Diarrea y deshidratación en infantes

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Por el Dr. Raúl Fernando Olaeta Elizalde
Especialista en Gastroenterología y Endoscopía.

En menores de 5 años la morbilidad asociada a estas condiciones son causa de aproximadamente 20 % de las consultas y 10 % de los internamientos.

En México, la diarrea es considerada un problema de salud pública. Durante el primer año de vida ocupa una de las primeras causas de enfermedad, sin embargo conforme el niño crece la incidencia disminuye. Actualmente el tener fácil acceso al suero vida oral, ha hecho que las complicaciones por diarrea ya no representen los principales casos de defunción en infantes.

La diarrea como “síntoma” puede ser definida como el aumento súbito en el número de las evacuaciones, acompañadas de una reducción de su consistencia, así como de un incremento en su contenido líquido, y a veces, con la presencia de constituyentes anormales en las heces, como sangre, moco o pus. Como “signo”, se le puede conceptualizar como el aumento de peso de las evacuaciones (por lo general en una cantidad mayor de 30 g/kg de peso y por día), así como del incremento significativo del agua fecal que generalmente representa del 70 al 90 % del contenido total de agua. Prácticamente es el resultado de una disfunción entre la secreción, absorción de agua y nutrientes del tubo digestivo.

En la práctica se ha encontrado como lo más útil, la clasificación basada en la duración de la diarrea, y tenemos:

• Diarrea aguda: aquella que dura menos de 30 días, 14 en el adulto y menos de 14 días en el niño. Se define como una enfermedad diarreica que consiste en la evacuación de heces acuosas no formadas, tres o más en el día.

• Diarrea crónica: aquella que dura más de 30 días en el adulto, y más de 14 días en el niño; hay una variedad en los infantes, que se denomina “diarrea persistente”, cuando en el tiempo va de 15 a 30 días, pues en algunos casos no puede llamarse crónica necesariamente. Si esa “diarrea persistente” se presenta con remisiones y exacerbaciones, se ha juzgado conveniente denominarla “diarrea crónica intermitente”; y si no desaparece y prosigue en forma ininterrumpida, se le conoce como “diarrea crónica continua”.

La diarrea aguda infecciosa es causada por agentes virales y bacterianos siendo más frecuente en países en desarrollo. La primera causa de muerte por diarrea es la deshidratación, complicación más común, y la cual sucede por la pérdida de líquido y electrólitos en las heces.

Los dos gérmenes más comunes causantes de diarrea infecciosa, en países en desarrollo (incluido México), son los rotavirus y la Escherichia coli; recientemente el norovirus ha hecho su aparición también como causa. Los parásitos son menos frecuentes. Lo más común es que se adquieran por la vía fecal-oral.

Los bebés que tienen lactancia materna exclusiva, pueden presentar diarrea si la madre consume altas cantidades de lácteos, en los primeros meses de vida, ya que puede existir alergia a las proteínas de la leche o intolerancia a la lactosa.

Aunque puede durar hasta 14 días, cualquier menor de 6 meses que la presente debe tener una evaluación clínica completa de inmediato. También es importante revisar al paciente en cuanto hayan datos de alarma como fiebre >39°, pacientes con enfermedades agregadas, desnutrición, diarrea acompañada de moco y sangre, vómito, presencia de datos de deshidratación como: decaimiento, fontanela deprimida, signo del pliegue cutáneo, hundimiento ocular, irritabilidad, llanto sin lágrimas, mucosas secas principalmente las de la boca; en grados más elevados de deshidratación se presenta aumento de la frecuencia cardiaca, oliguria, alteraciones de conciencia, convulsiones e hiperreflexia. Todos estos datos constituyen una emergencia médica.

La deshidratación es una disminución del agua corporal y electrólitos, en la que el equilibrio ácido-base del organismo sufre una alteración. Se produce por la disminución del aporte de líquidos y el aumento de la pérdida. Puede generar un compromiso de las funciones vitales del organismo. Se clasifica en tipos; los cuales dependen de los valores séricos de sodio que se hayan perdido (hipotónica -Na < 130 mEq/l-; isotónica -Na 130-150 mEq/l-; Hipertónica -Na > 150 mEq/l-) y “grados”, dependiendo del porcentaje de agua corporal que se ha perdido (leve -en lactantes <5 %, niños mayores <3 %; moderado -en lactantes 5 a 10 %, niños mayores 3 a 7 %; o grave -en lactantes >10 %, niños mayores > 7%-). La deshidratación más frecuente es la isotónica, en la que la pérdida de agua es similar a la de solutos.

El diagnóstico de la diarrea es básicamente clínico, para conocer si la etiología es viral, bacteriana o parasitaria se requiere un estudio de las evacuaciones.

De primera instancia no está indicado utilizar antimicrobianos o antibióticos, ya que la mayoría de los casos son virales y se autolimitan a los pocos días. El uso de antidiarreicos está autorizado siempre y cuando no haya datos de alarma. Un medicamento que ha demostrado gran efectividad es la diosmectita y su uso está autorizado desde el primer mes de vida.

Se ha demostrado que la diosmectita posee diversas cualidades farmacológicas que sin duda son relevantes para el campo de la fisiopatología de la diarrea acuosa aguda, entre las que destacan: propiedades adsorbentes, de recubrimiento, efecto en la permeabilidad intestinal y protector contra la inflamación intestinal.

La diosmectita no se absorbe ni se metaboliza; el efecto adverso que puede presentarse es estreñimiento, pero no grave. Está contraindicada en casos donde la diarrea está acompañada de fiebre elevada y disentería (moco, pus y sangre). La loperamida está contraindicada en niños ya que puede producir parálisis intestinal y afectar el SNC.

Actualmente se están investigando los beneficios de los probióticos. Hasta ahora el más estudiado y que ha demostrado efectividad es el Lactobacillus GG (LGG), el cual bloquea la entrada de bacterias agresoras a las paredes del intestino, la fortalece y activa el sistema inmunológico, por lo que se ha comprobado que puede ser benéfico para detener la diarrea. En caso de estar utilizando antibióticos, el probiótico no se debe ingerir de manera simultánea, lo ideal es distanciar el consumo por 2 o 3 horas. Está recomendado ingerir probióticos después del evento diarreico por un lapso de 30 días para restaurar la microbiota.

La deshidratación se debe controlar desde el momento que se presenta la diarrea, siempre que sea posible es preferible rehidratar por la vía oral, ya que es una forma natural, eficaz, segura, económica y que puede realizarse desde casa. Es importante utilizar soluciones hiponatrémicas y no utilizar las bebidas reconstituyentes que se recomiendan para el calor o los deportistas, ya que éstas pueden agravar la deshidratación, provocando diarrea osmótica. La solución debe contener <60mMol/L de sodio, glucosa entre 74-11 g/L y una osmolaridad similar a la del plasma. El suero vida oral es lo más adecuado. La rehidratación depende de la condición clínica y la respuesta de cada paciente, así como el grado de deshidratación que presente.

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