Cáncer de colon, prevención, diagnóstico y tratamiento

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Por el Dr. Germán Calderillo Ruiz
Jefe de la Unidad Funcional de Tumores del Tubo Digestivo
del Instituto Nacional de Cancerología (INCan).
Miembro de la Sociedad Mexicana de Oncología A.C.

Las personas con alta vulnerabilidad para presentar cáncer de colon y recto son aquellas mayores de 60 años con dieta rica en grasas, carnes rojas o alimentos procesados.

Otros factores importantes son el sobrepeso, obesidad, la diabetes mellitus, tabaquismo, alcoholismo y una vida sedentaria. Padecimientos inflamatorios crónicos como la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerativa crónica inespefícia (CUCI) están asociados con este tipo de neoplasia. A nivel mundial, se diagnostican anualmente 1.2 millones de casos de cáncer de colon y recto, de los cuales 500 mil mueren en el transcurso de ese mismo año. Durante los últimos 20 años, se ha observado un incremento en el número de casos de este tipo de cáncer en México, el cuál se estima es de cerca de 20 por ciento más. También llama la atención que el porcentaje de pacientes con cáncer de colon y recto menores de 40 años de edad, es de 5 a 8 por ciento del total. Diferente a lo reportado en Estados Unidos y Canadá con sólo 1 por ciento.

De acuerdo con estimaciones de GLOBOCAN, en México son diagnosticados al año cerca de seis mil quinientos nuevos casos, de los cuales cuatro mil fallecen.

Esta enfermedad empieza en las glándulas del revestimiento del colon y del recto. No hay una causa única. La neoplasia surge con el crecimiento de pequeños tumores benignos conocidos como pólipos adenomatosos, que después de múltiples estímulos externos, durante años, se transforman en tumores cancerosos. Su crecimiento es semilento, no se sabe con exactitud pero pueden pasar entre seis a 12 meses para que una persona pueda presentar síntomas. Aunque puede afectar por igual a hombres y mujeres, se observa un ligero aumento en el número de personas afectadas en el grupo de varones, en una relación de 1.2 hombres por una mujer.

Entre los síntomas destacan el cambio en los hábitos de evacuaciones, sangre en las heces fecales, dolor abdominal tipo cólico, incremento en la generación de gases intestinales, fatiga, náusea, falta de apetito y pérdida de peso. Puede iniciar tanto en el intestino delgado como en el grueso, sitio donde se empieza a formar la materia fecal.

Una teoría informa que las sales biliares actúan como agentes carcinogénicas sobre las células del colon, por lo que a mayor ingesta de grasa, mayor tendrá que ser la expulsión de bilis al intestino delgado. El tumor que nace en el colon crece paulatinamente durante el tiempo, y de no identificarse y recibir tratamiento podrá emigrar a otros órganos como son hígado, pulmones y cavidad peritoneal (sitios más comunes).

Un problema en esta enfermedad es que la sintomatología fácilmente puede confundirse con otros padecimiento benignos (hemorroides, parasitosis, fisuras anales, colitis, etc.), por lo que es frecuente que pasen de seis a 12 meses sin que mejoren, lapso en el que el tumor sigue creciendo. En cualquier paciente adulto con síntomas digestivos, en especial con la presencia de sangre en las heces fecales, se deberá sospechar el diagnóstico de cáncer de colon y recto. Los exámenes que ayudan a integrar el diagnóstico son el antígeno carcinoembrionario en sangre, tomografía de abdomen-pelvis, radiografía de tórax, endoscopía digestiva baja y biopsia del tumor de colon con reporte histológico.

Cuando el tumor se detecta en forma temprana (etapas I-III), es decir, que está localizado sólo en el colon (etapa I) o ya hay presencia de células malignas en los ganglios linfáticos regionales (etapa III), la principal y primera opción de tratamiento es la cirugía (resección de parte del intestino donde éste se encuentre) para extirpar las células cancerosas. La mitad de estos pacientes con etapa II-III requerirán tratamiento adicional con quimioterapia, para incrementar las posibilidades de curación. Cerca de 30-35 por ciento de los afectados son diagnosticados con enfermedad a distancia (metástasis), catalogándose como etapa IV. En ellos, el principal régimen médico es a base de medicamentos.

La quimioterapia es la principal arma para atacar el cáncer (oxaliplatino, irinotecan, 5-fluorouracilo, capecitabina y ácido folínico). Actualmente se cuenta además con un grupo de fármacos denominados terapia blanco, que son medicamentos dirigidos a las células malignas, tales como: cetuximab, bevacizumab, panitumumab, regorafenib, aflibercept y ramucirumab, entre otros. Estos nuevos fármacos incrementan la eficacia del tratamiento oncológico en individuos estadificados en etapa IV.

Sin el uso de medicamentos para el tratamiento, es decir con todas las medidas de soporte habituales pero sin quimioterapia, el paciente llega a vivir entre seis y ocho meses, tiempo que se ve ampliamente incrementado al recibir quimioterapia más las nuevas moléculas, ya que la perspectiva de vida se prolonga hasta por 30 meses. En pacientes seleccionados, se podrá realizar cirugía del tumor del colon y de los sitios metastáticos, incrementando también la perspectiva de vida. Además, la radioterapia puede ser muy útil en algunos pacientes específicos. Existe el riego de recaídas, pero eso dependerá de la extensión de la enfermedad; si es etapa I, rara vez vuelven a presentarla, si es etapa II, tienen 20 por ciento de posibilidad de que regrese, y si es etapa III tienen 50 por ciento de posibilidad de que se presente nuevamente la neoplasiar. Entre más tiempo transcurre para la integración diagnóstica, las posibilidades de sobrevida también disminuyen. A mayor tiempo con síntomas, más riesgo existe de que avance y se disemine a otros órganos, de ahí la importancia de concientizar sobre las características propias del padecimiento para favorecer que la gente, en caso de presentarlas, acuda de manera pronta a evaluación oportuna.

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