Rosácea, más allá de la piel

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Por el Dr. Antonio de Jesús de León Cruz

La alteración en la calidad de vida de quien la padece puede no corresponder con la severidad de la enfermedad, recordándonos que cada paciente vive su padecimiento de manera única, lo que nos debe incitar a utilizar todas las herramientas disponibles para un tratamiento integral.

La estructura de la piel es muy variable de una zona a otra, con cambios en el grosor y especialización de sus componentes (es decir, pelos, uñas, glándulas sudoríparas y sebáceas), lo que además de permitir funciones específicas, la hace susceptible a presentar manifestaciones patológicas en cada zona, siendo frecuentemente dañada por factores como la radiación, luz solar, toxinas, irritantes, alérgenos y microorganismos infecciosos. Un punto fundamental, es que además de las numerosas funciones que ésta cumple, las alteraciones que puede presentar afectan de manera contundente el bienestar psicológico de quien las padece, tal es el caso de las manifestaciones características de la rosácea, en la cual, si bien éstas no ponen en riesgo la vida, si impactan de manera significativa su calidad (estigmatización, ansiedad, depresión, entre otros).

La rosácea es una dermatosis crónica inflamatoria cuya localización principal es la cara, y se caracteriza por la presencia de pápulas y pústulas sobre una base de eritema y telangiectasias, con periodos intermitentes de exacerbación y remisión. Algunas características secundarias que pueden aparecer incluyen ardor y prurito, así como descamación y edema facial. Muchos estudios han encontrado predominio entre individuos de piel clara (fototipos de Fitzpatrick I y II). Es más común, por tanto, en personas con tez blanca, pero puede afectar a cualquier color de piel. Es más frecuente en mujeres (relación 3/1).

Hay acuerdo en que se desarrolla, sobre todo, después de los 30 años, con un pico de predominio alrededor de los 50 años que es, por lo general, la edad de la menopausia en mujeres. Diversos trabajos muestran una incidencia sumamente variable, en los límites de menos del 1 % a más del 20 % de la población adulta; en realidad, los métodos usados y las poblaciones estudiadas varían enormemente de un estudio a otro, por lo que se hacen difíciles las comparaciones.

En cuanto a su patología no se conoce completamente, pero se cree que están implicados componentes vasculares, inflamatorios y nerviosos (respuesta inmune, cambios de flujo sanguíneo cutáneo, respuesta vascular alterada). Existen datos que sugieren una predisposición genética, ya que hasta un tercio de los pacientes tienen historia familiar positiva. Con frecuencia se identifican desencadenantes o potenciadores del padecimiento, como es la luz solar, el sol, frío, viento, alimentos picantes o calientes, ejercicio intenso, alcohol y estrés.

Afecta fundamentalmente a la zona centrofacial: nariz, mejillas, mentón y frente. Basándose en el tipo de lesión predominante el National Rosacea Society Expert Committee propuso en el año 2002 una clasificación clínica, que incluye 4 subtipos y que, junto con los avances en la fisiopatología, contribuye a un mejor abordaje terapéutico: eritemato-telangiectásica, pápulo-pustulosa (clásica), fimatosa y ocular.

La alteración en la calidad de vida (especialmente en las mujeres y de edades más jóvenes, independientemente del subtipo de la enfermedad) se sitúa al nivel de las úlceras de las piernas, el vitíligo o la dermatitis alérgica de contacto profesional.

Frecuentemente se cataloga a estos enfermos como alcohólicos o con poca higiene, y ello supone un estigma social y emocional para ellos.

Por otro lado, se ha podido observar mayor nivel de depresión y, como en otras enfermedades cutáneas localizadas en zonas visibles como la cara, el estrés emocional percibido por los pacientes es mayor. También se han descrito trastornos de ansiedad y fobias sociales. La enfermedad supone una carga económica importante, ya que es constante que prueben numerosos cosméticos con un precio muy variable, sin lograr alivio en los síntomas, o que empleen terapias alternativas de poca eficacia y alto costo, sin hablar del precio de los dispositivos médicos que continuamente no son cubiertos por el sistema nacional de salud.

Existen varias opciones terapéuticas que han demostrado elevada eficacia para el control de las manifestaciones (electrocauterización, rinofima, entre otras), cada una depende de las características del paciente, pero es fundamental nunca dejar de lado la afección psicológica que puede presentarse.

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