La cara y su anestesia locorregional

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Factores como las nuevas moléculas de anestésicos locales con menor toxicidad, la necesidad de anestesiar de manera eficiente ante procedimientos ambulatorios, entre otros, remarcan la importancia de ampliar el panorama sobre el tema.

Toda la inervación sensitiva de la cara depende del nervio trigémino y del plexo cervical superficial. El origen intracraneal del trigémino es el ganglio de Gasser, que emite tres troncos nerviosos sensitivos, a los que se añade un ramo motor que se une al ramo inferior mandibular. De este modo, en sentido descendente se encuentran: el nervio oftálmico, el maxilar, y el mandibular, con su ramo motor. Cada uno determina un territorio sensitivo correspondiente. La importante vascularización de la cara, así como la reabsorción rápida en las mucosas, expone al riesgo de alcanzar las concentraciones plasmáticas tóxicas en poco tiempo. El uso de un adyuvante asociado a volúmenes pequeños y a concentraciones bajas disminuye en gran medida este riesgo tóxico.

Desde hace varios años la neuroestimulación se ha convertido en un procedimiento indispensable en la realización de los bloqueos nerviosos periféricos. En los de la cara también puede usarse esta técnica. Salvo para aquellos que son auténticamente superficiales y fáciles de identificar, este procedimiento de localización permite mejorar la tasa de éxito y disminuir las complicaciones.

De forma general, pueden distinguirse dos tipos de bloqueos, los superficiales y profundos. Los superficiales, cuyo acceso es bastante fácil, presentan una tasa de éxito alta y un número de complicaciones muy bajo. Los profundos (maxilar y mandibular), cuyo procedimiento puede ser más complejo, no están desprovistos de riesgos y su índice de fracaso es elevado. En estos es donde la neuroestimulación motora y sensitiva tiene toda su utilidad, ya que realizados en el origen del nervio, procuran una extensión máxima en el territorio del nervio implicado.

Las principales indicaciones de los bloqueos de la cara son la cirugía reparadora y estética o la oncológica. En la cirugía maxilofacial, sobre todo en intervenciones mayores, se emplean en especial para la analgesia posoperatoria. En algunos pacientes son el procedimiento de elección (ancianos -en especial en el contexto de la cirugía oncológica facial-, pero también en aquellos con insuficiencia respiratoria, cardíaca o renal), al igual que en cirugía ambulatoria, ya que permiten realizar los procedimientos con total seguridad mediante una analgesia residual significativa que facilita el alta domiciliaria de los pacientes con un buen grado de comodidad.

Los bloqueos de la cara representan también, en el contexto urgente, una alternativa a la anestesia general. La principal utilidad de estos bloqueos es la calidad de la analgesia intra y sobre todo posoperatoria que proporcionan. Por extensión, algunos equipos utilizan técnicas de analgesia continua por catéter. Las complicaciones son infrecuentes; las más habituales se relacionan con una sobredosis por reabsorción rápida de los anestésicos locales.

Por último, el acceso a estas técnicas de bloqueos de la cara requiere de forma obligatoria la adquisición de conocimientos anatómicos profundos y bien fundados, que junto con la experiencia del médico, permiten disminuir la posibilidad de complicaciones y en casos donde éstas se presenten, la actuación correcta, ya que sin duda este tipo de procedimientos locorregionales tienen una excelente relación riesgo-beneficio.

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