Psoriasis y obesidad

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Por la Dra. Lorena Estrada Aguilar
Subespecialidad en Oncología Cutánea por la
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM);
Profesor de Pregrado y Posgrado de la UNAM.

Aunque a ciencia cierta no se sabe cuál es la relación entre la psoriasis y la obesidad, sí es evidente que muchos pacientes con psoriasis son obesos, esto, debido a que el mismo padecimiento conlleva a un proceso que se llama inflamación sistémica que favorece la obesidad.

Dependiendo de la referencia que se consulte, se calcula que entre 30 y 50 % de los casos con psoriasis son obesos. En la que es catalogada de moderada a severa, la proporción puede llegar a ser de hasta 60 %. Así, efectivamente, la obesidad se ubica como una de las principales comorbilidades de esta enfermedad, con el riesgo que este factor implica para el desarrollo de aterosclerosis y, consecuentemente, trastornos como infarto al miocardio o accidente vascular cerebral.

Por eso es importante que los pacientes con ambas patologías se apeguen a la terapia farmacológica prescrita, para el mejor control de la inflamación sistémica interna que están padeciendo. Si esto se logra el pronóstico a largo plazo es mucho mejor, tomando en cuenta que el individuo con psoriasis tiene el riesgo de vivir cuatro o cinco años menos que alguien que no la padece.

Como se sabe, hay diversos tipos y severidades de psoriasis. Si se trata de una “muy leve”, que solamente afecta codos, rodillas o espalda y piel cabelluda, posiblemente se controle con modificación en estilo de vida y aplicación de cremas emolientes, pero si se trata de una “muy severa”, que afecta un alto porcentaje de superficie corporal, seguramente se va a necesitar apoyo farmacológico.

Existe la posibilidad de que, en la medida que vaya mejorando la psoriasis, el paciente consuma cada vez menos medicamentos. Incluso se puede prescindir de ellos si el individuo tiene muy buen control de su obesidad y la psoriasis es leve. También es posible que, en casos de moderada a severa, el apoyo mediante terapia farmacológica deba ser permanente, a fin de contar con la posibilidad de un mayor control del padecimiento y las consecuentes mejoras en la calidad de vida.

Lo que hacen la mayoría de los dermatólogos, con base en la bibliografía o en guías de práctica médica, es empezar el tratamiento de este tipo de pacientes con sistémicos convencionales. Es decir, cuando acude con una psoriasis catalogada como leve, la terapia sería tópica, local o con cremas. En casos de psoriasis moderada a severa y, si es candidato, se le dará un sistémico convencional. Cuando por algún motivo no se le puede dar el sistémico convencional (o ya se hizo y no funcionó; ya se le dio durante mucho tiempo o ya perdió efectividad) se prescribe un medicamento biológico (estos inciden poco en el peso).

La ventaja de los tratamientos biológicos es que tienen una diana terapéutica muy específica. Son medicamentos diseñados por ingeniería genética para actuar directamente en una molécula (no actúan en varios sitios al mismo tiempo). Lo anterior hace que el control de la enfermedad sea más fino y acucioso.

Para el manejo de la psoriasis y la obesidad, se debe pensar en un tratamiento multidisciplinario (nutriólogo, médico internista, entre otros) ya que un punto fundamental es fomentar, además de la adherencia farmacológica implementada de acuerdo con las características individuales de cada caso, el cumplimiento de hábitos alimenticios sanos, la realización de un programa de ejercicios y apoyo psicológico. Además, estos pacientes frecuentemente presentan síndrome metabólico, diabetes, colesterol, triglicéridos, que requieren ser tratados de manera específica, para que en conjuno se ofrezca el máximo beneficio en la calidad de vida.

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