Fibromialgia, principales signos y síntomas

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Por el Dr. Aldo Antonio Suárez Mendoza
Especialista en Psiquiatría.

La fibromialgia (FM) es una enfermedad que se caracteriza por la presencia de dolor musculoesquelético e hipersensibilidad en diversos sitios anatómicos específicos, conocidos como puntos dolorosos (tender points, en inglés), sin que haya alteraciones demostrables en articulaciones o músculos. Constituye una condición multifactorial en la que existe un proceso anormal del dolor, ya que éste es percibido de forma diferente por el cerebro. Es considerada como una condición crónica e idiopática.

La molestia se caracteriza por ser difusa, es capaz de llegar a provocar inmovilidad y, de manera muy especial, cansancio extremo.

Se presenta con una duración mayor de tres meses en los cuales no se siente alivio ni mejoría con el reposo, ejercicio o masajes.

Los 18 puntos dolorosos están distribuidos anatómicamente de la siguiente manera:

  • 1,2- Occipucio: bilateral, en los puntos de inserción de los músculos suboccipitales.
  • 3,4- Cervical inferior: bilateral, en los aspectos anteriores de los espacios intertransversales entre las vertebras.
  • 5,6- Trapecios: bilateral, en el punto medio del borde superior.
  • 7,8- Supraespinosos: bilateral, en los puntos de origen, supraescapular cerca del borde medio.
  • 9,10- Segunda costilla: bilateral, en las segundas articulaciones costocondrales, un poco lateral a las articulaciones en las superficies superiores.
  • 11,12- Epicóndilo lateral: bilateral, 2 cm distal a los epicóndilos.
  • 13, 14- Glúteo: bilateral, en los cuadrantes superiores externos.
  • 15,16- Trocanter mayor: bilateral, posterior a la protuberancia trocantérica.
  • 17,18- Rodilla: bilateral, en la almohadilla medial de grasa cerca de la línea de la articulación.

Ante la falta de estudios
protocolarios determinantes, en muchos casos la integración clínica dicta las bases del diagnóstico.

La etiología de la FM aún es desconocida. Las teorías más aceptadas en la actualidad la consideran como una disregulación en los centros encargados de controlar el dolor a nivel de sistema nervioso central, lo que se ha conocido como un síndrome de hipersensibilidad central, que explica muchas de las otras manifestaciones corporales. Igualmente, se ha implicado una tendencia hereditaria, toda vez que se ha encontrado que los pacientes con familiares que la padecen tienen un riesgo 8.5 veces mayor de presentarla en comparación con la población en general.

La prevalencia también es mayor en quienes tienen antecedentes de traumatismo, accidentes, infecciones, cirugías y estrés postraumático, así como trastornos en el estado de ánimo o de ansiedad, entre otros.

No se cuenta con estadísticas para México. Sin embargo, la prevalencia a nivel mundial es de aproximadamente 1 % de la población, con una proporción mayor en el sexo femenino  (relación 2:1). Se presenta principalmente en personas adultas entre la cuarta y quinta década.

Los síntomas comúnmente asociados con FM son: fatiga, sueño no reparador, cefalea, ansiedad, parestesias, mareo, colon irritable, fenómeno de Raynaud, disautonomía, alteraciones neuroendocrinas, variaciones ginecológicas, trastornos conductuales y del sistema nervioso autónomo.

Cuando se presenta de forma aislada de una enfermedad reumática se conoce como fibromialgia primaria. Los casos en los que coexiste algún padecimiento como artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, espondilitis anquilosante, síndrome de Sjögren, entre otras, se denomina fibromialgia secundaria.

El diagnóstico y tratamiento debe ser dado por un médico familiarizado con la enfermedad, ya sea internista, reumatólogo o psiquiatra.

En la actualidad no existe una prueba diagnóstica específica, a pesar de que se habla de alteraciones neurofisiológicas y metabólicas, por lo que la integración del padecimiento se basa en la clínica. Se deben realizar exámenes complementarios de laboratorio y gabinete para descartar la presencia de otras enfermedades reumatológicas, como artritis o artrosis o afecciones de tipo mecánico, como alguna alteración ortopédica.

En la exploración física se toma en cuenta la presencia de hipersensibilidad en al menos 11 de los 18 puntos. Es importante registrar el dolor y utilizar la misma herramienta en las consultas subsecuentes para medir la intensidad del mismo y, por lo tanto, poder evaluar el beneficio que está ofreciendo la terapia.

El tratamiento debe ser individualizado, integral y con la participación de un equipo transdisciplinario, en el que se emplean estrategias farmacológicas y no farmacológicas.

Los medicamentos que se utilizan son: analgésicos, antiinflamatorios no esteroides, antidepresivos, inhibidores de la recaptación de serotonina (fluoxetina, sertralina), o bien de serotonina y noradrenalina (duloxetina), opiáceos y anticonvulsivos (pregabalina). También se ha demostrado eficacia en el uso de suplementos alimenticios como la coenzima Q10 reducida.

En cuanto a los tratamientos no farmacológicos, lo más reciente es la estimulación magnética transcraneal con ondas de baja frecuencia (EMBF), la cual ha demostrado una respuesta favorable en cerca del 80 % de los pacientes que son candidatos a utilizarla, principalmente en la disminución del dolor. Consta de un casco con 30 microbobinas que, a través de ondas magnéticas, “armonizan” el funcionamiento de los centros de transmisión del dolor en el sistema nervioso central. Se requiere de ocho aplicaciones de 25 minutos, una vez por semana, y es administrado dentro de una jaula de Faraday específicamente diseñada. Se considera un tratamiento indoloro y que no causa efectos secundarios.

Otro aspecto importante que debe considerarse es la manera en que altera todos los ámbitos de la vida de quien la manifiesta pero también de su familia. En este sentido, la terapia cognitiva conductual (TCC) ha demostrado efectos benéficos, al igual que la psico-educación del paciente, que ayudan a que éste aprenda a identificar los factores desencadenantes de las crisis, o bien de empeoramiento (como el frío, humedad, sedentarismo, o hiperactividad física, estrés y alteraciones del sueño).

Se ha observado que es de utilidad mantener una higiene del sueño, una dieta restringida en lácteos y alimentos que producen inflamación, así como realizar ejercicios ligeros y de estiramiento, al igual que mantener un programa de relajación.

También se debe estar consciente de las repercusiones económicas y sociales que la patología genera, tratando de buscar las estrategias que favorezcan el mantenimiento en calidad y funcionalidad del individuo.

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