padecimientos que obliga a la hospitalización en un gran porcentaje de casos.

Los signos y síntomas característicos son sibilancias en el pecho, disnea, opresión torácica y tos, principalmente en las noches o en los momentos en que el paciente se despierta.

El diagnóstico se integra mediante la historia clínica y con la realización de una espirometría, prueba no invasiva que permite conocer la función pulmonar de una perso-
na, que ayuda a medir la cantidad de aire que pueden retener los pulmones, así como la velocidad de las inhalaciones y exhalaciones durante la respiración.

Entre más elevada sea la temperatura y humedad de la localidad, mayor será el número de personas asmáticas, por lo que en las ciudades más frías y con mayor altitud los casos son menos.

Junto con el diagnóstico se deben establecer las condiciones en las que se encuentra el paciente asmático, y de acuerdo con la guía GINA (Global Strategy for Asthma Management and Prevention) que se dedica a normar lo referente a prevención y atención, se tiene que implementar un tratamiento individualizado, tomando en cuenta si el individuo está bien controlado, parcialmente o mal controlado.

Aunque el asma no se cura, el manejo integral puede controlar la enfermedad, permitiendo que las personas disfruten de una buena calidad de vida.

El tratamiento se determina dependiendo de la gravedad de los síntomas, y el cuidado se intensifica con el objetivo de controlarlos cuando éstos se exacerban.

Los antiinflamatorios inhalados o glucocorticoides son la piedra angular del tratamiento, ya que disminuyen la inflamación de las vías respiratorias y revierten los cambios estructurales.

A pesar de las opciones terapéuticas actuales, en particular los glucocorticoides inhalados y los broncodilatadores agonistas beta-2 de acción prolongada (LABA), que debe prescribir el médico, un buen porcentaje de los pacientes todavía presentan síntomas, lo que eleva el riesgo de exacerbaciones o crisis, cuya gravedad, duración y frecuencia varía de una persona a otra.

La respuesta inadecuada puede ser el resultado de varios factores, tales como: la falta de apego, es decir, el paciente abandona el tratamiento indicado por su médico, o lo toma incompleto, sólo durante el tiempo que tiene síntomas o toma menos dosis de las indicadas por el especialista; mal uso del medicamento y comorbilidad alérgica, entre otras.

En fecha reciente se demostró que agregar tiotropio (broncodilatador anticolinérgico de acción prolongadan utilizado desde hace más de una década para atender la enfermedad pulmonar obstructiva crónica –EPOC-) al tratamiento del asma, con síntomas, ha generado una importante diferencia en la calidad de vida de los pacientes.

Varios estudios han confirmado que el uso de tiotropio en el tratamiento del asma que persiste también tiene alta eficacia, ya que ofrece al paciente beneficios importantes sobre su función pulmonar, además disminuye las exacerbaciones, lo que le permite respirar mejor durante 24 horas.

El asma en el paciente tiene un impacto físico y emocional, pues en ellos es común el insomnio, fatiga diurna, bajo rendimiento, ausentismo escolar y laboral. Es sin duda, un problema de salud pública que tiene un grado alto de subdiagnóstico así como de desconocimiento por parte de la población, por lo que es necesario crear más conciencia sobre el control de la enfermedad, lo que redundará en mayor esperanza y mejor calidad de vida del afectado y su familia.

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