Endometriosis, características clínicas

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Por el Dr. José Roberto Silvestri Tomassoni
Especialista en Ginecología y Obstetricia. Biólogo de la Reproducción.
Maestro en Educación con Posgrado en Cirugía Endoscópica Ginecológica.

Es importante tener presente los signos y síntomas sugerentes del padecimiento, ya que el mejor tratamiento es el que puede ofrecerse de manera oportuna e integral.

Se caracteriza por la inflamación y crecimiento benigno de tejido endometrial fuera del útero. La mayoría de las veces se encuentra en la zona pélvica, sobre el peritoneo, ovarios, trompas de Falopio, intestino o vejiga y rara vez puede hallarse en otros órganos como diafragma, pulmones y cerebro.

Esta alteración está sujeta a la influencia de las hormonas del ciclo ovárico, por lo que el tejido endometrial ectópico, igual que el intrauterino, se estimula a lo largo del ciclo, y llega al punto de presentar descamación y sangrado. Es una enfermedad por lo regular benigna y muy raramente evoluciona a cáncer. Sin embargo, se ha observado que el uno por ciento de las mujeres que han tenido endometriosis de largo plazo, acaban por desarrollar cáncer endometrial.

El problema con el tejido endometriósico, implantado de manera anormal, es que puede descamarse y sangrar mes con mes, ocasionando con esto inflamación y dolor dentro del abdomen; si este tejido está implantado en lugares que no debe ser, como el ovario o peritoneo, cuando se manifiesta el sangrado hay dolor intenso y calambres, incluso días antes de la menstruación, pero curiosamente no existe una relación entre el dolor y el grado de afectación. En muchas ocasiones las molestias se presentan en las primeras etapas y cuando ya está la invasión muy desarrollada, el dolor ya no es tan importante.

Se debe destacar que es una enfermedad hormono dependiente, por lo que obedecerá a la cantidad de hormonas que tenga la paciente, primero para que se desarrolle y después para que se perpetúe.

Es difícil encontrar factores desencadenantes o predisponentes. Se habla de una tendencia genética o bien, de problemas de neuromodulación hormonal, también que las mujeres blancas y muy delgadas están propensas a presentar endometriosis, pero la realidad es que se sabe muy poco de esta enfermedad.

Sobre la prevalencia del padecimiento resulta complejo establecerla, ya que dependiendo del grupo de mujeres que se esté analizando, puede ir desde el 10, hasta el 30-40 por ciento. Por ejemplo, en féminas con problemas de infertilidad se estima que hasta 70 por ciento la presenta (cabe precisar que no todas aquellas con infertilidad tienen endometriosis).

Las mujeres con esta afección manifestarán dismenorrea o menstruación dolorosa, dispareunia o coito doloroso, dolor pélvico crónico, invasión del tejido a algunos órganos vecinos e infertilidad (los síntomas dependen de la zona afectada).

Para lograr un diagnóstico oportuno, lo más importante es pensar que puede estar presente. Desafortunadamente, prevalece la idea errónea y generalizada de que es normal sentir dolor durante la menstruación y que el malestar se va a quitar con el tiempo o cuando se inicie la vida sexual o nazcan los hijos.

Por lo anterior, las mujeres dejan pasar muchos años, tiempo valioso en el que se pudo realizar un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado para atender la patología. De ahí que vale la pena exhortar a las pacientes que presentan dolor intenso, recurrente e incapacitante durante la menstruación a que acudan con un especialista, para que tengan una atención oportuna.

Además de realizar una exploración física, es fundamental realizar estudios complementarios como el ultrasonido transvaginal, la tomografía computada y la resonancia magnética para poder lograr un diagnóstico completo. También se puede recurrir a estudios de sangre como el antígeno CA-125 que registra niveles elevados en mujeres que la tienen.

El diagnóstico confirmatorio se logra con la realización de un estudio de mínima invasión de tipo quirúrgico denominado laparoscopia. Con esto el objetivo o es observar de manera directa la cavidad abdominopélvica, y bajo visión directa a través de una endocámara, se verificará o no la existencia de la enfermedad. Idealmednte se debe tomar este tejido, para que se confirme el diagnóstico a través de un estudio patológico.

La laparoscopia se lleva a cabo introduciendo instrumental quirúrgico especial por pequeños trócares (tubos) que se colocan en el abdomen. Éstos se pasan a través de la piel y pared abdominal por incisiones que varían entre 5 a 10 milímetros. El cirujano realiza el procedimiento con la ayuda de una pantalla de video conectada a la endocámara, con la ventaja de tener una vista ampliada del campo quirúrgico y en alta resolución.

En el proceso se inyecta gas, tipo dióxido de carbono, a la cavidad abdomina, el cual realizará una cámara de gas elevando la pared muscular, lo que desplaza los órganos hacia el dorso. De esta manera, éstos últimos no obstruyen el campo de la videocámara y se puede observar adecuadamente el interior del abdomen y la pelvis. La cirugía laparoscópica además de hacer el diagnóstico es un método terapéutico, porque en ese mismo momento se puede eliminar la endometriosis, si es lo más prudente.

La terapia de esta enfermedad no se puede generalizar, ya que depende de las necesidades de cada paciente: si se desea o no tener un embarazo, si la endometriosis es leve o profunda, si existe o no dolor, si tiene infertilidad o no; dependiendo de las respuestas a las interrogantes previas es que la afectada, en conjunto con su médico, puede decidir realizar tratamiento farmacológico o quirúrgico.

El tratamiento farmacológico usualmente es sólo paliativo, es decir, se utiliza para controlar los síntomas y signos que genera; una vez que éste es suspendido, la enfermedad puede recurrir y generar nuevamente molestias.

El procedimiento quirúrgico (que retira todo el tejido endometiósico) puede llevar a la curación de la paciente, sin embargo, no está libre de riesgos y complicaciones. Además, por las características previamente descritas (multifactor) es probable que el ambiente hormonal individual y la susceptibilidad personal se combinen de manera adversa, para producir altas tasas de recurrencia en pacientes que inicialmente habían sido tratadas exitosamente a través de tratamientos médicos o quirúrgicos.

Esta condición en la mayoría de los casos se supera durante la menopausia (enfermedad hormono-dependiente), dando como resultado la mejora en la sintomatología, al desaparecer las molestias o disminuirlas de manera muy importante.

Es resumen se trata de una enfermedad compleja de entender, en donde la génesis de la misma no es clara. Por lo tanto es muy difícil de tratar, además el porcentaje de recurrencia puede llegar hasta 40 o 50 por ciento. Por fortuna, también se están desarrollando constantemente nuevas terapias y procedimientos que prometen mejorar de manera sustancial la calidad de vida de quien la padece.

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