Hepatitis en México y el Mundo

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Por el Dr. Enrique Wolpert Barraza
Especialista en Medicina Interna y Gastroenterología
por el INCMN “Salvador Zubirán”.

Presidente del Comité Científico de la FundHepa.

Según la OMS alrededor de 400 millones de personas tienen hepatitis viral. La enfermedad origina cerca de un millón de fallecimientos por año, conviertiéndola en una de las principales causas de muerte en el mundo.

Los virus de la hepatitis son los principales responsables de causarla, aunque también puede tener su origen en sustancias tóxicas o enfermedades autoinmunes. Existen cinco virus reconocidos, se trata de las variantes A, B, C, D y E. Se sabe que sólo las B y C evolucionan a hepatitis crónica y pueden generar fibrosis hepática, cirrosis, insuficiencia hepática y cáncer primario de hígado si no se tratan de forma oportuna.

En conjunto, las hepatitis B y C son responsables de casi 80 % de todas las muertes por cáncer de hígado, sin embargo la mayoría de las personas que viven con la infección ignoran su situación, de hecho, el número de infectados por VHB y C es mayor al número de pacientes con infección por VIH/Sida, tuberculosis y paludismo, y aquellos que cada año mueren por este padecimiento es similar a la suma de estas tres patologías infecciosas.

Respecto a la hepatitis A se cree que cada año hay un millón 400 mil nuevos casos (la mayoría en la población infantil), y aunque es autolimitada y no evoluciona al tipo crónico, de manera excepcional se presenta como hepatitis fulminante. Esta infección es prevenible mediante la vacunación.

La vacunación así como las medidas preventivas de contagio son estrategias útiles que evitan que el número de casos continúe en ascenso.

La hepatitis E es una infección enteral habitualmente leve y autorrestringida. Hasta la fecha se desconoce la prevalencia de anticuerpos contra el VHE en la población adulta, pero se estima que puede ser hasta de 20 %. Tiene importancia en las mujeres embarazadas, ya que en algunas la enfermedad puede ser grave.

El VHB es una de las formas más graves. Se calcula que cerca de dos mil millones de personas en algún momento de su vida han sido infectadas, y que 350 millones de enfermos tienen hepatitis crónica, de los cuales mueren entre 500 mil y 700 mil cada año. Las formas de contagio son transmisión sexual, por compartir jeringas y agujas contaminadas, durante el nacimiento, al compartir instrumentos de corte como navajas, rastrillos y cortaúñas, o bien por usar el mismo cepillo de dientes; se puede transmitir también si un enfermo usa cocaína y comparte sus instrumentos para inhalarla, además se puede contraer al realizarse tatuajes o piercings sin las condiciones adecuadas de asepsia. El diagnóstico se hace mediante exámenes de laboratorio que identifican los diversos componentes del virus de la hepatitis B, tanto de su porción superficial como central, al igual que la carga viral, esto es, el ADN viral circulante (HBV-DNA por PCR). El tratamiento se implementa sólo en los casos de hepatitis crónica, y está basado en antivirales que evitan la progresión del daño hepático y disminuyen o eliminan la carga viral. La mejor forma de prevenir la hepatitis B es la vacunación.

En el humano, el virus D (o delta) sólo produce hepatitis en presencia del virus B, ya sea como coinfección cuando coinciden desde el inicio, en cuyo caso el pronóstico es igual al de la monoinfección con virus B, o sobreinfección cuando el paciente tiene hepatitis B y se agrega el tipo D (el pronóstico es más grave). La vacuna contra el virus B ofrece por lo tanto protección simultánea para el virus D.

Sin duda, la hepatitis C es un serio problema de salud pública en México y el resto del mundo. En el país hay 1.6 millones de personas afectadas, la incidencia es de 19 mil 300 casos nuevos cada año, incluso se estima que existen entre 130 y 150 millones de pacientes a nivel global con VHC crónica. El daño que produce resulta devastador y catastrófico porque es una patología silenciosa (los síntomas se manifiestan 20 años después del contagio). Los factores de riesgo son transfusiones realizadas antes de 1995, uso de drogas endovenosas, perforaciones, tatuajes, procedimientos dentales, podología y el manicure. Recientemente se celebró, en Barcelona, el International Liver Congress 2016 (ILC), que reunió a 9 mil 500 especialistas en hepatología. En el encuentro se puso especial interés en el VHC, ya que al no manifestar síntomas tempranos hasta 75 por ciento de los pacientes desconocen estar enfermos, por lo que Servicios de Salud en el mundo se han dado a la tarea de desarrollar estrategias que les permitan buscar a las personas con factores de riesgo, diagnosticarlos y tratarlos utilizando los nuevos antivirales directos, libres de interferón que permiten tasas de curación (Respuesta Viral Sostenida) en más del 90 % de los casos.

Entre los medicamentos libres de interferón que ya han sido aprobados por las distintas agencias reguladoras en EE.UU. y en países de Europa se cuenta con inhibidores de proteasa, de NS5a y NS5b, tales como simeprevir, sofosbuvir, daclatasvir, ledipasvir, ombitasvir, paritaprevir, dasabuvir y varios otros compuestos que próximamente estarán también disponibles para que el médico pueda seleccionar el medicamento o la combinación de fármacos que mejor le funcionen al paciente. Los antivirales directos de segunda generación son de administración oral, con pocos efectos colaterales y altas tasas de curación.

En el Congreso Internacional quedó claro que los estudios de investigación continuarán hasta lograr el medicamento ideal que logre la curación en todos los enfermos y que mejore al mismo tiempo las manifestaciones extra hepáticas de la hepatitis C. Los nuevos antivirales tendrán que ser pangenotípicos (que sirvan para todos los genotipos conocidos del virus C), libres de interferón, administrados por vía oral, con una duración entre 8 y 12 semanas, que puedan utilizarse en pacientes que incluso presenten cirrosis avanzada o en enfermos coinfectados (por ejemplo con VIH o VHB), que tengan pocos o nulos efectos colaterales, que no generen resistencia, los llamados polimorfismos (RAVS por sus siglas en inglés), y sin interacciones medicamentosas.

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